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Manuel Hernández Villeta

politica

Un trabajo histórico de Tad Szulc sobre la revolución dominicana de 1965

 

Desfile en la Calle El Conde, de Santo Domingo, recordando a la revolcuión de abril del 1965

 

Cuando los infantes de marina desembarcaron en Santo Domingo

Tad Szulc

 

Artículo publicado en The Saturday Evening Post, el 31 de julio de 1965, pp. 36-46. Szulc pertenece a la redacción del New York Times, y es autor, entre otros libros, de Winds of Revolution y Twilight of Tyrants. El copete de este extenso artículo decía textualmente: "CUANDO LOS INFANTES DE MARINA DESEMBARCARON EN SANTO DOMINGO el prestigio norteamericano se fue con ellos y casi nadie afirma que resultó realzado. ¿Fue necesario ese viaje? He aquí el informe de un testigo presencial que plantea inquietantes interrogantes."

 

 

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Esta primavera los Estados Unidos se comprometieron en una de las operaciones diplomáticas y militares más apasionantes, fantásticas y controvertidas de la historia reciente, destacada por el desembarco de tropas en número de 22.000 soldados en la República Dominicana para proteger vidas norteamericanas e impedir lo que la administración Johnson temía se tratara de "otra Cuba" en el Caribe.

A fines de junio, después de que los Estados Unidos hubieron dado varias veces marcha atrás y adelante, oscilando entre contradictorias políticas, una comisión de la Organización de Estados Americanos -OEA- fuertemente influenciada por su miembro norteamericano de cabeza blanca en canas y perturbador diplomático profesional, Ellsworth Bunker- elaboró finalmente las propuestas de compromiso concebidas para satisfacer a ambos bandos de la guerra civil. Pero al recordar el derramamiento de sangre en masa y la violenta confusión de esa salvaje primavera dominicana, se le hace a uno difícil no preguntarse por qué esas mismas ideas no pudieron ser adelantadas al principio de la crisis o poco tiempo después.

La historia de la intervención dominicana podría haber sido meramente una comedia de errores e incoherencias, una mezcla de Hamlet y de los Hermanos Marx, si no hubiese sido por los millares de dominicanos muertos y heridos en el transcurso de la guerra civil de ocho semanas y la profunda implicación del prestigio norteamericano.

El costo directo en lo que concierne a los Estados Unidos fue de aproximadamente 25 vidas perdidas de infantes de marina y paracaidistas, más de 100 bajas y muchos centenares de millones de dólares. Es imposible estimar el costo de Norteamérica en materia de confianza perdida entre los pueblos de todo el mundo, que consideraron el episodio -equivocada o acertadamente- como un movimiento militar imperialista hecho por los Estados Unidos. La crisis dominicana creó marcadas divisiones dentro de la Administración en Washington. Merece detenido escrutinio la forma en que el Gobierno manejó esa crisis -con aparente confusión en la embajada local, en el Departamento de Estado y en la Agencia Central de Inteligencia (CIA)-, por cuanto las embajadas norteamericanas son en todas partes muy semejantes y pueden surgir problemas similares en cualquier parte y en cualquier momento. La experiencia dominicana no pertenece al género de las que es beneficioso tener más de una vez.

Buena parte de la razón -si no toda- de esta dilatada tortura de la antigua ciudad de Santo Domingo y sus 460.000 habitantes, parece residir en la naturaleza del informe inicial sobre la crisis dominicana presentado a la Administración en Washington por la Embajada de los Estados Unidos en la capital dominicana. Esta información frecuentemente sobreexcitada, exagerada y partidaria, llegó lejos en la influencia ejercida sobre la adopción de una decisión en el Departamento de Estado y la Casa Blanca, convirtiéndose así en la causa primaria de la mayoría de los acontecimientos subsiguientes. Más tarde, las recomendaciones de la embajada desempeñaron un papel en el efectivo socavamiento de los esfuerzos pacificadores de los enviados especiales de la Casa Blanca al escenario de los hechos.

Por esta razón, muchísima parte de lo que sucedió en la República Dominicana constituye esencialmente la historia de la Embajada Norteamericana en Santo Domingo, las personas que la componen y sus "invitados especiales" de Washington. Es el relato de una embajada que primero fue sorprendida por los acontecimientos y después pareció sentir pánico ante ellos y de diplomáticos, en otros aspectos competentes, que se permitieron perder contacto con los hechos reales de la situación y después crearon una política al ignorarlos. No puede aportarse un informe definitivo acerca del rol de Washington, pero está claro que, durante el período inicial, el Departamento de Estado no aplicó freno efectivo a la violenta sucesión de acontecimientos, habiéndose dejado al parecer aterrorizar por los informes provenientes del escenario de la lucha.

En esta atmósfera de irrealidad e intriga surgieron inevitablemente episodios que sirvieron casi de alivio cómico en la situación insoportablemente tensa y caótica. Tuvimos la imagen del embajador norteamericano W. Tapley Bennett Jr., sentado debajo de su escritorio, durante un bombardeo por aviones amistosos y la escena en la cual un emisario de la Casa Blanca trepó hasta una ventana para celebrar una reunión secreta con los jefes rebeldes.

Y, en carácter de constante contrapartida de las maniobras políticas y diplomáticas, estaban los ruidos y los olores de la guerra civil. Desde el momento en que aterricé en Santo Domingo el día jueves 29 de abril -transportado por un helicóptero de la infantería de marina desde el Boxer junto con otros cronistas-, viví durante cinco semanas con el ladrido de las ametralladoras, el ruido sordo de los morteros y el repentino, seco chasquido de los rifles de los francotiradores. En los atestados hospitales se sentía el olor dulzón, enfermante de la muerte y, en una ciudad que desde hacía semanas carecía de agua y en donde no se recogía la basura, el acre olor a podredumbre y estaba el silencioso heroísmo de las enfermeras del Cuerpo Norteamericano de Paz y la tensa disciplina de los infantes de marina reteniendo el fuego hasta el último momento posible.

Pero, en nombre de la coherencia, esta compleja historia de la implicación de los Estados Unidos en la República Dominicana debe referirse cronológicamente. Comienza con la rebelión en Santo Domingo el día sábado 24 de abril, iniciada por un grupo de civiles y de jóvenes oficiales militares cuyo propósito era derrocar al gobierno provisional de Donald Reid Cabral y traer de regreso al depuesto presidente Juan Bosch.

Pero, en realidad, es necesario ir todavía más atrás pues la historia reciente de la República Dominicana es una confusa mezcla de abigarrados sucesos. El país fue durante 31 años el feudo personal de Rafael Leónidas Trujillo Molina, férreo dictador cuya dominación terminó con su asesinato en un solitario bulevar de Santo Domingo en mayo de 1961. Tras siete confusos meses, instauróse un Consejo de Estado, con apoyo de los Estados Unidos, que tenía la intención de preparar elecciones democráticas. Posteriormente algunos miembros del consejo perdieron interés en la realización de las elecciones y fue, en gran medida, a través de los esfuerzos de Donald Reid Cabral, enjuto pero recio concesionario de automóviles, que tuvieron lugar las elecciones en diciembre de 1962. Pero “Donnie” Reid recibió la sorpresa de la victoria del Dr. Juan Bosch, escritor idealista, reformador social y audidacto en ciencias políticas que había vivido en el exilio durante 24 años. Reid se negó a participar en el gobierno de Bosch, alineándose en cambio en las filas de la oposición de ala derecha.

El 25 de setiembre de 1963, el doctor Bosch, primer presidente libremente elegido de la república en 38 años, fue depuesto por un golpe militar. Los generales y coroneles trujillistas que derrocaron a Bosch, explicaron su movimiento como el necesario contrarresto de las alegadas -pero nunca probadas- tendencias comunistas del presidente. Reid Cabral se convirtió en ministro de relaciones exteriores bajo un nuevo triunvirato, en un gobierno que no fue reconocido por los Estados Unidos, ya que el presidente Kennedy rompió coléricamente relaciones diplomáticas después del golpe y retiró toda ayuda. La Administración Johnson restableció la relación tres meses más tarde y no mucho después Reid fue elevado al cargo máximo en el triunvirato. Reid se hizo notorio en Santo Domingo como "el Americano", tan estrecho era su vínculo con los intereses estadounidenses.

Reid Cabral tenía buenas intenciones, pero no llegó sin embargo a impresionar jamás a sus compatriotas, quienes se tornaron progresivamente más impacientes por la democracia, los empleos y el pan que habían sido prometidos desde la muerte de Trujillo. Su mandato, si bien autoritario, no era dictatorial en el sentido que los dominicanos conocían la dictadura e incluso trató de poner freno a las Fuerzas Armadas. Esto ayudó a sellar su suerte. El resentimiento entre los militares de antigua graduación que recordaban con añoranza los fáciles días de tiempos de Trujillo convergió con el activo complot de los oficiales jóvenes, hartos del triunvirato y deseosos de reinstaurar la democracia bajo el presidente Bosch.

Fue el grupo de los "jóvenes turcos" el que hizo estallar la crisis. La conspiración de estos oficiales y de los civiles del Partido Revolucionario Dominicano pro Bosch (PRD) -principalmente personas de la clase media- se inició en setiembre último. La fecha elegida para el golpe era el 1° de junio, pero en marzo corrieron fuertes rumores en la capital de que se estaba preparando un golpe.

Después del Domingo de Pascua, 18 de abril, los rumores de un golpe se hicieron más persistentes. Unos días más tarde, el periódico El Caribe de Santo Domingo publicó en la primera plana un artículo que informaba acerca de un inusitado movimiento militar alrededor del palacio presidencial. Y, finalmente, el día jueves 22 de abril, el propio Donnie Reid oyó suficientes detalles sobre el complot como para exonerar a siete oficiales de la fuerza aérea implicados en él. Este paso indujo a los conspiradores a actuar de inmediato.

Civiles rebeldes capturaron de súbito la estación principal de radio y televisión de la ciudad, en horas tempranas de la tarde del día sábado 24 de abril y anunciaron -prematuramente la caída del gobierno. Dos campamentos del ejército, situados en las afueras de la ciudad, se declararon en rebelión. La multitud se derramó en las calles de acceso al centro de la ciudad para celebrar lo que pensaba era ya una revolución victoriosa, pero las fuerzas leales no tardaron en recapturar la estación radial arrestando allí a ocho rebeldes. Si bien los rebeldes de los dos campamentos del ejército hicieron caso omiso de un ultimátum que exigió la rendición a las cinco de la tarde, Reid Cabral informó esa tarde por radio que el levantamiento había sido sofocado.

La Embajada Norteamericana, enteramente sorprendida por la revuelta original, transmitió debidamente al Departamento de Estado el anuncio de que la rebelión había terminado junto con conclusiones de su propia cosecha, en el sentido de que Donnie Reid había capeado el temporal.

Una posible explicación de este fracaso de la embajada en cuanto se refiere a una correcta aquilatación de lo que estaba acaeciendo puede hallarse en la ausencia del embajador Tapley Bennett, quien había partido de Santo Domingo el viernes 23 de abril, un día antes de que los rebeldes iniciaran su movimiento. El señor Bennett explicó más tarde que había esperado desórdenes y que, precisamente por ese motivo, había ido a Washington, intuyendo que sería ésta la última oportunidad de discutir el problema dominicano antes de que sobrevinieran las perturbaciones. No obstante, el día jueves Bennett había enviado su habitual informe semanal al Departamento de Estado y en éste mencionaba nuevos rumores en Santo Domingo de que algunos generales quizás tratasen de deponer a Reid durante el fin de semana. Pero, hizo notar Bennett, parecía uno de esos "usuales rumores en Santo Domingo".

Desde Santo Domingo el embajador se dirigió a Georgia, para visitar a su madre. Fue allí donde por primera vez se enteró de la revuelta del sábado y sólo al día siguiente fue a Washington, donde ya se estaban considerando los planes iniciales de una intervención estadounidense en larga escala, en parte a raíz de informes crecientemente alarmados provenientes de Santo Domingo de que los izquierdistas y comunistas estaban dominando lo que se suponía era un movimiento pro-Bosch.

También se hallaron ausentes de Santo Domingo ese decisivo fin de semana, 11 de los 13 oficiales agregados al Grupo Asesor de Asistencia Militar de los Estados Unidos, cuya tarea era entrenar las tropas dominicanas y estar en contacto con sus jefes; se encontraban en Panamá asistiendo a una conferencia de rutina. El agregado naval de la embajada había salido el viernes para cazar palomas durante el fin de semana en el Valle Cibao con el brigadier general, Antonio Imbert Barreras, uno de los dos sobrevivientes del grupo que tendió la emboscada a Trujillo en 1961, y hombre que habría de desempeñar un rol vital en los días por venir. El norteamericano de mayor rango presente en Santo Domingo era el representante de Bennett, William Connett, delegado diplomático con anteojos que había arribado cinco meses antes. A los 46 años de edad ya había servido en cuatro cargos latinoamericanos durante sus 14 años en el Servicio Exterior.

En Washington el fin de semana transcurrió tranquilamente. El secretario de Estado Dean Rusk efectuó el sábado una declaración sobre la política de los Estados Unidos en Cambodia. El principal consejero del presidente Johnson en asuntos hispanoamericanos, Thomas Mann, estaba descansando en casa. Y Jack Hood Vaughn, quien hacía sólo escasas semanas que había sucedido a Mann en el cargo de secretario auxiliar de Estado en los asuntos interamericanos cuando éste fue ascendido al puesto de subsecretario, asistía a una conferencia en Cuernavaca, México. Dentro de lo que cualquier persona de la Casa Blanca podía determinar aparentemente, éste era uno de los períodos más tranquilos experimentados por la política latinoamericana en mucho tiempo.

A estar por cualquier norma, la embajada de Tap Bennett era una buena embajada, que comprendía en su personal a alrededor de 30 funcionarios del Servicio Exterior. Todos eran hombres de carrera con buenos antecedentes y la mayoría tenía experiencia en cuestiones hispanoamericanas. Su única falla visible era que todos los funcionarios de alto rango, incluyendo a Bennett, llevaban sirviendo allí sólo un período relativamente corto de tiempo. Esto se debía a que las relaciones diplomáticas con la República Dominicana se habían reanudado sólo a fines de 1963 y todo un nuevo equipo había sido asignado a ese país, junto con el nuevo embajador. Bennett, sirviendo su primer puesto de embajador, llevaba en Santo Domingo únicamente 13 meses, así como el jefe de la sección política de la embajada. Tan sólo el contingente de la CIA., que operaba desde la Sección Política como unidad independiente, tenía más antigüedad en la República Dominicana.

Bennett era el clásico embajador de carrera del Departamento de Estado, con todo lo que esto implica en lo referente a ventajas e inconvenientes. A la edad de 48 años su nombramiento como embajador en Santo Domingo llevó a la culminación una carrera de 24 años de Servicio Exterior que no había sido espectacular, pero, que, según el lenguaje del Departamento de Estado, había sido "buena". Alto, cordial descendiente de una familia establecida en Georgia, Tap Bennett se graduó en la Universidad de Georgia y pasó después un año en la Universidad de Freiburg en Alemania nazi, entre los años 1937 y 1938, antes de obtener su graduación en leyes en la Universidad George Washington. Su primer cargo en el Servicio Exterior fue, -hecho bastante interesante-, en la República Dominicana. Especializóse luego en asuntos del Caribe y de América Central, siendo en 1951 nombrado director delegado de la Oficina de Asuntos Sudamericanos del Departamento de Estado.

Este acopio de experiencia hizo de Tap Bennett un "hombre ducho" en cuestiones hispanoamericanas y en 1953 fue elegido en calidad de asistente personal del doctor Milton Eisenhower, quien entonces se hallaba explorando los problemas hemisféricos en nombre de su hermano. El doctor Eisenhower describió a Bennett, calificándolo así: "un emprendedor, sensible, incansable trabajador". Casado con la hija de un bien conocido ex embajador, Bennett tenía un agradable cachet social y con el tiempo fue destinado a placenteras asignaciones en Viena y Atenas.

Tras su llegada a Santo Domingo el año pasado, el nuevo embajador estableció estrechas y cordiales relaciones con el presidente Reid Cabral y con hombres de negocios, terratenientes y oficiales militares que apoyaban el régimen. Si bien esto era enteramente correcto, el embajador y sus coagentes máximos parecían mantener escaso contacto o amistad con los partidarios del doctor Bosch, otros políticos de la oposición o cualquiera de los oficiales jóvenes. Según dijera más tarde en Washington un alto funcionario de la Administración, intrigado por la selectividad del embajador en sus contactos y expresando sus pensamientos en alta voz, "Tap no parecía conocer a nadie que se hallara a la izquierda del Rotary Club".

Bennett llevó adelante concienzudamente sus funciones de embajador y viajó casi por toda la República Dominicana, visitando debidamente los centros de los Cuerpos de Paz y de proyectos de ayuda. Pero, según lo hiciera notar cierta vez uno de sus coagentes en la embajada, "Tap parecía incómodo entre la gente mal vestida y a la cual no había sido debidamente presentado". Cuando estalló la rebelión, Bennett concedió, casi como movimiento reflejo, su pleno compromiso a las personas que conocía. Y fue así como se encontró posteriormente en un remolino puesto en movimiento por hombres que nunca había conocido y por poderosas fuerzas que jamás había descubierto.

Después de informar el sábado por la noche que la rebelión parecía haber resultado un fiasco, el personero de Bennett, Bill Connett -cuyo punto de vista aparentemente coincidía ampliamente con el del embajador- se encontró el domingo a la mañana con que la situación había cambiado, si bien en forma enteramente no dramática. No sólo se habían negado los aeroplanos y aviones del gobierno a atacar las dos guarniciones rebeldes del ejército, sino que los comandantes de antigua graduación aparentemente habían decidido dar término según su propio modo a lo empezado por los oficiales jóvenes el día anterior. Hacia el domingo por la mañana había llegado a su fin el mandato de Reid Cabral; todos los líderes militares, rebeldes así como leales, coincidían en lo que respecta a este punto. Donnie Reid firmó su renuncia sobre la base del entendimiento de que se formaría una junta y que pronto se celebrarían elecciones.

Luego los sucesos se tornaron más confusos. Los jóvenes oficiales militares que abrigaban la esperanza de restituir el poder al doctor Bosch se negaron a avenirse al plan de la junta. Al contrario; tanto ellos como sus partidarios se instalaron en el palacio presidencial, anunciando que estaban estableciendo un régimen provisional hasta que el doctor Bosch pudiese regresar del exilio en la cercana Puerto Rico. Dado que la mayoría de las tropas bajo el mando de los oficiales que favorecían la junta se hallaban en la base aérea de San Isidro, cruzando el río Ozama, los oficiales pro Bosch momentáneamente eran dueños de la situación. Inmediatamente tomaron juramento, en calidad de presidente provisional, a un político del PRD de tranquilas maneras llamado José Rafael Molina Ureña, que había sido presidente de la Cámara Dominicana de Diputados, desaparecida en tiempos del golpe militar de 1963 que había derrocado a Bosch. Bajo la constitución de 1963, suspendida en esa misma época, Molina Ureña venía a ser la siguiente persona con derecho a la presidencia, en ausencia del vicepresidente y del presidente del senado, siendo que los dos se hallaban en el exilio. Puesto que los partidarios de Bosch consideraban ilegal el golpe de 1963, afirmaban que la constitución seguía en efecto y que Molina Ureña era el legítimo presidente provisional. La calificación que los rebeldes dieron a su movimiento llamándolo "constitucionalista" procede de esta interpretación.

La instalación de Molina Ureña ese soleado domingo señaló el verdadero comienzo de la guerra civil dominicana.

Los otros comandantes militares que habían ayudado a desalojar a Reid Cabral unas horas antes ahora se sentían traicionados. Y el más indignado de todos era el brigadier general Elías Wessin y Wessin, oficial que, en persona, había conducido el golpe contra el doctor Bosch 19 meses antes y que no estaba dispuesto ahora a verlo traído nuevamente al poder. El general Wessin contaba con la lealtad de los oficiales de la infantería de Aviación y de la brigada del arsenal, así como de la mayoría de la Fuerza Aérea. Las tropas de Wessin -que al máximo de su fuerza llegaban al número de 2.500 soldados combatientes- constituían la élite de las fuerzas armadas dominicanas y ahora estaban dispuestas a aplastar a los rebeldes.

Eh las primeras horas de la tarde del domingo, dos aviones de combate P-51 del general Wessin emergieron desde oriente sobre el mar, más allá del bulevar George Washington y bombardearon el palacio. Un jet Gloster Meteor los siguió en ululante picada, arrojando cohetes. En la otra margen del río Ozama los tanques de Wessin avanzaban estruendosamente hacia el puente que conducía a la ciudad. Simultáneamente la radiodifusora de San Isidro comunicaba que los rebeldes pro Bosch estaban dominados por comunistas.

Aunque el doctor Bosch en otro tiempo había sido uno de los blancos favoritos de Fidel Castro, quien lo trataba de "títere yanqui", la Embajada norteamericana aparentemente coincidió con la aquilatación que el general Wessin hacía de la revuelta. En uno de sus primeros cables a Washington, Connett, actuando como encargado de negocios en ausencia de Bennett, advirtió que el regreso del doctor Bosch significaría el extremismo en la República Dominicana en el plazo de seis meses, con lo cual presumiblemente se refería al comunismo y, por lo tanto, a "otra Cuba" en el Caribe.

Para este entonces los rebeldes ya habían abierto los arsenales en los dos campamentos del ejército que controlaban y en las pocas comisarías de la parte baja de la ciudad que habían capturado. Un camión cargado de armas se detuvo en el Parque independencia sombreado por los árboles. Hombres, mujeres y adolescentes -comunistas y no comunistas por igual- fueron autorizados a tomar lo que quisieran. De pronto la ciudad se convirtió en un campamento armado. Connett telegrafió a Washington que había izquierdistas armados en las esquinas de las calles. Hubo incuestionablemente comunistas y elementos pro Castro desde el comienzo de la revolución, pero al parecer no había fundamento para las advertencias de la embajada en el sentido de que los extremistas estaban a punto de capturar el movimiento. En esta etapa inicial los líderes eran oficiales de carrera del ejército y Molina Ureña, ninguno de los cuales son considerados comunistas.

En Santo Domingo, a las 5 y 45 de la tarde del domingo, una delegación compuesta de funcionarios máximos del partido del Bosch se dirigieron a la embajada para solicitar que los Estados Unidos usaran su influencia a los efectos de poner coto a los ataques aéreos de Wessin. El grupo incluía a Silvestre Antonio Guzmán, acaudalado plantador y ex ministro de agricultura en el gabinete de Bosch, quien habría de surgir unas cuantas semanas más tarde como el candidato de la Administración para poner fin a la guerra civil dominicana.

El encargado, Bill Connett, no los entrevistó. Fueron recibidos en cambio por el segundo secretario de la embajada, Arthur E. Breisky, quien, de acuerdo con el posterior relato de Guzmán, llamó "irresponsables" a los rebeldes y dijo que se hallaban dominados por comunistas. Cuando uno de los visitantes negó acaloradamente toda vinculación comunista, Breisky, según se ha informado, respondió que "ahora piden ustedes la ayuda norteamericana, después de haber enviado su gente a las calles... Si yo tuviese el poder de Wessin lo emplearía".

Wessin lo hizo. El día lunes sus tanques continuaron el asalto al Puente Duarte, donde fueron resistidos durante horas en lo que fue virtualmente un combate cuerpo a cuerpo. Ocasionalmente un tanque de Wessin conseguía llegar a la terminal del puente que daba a la ciudad, pero allí los bazookas y las ametralladoras rebeldes hacían fuego obligándolo a retroceder. Cerca del puente los soldados y los civiles rebeldes, algunos de ellos adolescentes, se agazapaban detrás de las barricadas en medio de la explosión de los cohetes. Pero ahora se extendían a quienquiera las solicitase armas automáticas. La fuerza aérea bombardeaba la ciudad, donde bandas armadas, no necesariamente vinculadas con movimiento político alguno, hacían fuego contra cualquier cosa que se moviese.

No tardó en producirse un total quebrantamiento del orden y la ciudad no tuvo gobierno. A poco se abrigaron serios temores por la seguridad de los 2.500 norteamericanos residentes en Santo Domingo. Los funcionarios de la embajada que escuchaban la radio y la televisión controladas por los rebeldes, comenzaron a descubrir un acento revolucionario-izquierdista que se deslizaba en los programas. Los anunciadores rebeldes comenzaron a difundir por radio los nombres y direcciones de los "enemigos de la revolución", con una aparente invitación a la violencia. Aunque no se había producido ningún incidente antinorteamericano, la embajada temía algo semejante como paso siguiente pronosticable en la caótica situación. A última hora del lunes la embajada recomendó que la Marina estadounidense, que tenía destacadas fuerzas a cierta distancia de la costa, evacuara inmediatamente a los norteamericanos que desearan marcharse. Nadie discutió en Santo Domingo, en ninguno de los bandos, la sabiduría de esta decisión.

Dado que un análisis lógico no puede probar un argumento negativo -ejemplo: no hay víboras en Manhattan- no hay forma de establecer que la revolución pro Bosch no habría llegado a ser dominada por los comunistas. Hay, no obstante, una pequeña minoría de ellos en la República Dominicana. Y muchos diplomáticos extranjeros radicados en la capital -inclusive algunos funcionarios de la embajada- señalan que los Estados Unidos, aun temiendo una toma de mando comunista, no hicieron nada en los primeros días de la rebelión por alentar a los elementos democráticos comprendidos entre los rebeldes. En vez de ello la embajada fue siendo progresivamente identificada con las fuerzas de Wessin, si bien el general de San Isidro personificaba, en el concepto de muchísimos dominicanos, la amenaza de una nueva dictadura.

De regreso en Santo Domingo desde Washington el martes 27 de abril, Tap Bennett pasó inmediatamente a Washington, juntamente con su propio endoso, el urgente pedido del comando de Wessin solicitando equipo radial. Las fuerzas de Wessin aún no habían conseguido irrumpir en Santo Domingo y los líderes de San Isidro rogaron que les fueran facilitados equipos móviles y otros equipos de radio para ayudar a proveer control táctico a sus tanques y fuerza aérea.

Aún antes del regreso de Bennett a su puesto, la Administración de Washington -muy correctamente, en una situación de tan extrema inseguridad- ya consideraba activamente, a la vez un desembarco de la infantería de marina, destinado a proteger la evacuación de norteamericanos y una intervención militar en gran escala. Planteóse la intervención a los fines de rechazar lo que la embajada había descrito a Washington como el inminente peligro de una asunción comunista del mando. (Empero, las advertencias de la embajada todavía venían envueltas en generalidades y ninguno de los supuestos líderes comunistas del comando rebelde había sido identificado positivamente). De consiguiente, a las cuatro horas del martes -antes de que la Marina comenzara a evacuar los primeros norteamericanos de Santo Domingo, colócose a la alerta la 82 División Aereotransportada en Fort Bragg, N. C. Al impartir instrucciones a sus oficiales, el comandante de división mayor general Robert York, dijo que la misión sería un asalto de paracaídas para asegurar a San Isidro, la carretera que conduce al río Ozama y al puente Duarte.

El martes por la tarde varió el panorama militar de Santo Domingo; las tropas de Wessin parecieron llevar las de ganar. La diminuta marina dominicana, que hasta entonces había permanecido neutral, se puso repentinamente de parte de los generales de San Isidro y sus fragatas lanzaron algunas bombas al palacio presidencial en manos de los rebeldes. Comenzó luego un nuevo acto en el drama dominicano, y en el drama de la embajada. Un grupo de comandantes militares rebeldes se presentó de pronto en la embajada y solicitó una entrevista con el embajador Bennett. Después de revisar sus armas en la puerta, fueron introducidos en el despacho del embajador. Dijeron a éste que era el momento de poner término al derramamiento de sangre y le pidieron que actuara de mediador en las negociaciones con el general Wessin.

Tap Bennett replicó que no tenía autoridad para proceder en calidad de mediador. Pero expresó que, dado que se hallaba en contacto con San Isidro, gustoso transmitiría mensajes allí. Alguno de los oficiales, aparentemente en la creencia de que sus propios ruegos carecían de fuerza suficiente, sugirió entonces que la embajada ayudase a persuadir al Presidente Actuante Molina Ureña que había llegado el momento de procurar una tregua. Bennett asintió. Dio instrucciones a Benjamín J. Ruyle, jefe de la Sección Política, de llegarse en automóvil al palacio y transmitir al Presidente Actuante el mensaje de sus asociados militares.

Ruyle halló desierto el palacio. Había ventanas rotas por todas partes. Pedazos de mampostería se veían diseminados por el suelo en los lugares donde habían caído los cohetes y las balas de las ametralladoras. Recorriendo a pie el edificio, Ruyle llegó finalmente a una habitación que daba al corredor principal donde Molina Ureña estaba, desoladamente, sentado en un sillón tapizado. Lo rodeaba un número de rebeldes, algunos en uniforme y otros vestidos de civil. Al principio el Presidente Actuante se negó a considerar la renuncia a la lucha, pero sus compañeros le persuadieron de que concediera al asunto alguna reflexión. Ruyle se retiró y regresó en su automóvil a la embajada.

Una hora más tarde Molina Ureña y 18 oficiales rebeldes arribaron a la embajada de estuco blanco, que consta de un solo piso. Esta vez el grupo incluía al teniente coronel Francisco Caamaño Deñó, uno de los máximos líderes rebeldes y graduado de 32 años de edad de una escuela de enseñanza media de Florida y de escuelas del Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos. Nuevamente se solicitó la mediación de Tap Bennett y nuevamente volvió a negarse, pero hay dos versiones contradictorias acerca de lo que ocurrió. El coronel Caamaño insiste en que el embajador expresó al grupo que "este es el momento de rendirse y no negociar". Esto, dijo el coronel más tarde, era un insulto al honor de los rebeldes.

Bennett niega haber, ya sea exigido una rendición o intentado insultar a nadie. No obstante, la personal antipatía del coronel Caamaño -y de la mayoría de los otros rebeldes- por el embajador está asociada con este incidente. Pero ambos bandos concuerdan en un punto: cuando la conferencia finalmente se disolvió, el coronel Caamaño se volvió hacia Tap Bennett, justo antes de abandonar su despacho, y dijo: "Seguiremos combatiendo". (El embajador no informó acerca de esta observación en su cable de esa noche al Departamento de Estado, ni tampoco se había mencionado a Caamaño en los mensajes de la embajada durante los primeros cuatros días de la rebelión).

Los rebeldes abandonaron la embajada uno por uno, algunos demorándose como con reluctancia a marcharse. Finalmente Molina Ureña decidió que su bando había perdido y se dirigió a la Embajada colombiana para pedir asilo. En lo que concernía a la embajada de los Estados Unidos, la rebelión pro Bosch había fracasado. Un batallón del ejército de las afueras de la ciudad, que hasta entonces no se había plegado a ninguno de los dos bandos, entró a la ciudad desde el oeste y marchó sobre el palacio. En el este, los tanques del general Wessin aplastaban cuanto se hallaba en su camino, abriéndose paso a Santo Domingo sobre el puente Duarte contra una fuerte resistencia. La evacuación a que procedió la Marina de los Estados Unidos de los primeros 1.175 norteamericanos se había completado sin tropiezos. Se había producido un primer incidente en el hotel Embajador, donde se habían congregado los evacuados, cuando los rebeldes hicieron poner en fila a las aterrorizadas gentes contra una pared del vestíbulo de entrada y dispararon una andanada de metralleta por encima de sus cabezas. Pero nadie resultó herido. En Washington, los funcionarios de la Administración expresaron su alivio ante el colapso de la revuelta.

Pero, ante la sorpresa de todo el mundo -la segunda sorpresa grande de la embajada en cinco días- los rebeldes no sólo no renunciaron a la lucha sino que hallaron nuevo aliento. El coronel Caamaño, cuya promesa de pelear había sido ignorada por Tap Bennett la tarde anterior, asumió el mando de la rebelión y reunió eventualmente quizás 3.000 partidarios, si bien afirmó más tarde comandar 10.000 rebeldes armados. Caamaño se convirtió en el líder rebelde casi por accidente, después de que muchos de sus compañeros de complot desaparecieron en el asilo diplomático. Hombre algo barrigón, de imprevisible humor, no posee ninguna de las magnéticas cualidades que caracterizan a un líder revolucionario típico como por ejemplo, digamos, Fidel Castro. Si además de su proclamado apoyo a la democracia, sustenta ideas políticas, económicas o sociales de alguna especie, no se ha ocupado de ponerlas en claro. Alterna estados de rabia, en los que jura morir junto a sus hombres para preservar su honor, con otros de algo así como alegre despreocupación como el desplegado recientemente en un inverosímil almuerzo de panqueques Suzette, en uno de sus escondites. Difícilmente podía ser considerado algo más que un líder transitorio.

Hacia el miércoles por la mañana, de cualquier modo, los rebeldes de Caamaño se habían protegido con barricadas dentro de un área constituida por angostas calles y viejas casas de la antigua Santo Domingo. Ubicaron ametralladoras en los techos y apostaron francotiradores en las ventanas. Se almacenaron bombas Molotov en las casas, muchas de las cuales se convirtieron en pequeñas fortalezas. Los tanques y camiones capturados, con la palabra PUEBLO pintada, se granjeaban el entusiasmo de la ciudad.

Ahora, tanto el comando de Wessin como los Estados Unidos debían responder a la renovada amenaza rebelde. La embajada decidió que era necesaria la intervención pero que un legalismo tenía que ser satisfecho: alguien debía solicitar la ayuda militar de los Estados Unidos. En consecuencia, al promediar la mañana establecióse en San Isidro un triunvirato con guía de la embajada. Puesto que el general Wessin era tan objetable a los ojos de muchos dominicanos, nombróse cabeza de la junta al coronel Pedro Bartolomé Benoit, desconocido oficial de la Fuerza Aérea.

El coronel Benoit apeló inmediamente a Tap Bennett en busca de ayuda. A la 1.48 de la tarde del miércoles el embajador telegrafió a Washington que el problema de comunicaciones de la junta -la falta de equipo radial- era crítica. Cablegrafió que el ejército estaba haciendo frente a fuerzas izquierdistas y planteó una cuestión acerca del estado de ánimo que provocaría en la fuerza aérea y las demás una negativa de ayuda de parte de los Estados Unidos.

Poco después de almorzar el coronel Benoit irradió un mensaje al embajador desde San Isidro, informándole que la junta recientemente creada ya no podía asegurar el orden en Santo Domingo ni proteger las vidas de los extranjeros. Pidió la intervención de los Estados Unidos. Tap Bennett pasó el pedido a Washington, y preparó otro mensaje en el que manifestaba lamentar la probable necesidad de que los Estados Unidos impusieran una solución militar al problema político. Si bien cabía esperar que la propaganda izquierdista caracterizase la rebelión como una pelea entre el ejército y el pueblo, decía Bennett, la cuestión se suscitaba realmente entre quienes querían una solución tipo Castro y quienes se le oponían. A continuación dejaba claramente sentado que, aunque no deseaba dramatizar excesivamente la situación, abrigaba la convicción de que si los Estados Unidos negaban, el equipo de comunicaciones solicitado y que si la oposición a los llamados izquierdistas perdía aliento, los Estados Unidos podrían ser llamados a poner en escena, en el futuro inmediato, un desembarco de la infantería de marina. ¿Qué, preguntaba, prefería Washington?

Los mensajes se intercambiaban frenéticamente entre Washington y Santo Domingo esa tarde y el Departamento de Estado replicó que los Estados Unidos no intervendrían militarmente a no ser que el resultado estuviese en duda, pero que los transmisores radiales móviles se estaban preparando.

En ese momento la Administración se estaba aproximando a una decisión relativa al desembarco de un contingente de infantes de marina, cuya misión sería la protección de la ininterrumpida evacuación de norteamericanos. Alrededor de las dos de la tarde, un grupo del Cuerpo de Infantería de Marina desembarcó en el puerto azucarero de Haina, siete millas al oeste de la capital, a fin de inspeccionar la playa para un desembarco anfibio.

Llegado a este punto los Estados Unidos identificaron tres hombres entre los líderes rebeldes con posibles vínculos comunistas. Ninguno de ellos era un líder máximo visible. La identificación fue enviada por la CIA de Santo Domingo el miércoles por la mañana y el vicealmirante William F. Raborn Jr., retirado, a quien se había tomado juramento como director de la CIA a las 12.30 de ese mismo día presentó esta información al presidente Johnson.

Poco antes de las cinco de la tarde, hora de Santo Domingo, Tap Bennett recibió del coronel Benoit una nota escrita confirmando el anterior pedido irradiado de "una intervención temporaria". Bennett telefoneó a la Casa Blanca y habló con el Presidente. Envió entonces su mensaje "emergente", la comunicación de prioridad más alta en el Gobierno de los Estados Unidos, recomendando que el pedido de intervención de la junta fuese satisfecho. En el plazo de unos minutos despegaron los primeros helicópteros del puente del Boxer para conducir infantes de marina al hotel Embajador.

La "intervención limitada" había comenzado. Por primera vez desde 1916, las tropas estadounidenses pusieron pie en suelo dominicano. En su anuncio televisado esa noche, el presidente Johnson enfatizó que la infantería de marina había desembarcado en Santo Domingo para ayudar a la evacuación de norteamericanos y otros extranjeros. Nada se dijo de la temida toma de mando comunista o acerca de la ayuda de los Estados Unidos a las fuerzas de la junta.

Si bien el desembarco original de los marines el 28 de abril no trajo más de 500 soldados estadounidenses a Santo Domingo, la Administración se movió casi inmediatamente hacia un refuerzo mayor. Para fines de la primera semana, habían desembarcado 5.000 infantes de marina y tropas paracaidistas. Durante el fin de semana que coincidió con el 19 de mayo, las fuerzas alcanzaron un número mayor del doble, 12.000 soldados. A fines de la segunda semana, el 8 de mayo, se llegó al máximo con 22.000 tropas de los Estados Unidos en la República Dominica y 8.000 marineros que tripulaban 40 barcos a la vista de sus costas. Los voceros militares de los Estados Unidos nunca fueron enteramente precisos acerca de la necesidad de una fuerza tan nutrida. Pero los funcionarios del Departamento de Estado, al informar a los periodistas en Santo Domingo, fueron escalando gradualmente el propósito de los Estados Unidos en la República Dominicana, desde la misión de evacuación inicialmente declarada a la de asistir a los dominicanos "para que hallasen una solución democrática para sus problemas políticos".

No obstante, al comenzar el día miércoles los desembarcos, el primer contingente de infantes de marina no tardó en asegurar sus perímetros. A las 7.30 de la tarde, después de que un pelotón de marines fuera conducido a la Embajada, Bennett envió un telegrama destinado al subsecretario Mann. Francotiradores habían estado haciendo fuego contra la Embajada (el edificio) desde el otro lado de la calle y los marines alcanzaron con sus disparos a siete de ellos. El cable de Tap Bennett informaba a Mann que estaban en peligro vidas norteamericanas y transmitiría un mensaje oral del coronel Benoit en el sentido de que la situación empeoraba rápidamente. Manifestaba en el cable su esperanza de una urgente respuesta a su pedido oficial de ayuda a las fuerzas de Wessin.

Treinta minutos más tarde el embajador envió todavía otro telegrama a Washington. En él se decía que las fuerzas de la junta estaban en la imposibilidad de resistir y se añadía la recomendación de Bennett que se concediera seria reflexión al asunto de la intervención armada para restaurar el orden, aparte de la cuestión de una mera protección de vidas. Si fracasaban los esfuerzos leales, decía, el poder caería en manos de grupos cuyos fines eran idénticos a los del Partido Comunista. Los Estados Unidos tendrían que intervenir con sus fuerzas para impedir otra Cuba.

En Washington, un aturdido Consejo de la Organización de Estados Americanos fue informado del desembarco de los Estados Unidos. Se dijo a los embajadores latinoamericanos que los infantes de marina habían descendido a la playa a los efectos de proteger la vida de los residentes extranjeros y que la Administración no había tenido tiempo de consultar de antemano a los otros gobiernos. Varios embajadores protestaron diciendo que la acción de los Estados Unidos violaba la carta de la OEA, que prohíbe la intervención unilateral. Pero, nuevamente, se les aseguró que los Estados Unidos sólo deseaban el cese de fuego.

Pero, en Santo Domingo los acontecimientos se sucedían sobre una base algo diferente. Los periodistas que se preparaban a desembarcar detrás de la infantería de marina, afectada a la fuerza anfibia de la Marina, al sintonizar sus receptores de radio a transistores, sorprendieron, enteramente por accidente, intercambios radiales entre Tap Bennett y el coronel Benoit, jefe de la junta recientemente formada.

Un mensaje, pasado a las 9.25 de la mañana del jueves decía: "Este es el Arbol de Sombra Uno (la llamada radial de la Embajada). El embajador al coronel Benoit... ¿Necesita usted más?... Tenga la seguridad de que con determinación sus planes vencerán."

Otro mensaje procedente de Tap Bennett: "¿Podría abrir usted Punta Caucedo (el aeropuerto internacional) al tráfico aéreo para hacer entrar víveres y medicinas? Pueden operar allí infantes de marina uniformados si no hay civiles."

Otro intercambio entre la Embajada y una voz norteamericana que provenía de la base aérea de San Isidro, hablaba de la necesidad de baterías, equipo de comunicaciones y raciones para las tropas de Wessin.

Un mensaje irradiado de San Isidro informaba que "un significativo levantamiento de la moral es evidente aquí desde el arribo de las raciones." Luego, San Isidro informó al Árbol de Sombra Uno que "he recibido un mensaje de que se está iniciando el ataque de supresión en el local 0845". Un mensaje procedente de la Embajada preguntaba al coronel Benoit si contaba con bastantes pertrechos contra "las fuerzas de Castro que lo enfrentan". Luego el mensaje fue modificado, diciendo "fuerzas rebeldes" en vez de "fuerzas de Castro".

A bordo del Boxer, el comandante de las fuerzas, capitán James A. Dare, despejaba cualquier duda acerca del motivo por el cual habían desembarcado los marines en Santo Domingo. Al informar a los periodistas dijo que las fuerzas norteamericanas permanecerían allí el tiempo suficiente "para asegurar que se estableciera un gobierno no comunista". Pero la historia oficial en la Embajada de Santo Domingo y en Washington continuaba siendo que las tropas habían descendido a la costa para proveer seguridad durante la evacuación.

Ese jueves por la tarde Tap Bennett informó al grupo de periodistas que habían desembarco del Boxer. Les dijo que había evidencias de dominación comunista en el movimiento rebelde, y distribuyó después copias dactilografiadas de una lista de 54 comunistas o simpatizantes que, según lo manifestado por Bennett, tenían activa participación en el liderazgo rebelde.

Simultáneamente la Embajada telegrafió a Washington el texto de un volante rebelde que llamaba a una lucha "a muerte" contra las fuerzas de Wessin. Estaba firmado por ocho líderes rebeldes, comenzando por el coronel Caamaño. El mensaje de la Embajada, firmado por Bennett, decía que dos de los firmantes podrían tener conexiones comunistas pero que se carecía de información respecto de los demás. En Washington, los funcionarios del Departamento de Estado comenzaron a insinuar a los periodistas, sobre la base del telegrama de Bennett, que siete u ocho de los líderes rebeldes máximos podrían tener orientación comunista.

Bennett asimismo informó a los periodistas esa noche de las atrocidades cometidas por los rebeldes, de varias cabezas que se habían hecho desfilar clavadas en picas, de ejecuciones en masa y de cómo el coronel Caamaño en persona había ametrallado al coronel Calderón, el ayuda de campo del presidente Reid Cabral. Los periodistas no tenían razones para dudar de los relatos de Bennett, que también se cablegrafiaron a Washington.

Pero posteriormente se supo que ninguno de estos informes era exacto. No se encontró a nadie en la zona rebelde -adonde fueron los periodistas, pero no los funcionarios de la Embajadaque confirmara los relatos de ejecuciones o de cabezas clavadas en picas. El coronel Calderón apareció, pocos días después, en un hospital con una leve herida de bala en el cuello, recibida en el palacio durante el primer día de la revolución. Uno de los periodistas bebió con él una cerveza más tarde.

Con el transcurso de los días se hizo evidente que, de modo deliberado o por información errónea, la Embajada estaba pasando informes inexactos. Una tarde un portavoz oficial del Departamento de Estado anunció que la Embajada había recibido el dato de que el coronel Caamaño se había reunido con cinco líderes comunistas la noche antes y les había prometido cargos en el gabinete si la revolución resultaba fructuosa. Si fracasaba, según las supuestas palabras de Caamaño, él negociaría salvoconductos que les permitieran salir del país. El portavoz no disponía de los nombres de los líderes y varios días más tarde reconoció que la Embajada no estaba en modo alguno segura de esta información.

En las reuniones con su personal, Bennett se refería a los rebeldes calificándolos de "esa escoria comunista" o "esa pandilla de la parte baja de la ciudad". Los pedidos emanados de grupos de profesionales dominicanos -hombres de negocios, abogados, médicos e ingenieros- solicitando el contacto con la Embajada a fin de explicar su aseveración de que la revolución "constitucionalista" no era comunista, no fueron satisfechos. Cuando un cronista preguntó a Bennett si no temía que su política de aislar a los rebeldes los empujara a manos comunistas, replicó: "Ya están en manos comunistas."

Esta fue también la conclusión rápidamente alcanzada por John Bartlow Martin, ex embajador en la República Dominicana durante el régimen de Bosch, a quien el presidente Johnson envió a Santo Domingo para establecer contacto con los rebeldes y dar un nuevo vistazo a la situación. Martin, que gozaba de la reputación de liberal y tenía muchos amigos dentro del PRD de Bosch, se pasó una tarde conversando en el puesto de comando de Caamaño y anunció inmediatamente, en una conferencia de prensa, que la revolución había pasado al mando de comunistas. Dijo redondamente que todos "los elementos democráticos habían sido destruidos". Pero no se tienen noticias de que Martin o la Embajada hayan realizado esfuerzo alguno por alentar a los demócratas contra los comunistas. Por espacio de diez días no hubo más contacto entre los Estados Unidos y los rebeldes. La Embajada demostró claramente una parcialidad en favor de las fuerzas de la junta, a la cual comenzó a denominar "el Gobierno de Reconstrucción Nacional".

Para encabezar este "gobierno", la Embajada eligió al brigadier general Antonio Imbert Barreras, uno de los dos sobrevivientes del grupo que mató a Trujillo. Para asistir al general Imbert, los Estados Unidos pusieron a su disposición 750.000 dólares el día 9 de mayo destinados al pago de los salarios de los empleados públicos en las áreas que no se encontraban bajo control rebelde. ¡Ninguna oferta similar se hizo al coronel Caamaño!

Santo Domingo era una ciudad gobernada por la confusión. Mientras los Estados Unidos seguían proclamando una "estricta neutralidad", los técnicos de la Agencia de Información de los Estados Unidos y la CIA interferían la onda de la estación de radio rebelde haciendo ininteligibles sus mensajes. Los periodistas y camarógrafos de televisión registraron camiones cargados de tropas de Imbert que pasaban libremente a través de los puntos de control norteamericanos, en camino al combate con los rebeldes.

En el bando rebelde, los locutores del coronel Caamaño vilipendiaban al embajador Bennett en los términos peores que se puedan imaginar. Francotiradores, los cuales según Caamaño no dependían de su control, disparaban por las noches a las posiciones norteamericanas, causando frecuentes bajas. Entre toda la confusión, un equipo de la OEA negociaba una tambaleante tregua el 5 de mayo.

La administración Johnson determinó que quizás fuera necesario un nuevo acercamiento para llevar las cosas a una solución y que ya no eran adecuados los informes y recomendaciones procedentes de Bennett y Martin. Así como Martin fue enviado a raíz de las dudas surgidas en cuanto a los informes de Tap Bennett, se despachó a McGeorge Bundy, Asistente Especial de Asuntos de Seguridad Nacional del presidente, para reforzar a Martin. Con él vinieron los dos expertos máximos en América latina del Departamento de Estado, Mann y Vaughn.

Justo antes del arribo de la misión Bundy, la aviación de Imbert rompió la tregua arreglada por la OEA. Con sus aparatos vomitando fuego, bombardearon en repetidas incursiones la radio Santo Domingo, en manos de los rebeldes. Al acercarse, los aviones rugieron sobre la Embajada, lanzando una andanada de balas sobre las calles adyacentes. Tap Bennett y muchos de sus auxiliares se arrojaron debajo de sus escritorios y el embajador gritaba, "¡Protestaré por esto!".

Por razones que nunca han sido explicadas, la presencia de Bundy en Santo Domingo se mantuvo en secreto durante 12 horas mientras los funcionarios negaban que él y los otros enviados de alto rango estuviesen allí. Se prohibía ahora a los periodistas el acceso a la Embajada, en gran medida a raíz de que la pequeña estructura, con persianas verdes, estaba tan colmada de generales e "invitados especiales" de alto nivel que era casi imposible moverse en el interior o encontrar algún lugar privado para las conversaciones confidenciales.

La misión de Bundy consistía en negociar un gobierno constitucional de compromiso. Se había elegido para encabezarlo a Antonio Guzmán, ex ministro de agricultura bajo el gobierno del doctor Bosch y el hombre a quien -el segundo secretario Breisky recibiera tan fríamente ese primer domingo de la revolución. El nombre de Guzmán fue sugerido por Bosch, a quien Bundy consultó, deteniéndose en San Juan de Puerto Rico. Para los Estados Unidos resultaba básicamente aceptable así como para el comando de Caamaño. El único problema que subsistía era conseguir el acuerdo del general Imbert y que éste se dispusiera a renunciar en favor del candidato de compromiso.

No era un problema sencillo. Cuando el subsecretario Mann sugirió a Imbert su renuncia, éste se negó redondamente. Expresó a los norteamericanos que, puesto que los Estados Unidos lo habían ayudado a convertirse en jefe de la junta, ahora era su intención mantenerse en el cargo. Proceder de otro modo, dijo, significaría "hacer entrega de todo a los comunistas". Uno de los cronistas describió la situación escribiendo: "el general Imbert es el títere de los Estados Unidos que tira de sus propios hilos".

En este momento fue que el teniente general Bruce Palmer, comandante de las fuerzas militares estadounidenses, tuvo que ordenar a la mitad de los artilleros de la infantería de marina -que hasta ese entonces habían apuntado a la fortaleza rebelde de la parte baja de la ciudad- que se dieran vuelta para enfrentar los emplazamientos de las tropas de Imbert. Parte de las tropas de Palmer pareció confundida respecto de su misión y algunos se preguntaban quién era el enemigo.

En el transcurso de la negociación Guzmán-Bundy y mientras aún seguía en efecto la tregua arreglada por la OEA, las fuerzas de Imbert montaban otra ofensiva contra los rebeldes, esta vez en el sector norte de Santo Domingo. Los tanques y la artillería de Imbert lanzaron un asalto en plena escala que costó centenares de vidas dominicanas, principalmente de mujeres y niños.

Los rebeldes no podían contrarrestar el ataque de Imbert en el norte porque el corredor de seguridad controlado por los norteamericanos, que corría en línea bisectriz de Este a Oeste, los confinaba a la parte baja de la ciudad. En determinada etapa los Estados Unidos se prepararon a abrir otro corredor, que corriera hacia el Norte desde el área rebelde, para poner un alto al avance de Imbert. Pero esta idea, por la cual abogaba Bundy, fue vetada en Washington. En la Embajada, el subsecretario Mann dijo que esperaba que Castro reconociese al régimen de Caamaño y probara de una vez por todas que los rebeldes tenían orientación comunista.

Luego "la fórmula Guzmán" -en favor de la cual había trabajado Bundy por espacio de diez días con todo el prestigio derivado de su cargo en la Casa Blanca- cayó por el suelo en virtud de órdenes recibidas de Washington. El FBI había interceptado una conversación telefónica entre el doctor Bosch y un amigo. Esta conversación, según se informó, incluía la declaración de que si el régimen de Guzmán era instaurado podría haber un nuevo gobierno en el plazo de cinco días. Más o menos en estos momentos el Departamento de Estado envió un memorando a la Casa Blanca recordando que en 1933 se había acusado a los Estados Unidos de imponer un gobierno a Cuba y de que la administración Johnson debía cuidarse de no dar motivo a un cargo semejante.

La interrupción de la negociación Bundy-Guzmán señaló, para muchos de los que se hallaban en el bando rebelde, el fin de las esperanzas de un régimen "constitucional". Se siguió permitiendo que el régimen de Imbert consolidara su posición en el país sin gobierno, mientras otra comisión de la OEA, segundo grupo interamericano que intentó la mediación, llegó a Santo Domingo en busca de una solución.

El día antes de su regreso a Washington, cinco semanas después de que los Estados Unidos descubriesen que tenían asido un tigre por la cola, Bundy convino una entrevista con el coronel Caamaño y sus colegas. Sería su primer encuentro, por cuanto el jefe rebelde había cancelado una cita una semana antes al resultar muerto uno de sus auxiliares principales de un disparo aparentemente partido de las tropas estadounidenses apostadas en el corredor de seguridad. El sitio de la reunión sería el Conservatorio de Música, moderno edificio blanco situado en un bulevar de la costa, en la tierra de nadie, entre los infantes de marina y las líneas rebeldes. A su arribo, a las 3.45 de la tarde, Bundy y sus colegas hallaron el edificio cerrado, pero asumieron que los hombres del coronel Caamaño habían dispuesto que el conservatorio fuese abierto. Resultó, no obstante, que a su vez el coronel Caamaño había asumido algo semejante. Después de buscar infructuosamente una puerta o ventana abierta, uno de los rebeldes extrajo un cuchillo y soltó una de las hojas de vidrio de las ventanas. Se colocaron sillas y ambas delegaciones treparon adentro por la ventana.

La reunión se prolongó cuatro horas, durante las cuales Bundy hizo uso de su fluido español en la conferencia. Hacia el término de la sesión estalló violentamente una ráfaga de disparos de armas de fuego no lejos del conservatorio. Maldiciendo a causa de la ira, el coronel Caamaño corrió para telefonear a sus fuerzas que cesasen de disparar. Bundy se apresuró a su vez, en busca de un teléfono con el cual ponerse en contacto con los comandantes estadounidenses. Pero no lo había en el edificio.

Cabría decir que el teléfono faltante simbolizó toda la tragedia dominicana, donde se produjo un quebrantamiento general en las comunicaciones entre norteamericanos y dominicanos que intentaban poner fin a la guerra civil sin ulterior pérdida de vidas, y donde ninguna fórmula pareció ofrecer una solución pacífica. Quizás no hubo otra alternativa que la intervención de los Estados Unidos en Santo Domingo, pero las cinco semanas que pasé allí en el momento culminante de la crisis no llegaron a convencerme de que existía peligro real de "otra Cuba". Tal como observó el exiliado presidente Juan Bosch, presenciando la agonía de su país desde Puerto Rico, con gran tristeza: "Los Estados Unidos tal vez deberían haber dado una oportunidad a la democracia dominicana."

A los 43 años de la Revolución Contitucionalista, y la lucha contra la intervención norteamericana de 1965....

 

Desfile en la Calle El Conde, de Santo Domingo, recordando a la revolcuión de abril del 1965

La Guerra Civil en la República Dominicana de 1965 Constituye uno de los hechos más relevantes en la historia reciente de la Republica Dominicana. El conflicto se inicia cuando un grupo de oficiales jóvenes se propone restaurar el gobierno constitucional del destituido Profesor Juan E. Bosch.

 Durante el gobierno de Bosch se redactó la constitución del 1963 donde se establecía libertad de expresión, libertad política, el beneficio de los trabajadores por parte de las empresas donde trabajaban, derecho a una vivienda propia, se estableció igualdad para los hijos naturales y los legítimos, y el retorno de los disidentes políticos y exiliados. Asimismo, se prohibió la reelección presidencial y vicepresidencial.

 

Además se reglamentaban el monopolio y la posesión de terrenos latifundistas. Esto provocó que diversos sectores acusaran al profesor Bosch de comunista.

 

Inicios

 

El profesor Juan Bosch es derrocado 7 meses después de haberse juramentado como presidente constitucional. El 24 de septiembre de 1963 por las fuerzas armadas lidereadas por Elías Wessin y Wessin y sus asesores

 

Bosch sale al exilio a la Isla de Puerto Rico. Con el auspicio de los partidos minoritarios que perdieron en las elecciones de diciembre, las fuerzas armadas nombran un triunvirato para gobernar el país presidido por Emilio de los Santos e integrado por los Drs. Ramón Tapia Espinal y Manuel Tavares Espaillat.

 

El 29 de noviembre de 1963, la agrupación política 14 de junio se levanta en armas en las montañas Dominicanas en guerra abierta contra el triunvirato, el 21 de diciembre Manuel Aurelio Tavárez Justo es fusilado en la sección Las Manaclas en la cordillera central. Esto provoco la indignación popular, y motiva la renuncia del presidente del triunvirato, Emilio de los Santos.

 

En el levantamiento guerrillero mueren 32 dirigentes y militantes de la agrupación política 14 de junio con el ascenso de del Dr. Donald Reid Cabral al presidencia del triunvirato la situación económica del país se deteriora, se lleva a acuerdos con el Fondo Monetario Internacional y la miseria que sufrían los sectores marginados se agudiza.

 

Por otro lado la corrupción administrativa, las actividades conspirativas en los cuarteles y el clamor popular cada vez más poderoso exigiendo la constitución del 63 sin elecciones hicieron sucumbir al triunvirato presidido por el Dr Reid Cabral.

 

Guerra de Abril de 1965

 

(Arnaldo N. Acosta M. /colaborador de Wikipedia).

 

La Guerra Civil estalló el 24 de abril de 1965. el líder militar constitucionalista fue el coronel Francisco Alberto Caamaño. De inmediato, jóvenes pertenecientes a grupos de izquierda y seguidores del líder del PRD, se unieron al movimiento organizando en la capital guerrillas urbanas. Uno de sus objetivos era, además del regreso de Bosch, la destrucción del aparato militar trujillista, intacto después de la muerte del dictador y protegido durante el Consejo de Estado y el Triunvirato. Los tres primeros días fueron de intenso combate.

 

Las fuerzas constitucionalistas preparaban el ataque a San Isidro, bastión del otro grupo militar. Todo quedó en preparativos, a pesar de que se libraron intensas batallas frente al Puente Duarte, único punto por el cual la ciudad podía ser atacada por el grupo de san Isidro. El presidente de los Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, envió el 28 de abril de 1965 a más de 40,000 marines norteamericanos a tierras dominicanas so pretexto de proteger vidas y vienes de los ciudadanos de los Estados Unidos.

 

El movimiento en contra del Triunvirato y la política de Donald Reid Cabral, que buscaba perpetrar un golpe de Estado, desembocó en una Guerra Civil de graves consecuencias. La Intervención Norteamericana de 1965 tiene también explicaciones de orden geopolítico. La Revolución Cubana se había fortalecido. Existía el peligro de la internacionalización de los focos guerrilleros para expandir la revolución socialista. Recordemos que para esa época, estaba también la escalada bélica en Vietnam. Parecía que la misión de los Estados Unidos era la de convertirse en el principal luchador contra las fuerzas comunistas del mundo.

 

La presencia de los marines norteamericanos fortaleció al grupo militar que enfrentaba a los constitucionalistas. La ciudad de Santo Domingo quedó virtualmente dividida en dos mitades. De mayo a septiembre de 1965 el país contó con dos gobiernos militares: el Gobierno Constitucionalista, cuyo presidente era el coronel Francisco Alberto Caamaño, y el Gobierno de Reconstrucción Nacional, a cuya cabeza estaba el general Antonio Imbert Barreras, uno de los organizadores del complot que perpetró la muerte de Trujillo y declarado anticomunista. Los enfrentamientos prosiguieron a lo largo de esos meses.

 

La Guerra de Abril no terminó por la acción militar, sino gracias a la diplomacia internacional. La Organización de Estados Americanos (OEA) jugó un papel estelar. En agosto de 1965 se iniciaron formalmente las negociaciones. El 3 de septiembre de ese año se firmó el Acta de Reconciliación Nacional. Ambos Gobiernos acordaron renunciar y elegir un Gobierno Civil provisional que estaba presidido por Héctor García Godoy. Otros acuerdos fueron: la celebración de las elecciones en 1966, la declaración de una amnistía general, el desarme de los civiles y el retiro de los militares norteamericanos.

 

Sábado 24 de Abril de 1965

 

El campamento militar 16 de agosto en la Autopista Duarte y el 27 de febrero en la margen occidental se rebelan contra el gobierno de Reid Cabral, el Dr José Francisco Peña Gómez hablando por una emisora de radio exhorta al pueblo a levantarse y lanzarse a las calles en apoyo al golpe de estado al triunvirato, y así restablecer el Gobierno de Bosch, minutos más tarde fue apresado

 

Un grupo de militares rebeldes leen una proclama donde exhortan al pueblo a respaldarlos, en la noche Donald Reid Cabral habla al país para que los rebeldes depongan su actitud

 

Domingo 25 de abril

 

En las primeras horas de la mañana los militares rebeldes entran a la ciudad, y obligan a renunciar a Reid, el pueblo se lanza a las calles ocupando el palacio nacional en respaldo del golpe de estado. En la sede del palacio nacional un grupo de militares forma el "Comando Militar Revolucionario" encabezados por los coroneles Vinicio A. Fernández Pérez, Giovanni Gutiérrez Ramírez, Francisco Alberto Caamaño Deñó, Eladio Ramirez Sánchez y Pedro Bartolomé Benoit y asume el poder a las 10:30 a.m. Esa misma noche se le traslada el poder a una autoridad civil, en la persona del Dr Rafael Molina Ureña como presidente provisional. Momentos después se anuncia el reestablecimiento de la constitución del 1963 y regreso del profesor Bosch ese mismo día.

 

En la base aérea de San Isidro en el llamado "Centro de Enseñanza de las fuerzas Armadas (CEFA)" los generales Wessin y Wessin y el general Imbert se oponen al retorno de Juan Bosch y al restablecimiento de la constitución del 1963. De immediato comienzan los bombardeos y los ametrallamientos aéreos al palacio presidencial y otras posiciones de los constitucionalistas.

 

Las organizaciones populares exigen que se le entreguen armas al pueblo para resistir la ofensivas de las fuerzas del CEFA, los constitucionalistas entregan armas y comienzan los asaltos a los pequeños cuarteles opuestos a la Constitución del 63.

 

 Lunes 26 de Abril

 

Durante toda la mañana continuaron los bombardeos, al Palacio Nacional (Palacio Presidencial) y otras zonas de la ciudad, en la Base Militar de San Isidro a 40 Kilómetros de la ciudad capital el General Elías Wessin y Wessin se mantiene firme preparando la entrada de sus tropas a la ciudad.

 

Martes 27 de Abril

 

La marina de guerra hasta ese momento neutral en el conflicto se une a las fuerzas de Wessin, y sus barcos bombardean al palacio presidencial donde se encontraba el Presidente Provisional, Rafael Molina Ureña. La fuerza aérea arrecia sus bombardeos contra la ciudad. Para contrarestar los bombardeos, los constitucionalista instruyen al pueblo a que ponga espejos encima de las casas para que los reflejos molesten a los aviones.

 

La presidencia provisional, emite un comunicado "El poder Ejecutivo hace de conocimiento público que en virtud de haberse establecido la vigencia de la constitución del 63 que consagra en su articulo 66 la imposibilidad de expulsar del país a ningún dominicano todos los nacionales que fueron arbitrariamente desterrados de la republica pueden regresar libremente al suelo patrio, se hace observar al ex presidente Joaquín Balaguer que en esos momento estaba exiliado que podía retornar a la brevedad posible al país para hacerle compañía a su madre que ya estaba en su lecho de muerte"

 

Ante la gravedad de la situación, el presidente provisional Rafael Molina Ureña y miembros del alto mando constitucionalista entre los que se encontraban los coroneles Vinicio Fernández Pérez, Giovanni Gutiérrez, Rafael Fernández Domínguez entre otros, y varios dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano, se dirigen a la Embajada Norteamericana para tratar de conseguir su mediación para lograr un acuerdo con los militares de San Isidro. Luego de una acalorada discusión el embajador Norteamericano William Tapley Bennett el embajador llama por teléfono a Caamaño diciéndole que solo falta él en la reunión, Caamaño respondió:

 

"Digále a Wessin que detenga los bombardeos”. Pero él (Bennett) les dice a los constitucionalistas:

 

“Este no es el momento de negociar, sino de rendirse de inmediato el presidente provisional Rafael Molina Ureña, renunció y procedió a asilarse en la embajada de Colombia. Igual camino siguieron otros dirigentes constitucionalistas. Cuando todos los oficiales militares salían del despacho del embajador norteamericano, El Coronel Francisco Alberto Caamaño Deño llegó y se detuvo en la puerta y le dijo: “¡Permítame decirle que seguiremos la lucha suceda lo que suceda!”.

 

Al salir de la embajada Caamaño junto a otros colaboradores cercanos, se dirigió al puente Duarte donde las tropas de Wessin avanzaban hacia el centro de la ciudad.

 

La presencia de Caamaño junto a otros militares en el Puente, levantó la moral de los combatientes e hicieron retroceder las fuerzas de Wessin, el profesor Juan Bosch desde Puerto Rico y ante la imposibilidad de regresar al país, delega sus derechos constitucionales al coronel Caamaño, y el congreso se reúne de emergencia y proclaman a Caamaño presidente de la República

 

Miércoles 28 de Abril/Lyndon B. Jonson

 

Con los esfuerzos de la embajada de los Estados Unidos se crea en la base aérea de San Isidro una junta militar presidida por el Coronel Pedro Bartolomé Benoit, en las primeras horas de la mañana los constitucionalistas comandados por el Coronel Lora Fernández, inician el ataque de la fortaleza Ozama cuartel general de los cascos blancos.

 

Esa mañana el presidente de los Estados Unidos Lyndon B. Johnson anuncia el envío de un pequeño contingente de soldados de la infantería Norteamericana a Santo Domingo. Su misión alegada: proteger el perímetro de la embajada estadounidense y salvar la vida de los ciudadanos norteamericanos y de otras nacionalidades que lo solicitasen

 

Ese día desembarcaron 400 infantes de la marina Norteamericana e iniciaron la evacuación de los ciudadanos Norteamericanos y de otras nacionalidades residentes en Santo Domingo.

 

En la noche del 28 de Abril el embajador norteamericano enviaba un cable comentando sobre la situación el cual leía: "The generals at San Isidro were dejected, several were weeping, and one was histerically urging "retreat" (traducción libre: Los generales en San Isidro estaban deshauciados, algunos llorosos, y uno urgía histéricamente a "replegarse").

 

El embajador agregaba que "elementos castroides" se llevarían la victoria. Con este comentario la administración norteamericana se posicionaba en contra de la causa rebelde. Se iniciaba una campaña de descrédito para las fuerzas rebeldes al invocar el sentimiento anticomunista.

 

En la memoria norteamericana aún estaba fresca la crisis de los misiles y el confrontamiento con Cuba y la Unión Soviética, y la opinión pública norteamericana debatía a diario los enfrentamientos en Vietnam.

 

Las noticias mundiales estaban enfocadas en la Guerra de Vietnam y en Santo Domingo. Es así que las agencias internacionales de prensa comienzan a difundir el 5 de Mayo una lista de 54 supuestos agentes del comunismo, infiltrados en el movimiento constitucionalista que según el gobierno Norteamericano pretendía convertir la Republica Dominicana en otra Cuba. Una buena parte de la lista:

 

Antonio Abreu Fiallo

 

Luís Acosta Tejeda

 

José Estrella J. Armach

 

Andrés Avelino García

 

Máximo Bernard Vásquez

 

Moisés Blanco Genao

 

Norge Botello Fernández

 

Benjamín Bujosa Mieses

 

Pedro Conde Sturla

 

Lourdes Contreras Pérez

 

Jaime Capell Bello

 

Asdrúbal Domínguez G.

 

Félix Servio Ducodray M

 

Rafael Estévez Weber

 

Luís Gómez Pérez

 

Homero Hernández V.

 

Pedro Mir Valentine

 

Diómedes Mercedes B

 

Dato Pagán Perdomo

 

Juan Miguel Román Díaz

 

Jesús de la Rosa

 

Rafael Taveras Rosario

 

Hugo Tolentino Dipp

 

Abelardo Vicioso G.

 

Emma Tavárez Justo

 

Fidelio Despradel Roque

 

Delta Bohemia Soto de V

 

Tony Isa Conde

 

Narciso Isa Conde

 

Euclides Gutiérrez Feliz 

 

Jueves 29 de Abril

 

Los constitucionalistas toman por asalto la fortaleza ozama, con su arsenal de armamentos y hacen prisioneros a numerosos agentes de la policía. El CEFA y los sectores opuestos a la revolución acusan a las tropas de Caamaño a estar dominadas por comunistas.

 

Mientras tanto el entonces presidente de los Estados Unidos Lyndon B. Johnson afirmó “Los Estados Unidos no pueden y no van a permitir el establecimiento de gobiernos comunistas en el hemisferio occidental”

 

El Presidente Lyndon B. Johnson, acusando a la revolución constitucionalista de comunista ordena el desembarco de 42,000 Marines en Santo Domingo con el propósito de controlar la situación.

 

Las tropas de EU, establecieron de inmediato un cordón de seguridad dividieron la ciudad en dos zonas, cercando la parte constitucionalista y a todos los combatientes que que encontraba en la parte baja de la ciudad en la zona rebelde, denominaron Operación Limpieza al operativo.

 

Mientras esto sucedía, el Coronel Juan Maria Lora Fernández jefe del estado mayor del gobierno patriota hablado por Radio, alentaba a los combatientes, Desde la trinchera del honor los saludo en este día glorioso en que la patria pequeña se agiganta el enfrentar con sus hombres al la fuerza bruta de los Estados Unidos, pero si grande es nuestro enemigo mayor es nuestro arrojo y decisión de salvar a la patria y de volver limpia sin manchas y bochornos la dignidad de su bandera y la pureza de su escudo

 

30 de abril en Adelante

 

Llegó a Santo Domingo, John Bartlow Martin enviado especial de presidente Johnson bajo cuyos auspicios quedo disuelta la junta militar presidida por Benoit y se creó el gobierno de reconstrucción nacional, bajo la presidencial de General Antonio Imbert Barreras quien de inmediato tomó juramento ante a un juez de la suprema corte de Justicia y convocó una manifestación de respaldo a su gestión frente al edificio del congreso nacional.

 

Las palabras de Imbert al tomar posición fueron “Todo el pueblo dominicano sabe que yo no me encuentro dirigiendo el gobierno de reconstrucción nacional por satisfacer las ardas ambiciones de poder, circunstancias ajenas a mi personal situación y a mi personales deseos pero de revestidas de enormes trascendencias para el país, me colocaron la obligación moral de aceptar el cargo que ahora obtento y desempeño, a penas estamos reorganizando las fuerzas armadas para comenzar una campaña ofensiva en contra los comunistas”

 

Siguiendo los planes de Martin y las tropas Estadounidenses, el general Imbert se puso de frente para dirigir la llamada "operación limpieza" en la zona norte de la capital donde se efectuó un riguroso ataque casa por casa contra los combatientes constitucionalistas obligándolos a replegarse hacia la parte sur de la ciudad donde se encontraban el coronel Caamaño, la lucha por el control de la zona norte dejo considerables número de bajas del lado constitucionalista así como la población civil.

 

Mientras el conflicto bélico en santo domingo se agudizaba, la opinión publica internacional comenzó a condenar la invasión militar Norteamericana en Republica Dominicana, y comenzaron a producirse manifestaciones de protestas en Casio todos los países de hispano Américas en New York dominicanos junto a otros latinoamericano protestan por la invasión yankee a santo Domingo, mientras que en las Naciones Unidas la Unión Soviética, convoca de emergencia al consejo de seguridad para tratar el caso Dominicano.

 

En la reunión del consejo de seguridad interviene el embajador cubano Pérez Tabio, quien denuncia la agresión norteamericana en la patria de Máximo Gómez. Luego de la reunión el secretario general de la Organización de Estados Americanos OEA señor Ku Tang decide enviar observadores a Santo domingo para que le informen de la situación.

 

Ante la presión internacional los EUA convocan de urgencia a una reunión de la OEA, en la cual solicitan la creación de una fuerza interamericana de Paz par enviarla Santo Domingo. De esta forma la invasión militar yankee en Santo Domingo quedaría internacionalizada y amparada por la bandera de la OEA, disipando la idea de la existencia de una intervencion unilateral y ocupacion militar norteamericana.

 

Con la oposición de: Uruguay ,Ecuador, Chile, México y Perú, la asamblea de la OEA aprobó el envió de una fuerza interamericana, comandada por el general brasileño Hugo Panasco Alvin e integrada por: 1,250 soldados de Brasil, 250 de Honduras, 170 de Nicaragua, 20 Policías de Costa Rica, y una Representación del Paraguay.

 

El 6 de Mayo el presidente de Francia DeGaulle criticaba la intervención urgiendo al retiro de las tropas norteamericanas y anunciaba la posibilidad de reconocer al gobierno rebelde encabezado por Caamaño.

 

El asalto al Palacio Nacional

 

El 19 de mayo un comando constitucionalistas intentan tomar por asalto el palacio nacional, en ese momento en poder de las tropas del gobierno de reconstrucción, cuando avanzaban hacia su objetivo fueron sorprendidos por francotiradores Norteamericanos quienes les abrieron fuego haciendo fracasar la toma del palacio, en el intento de asalto perdieron la vida el Coronel Rafael Fernández Domínguez ministro de interior y policía del gobierno constitucionalista, el Dr Juan Miguel Román destacado dirigente de la Agrupación Política 14 de Junio, Ilio Capocci entrenador de los hombres ranas y otros constitucionalista destacados[5].

 

Ofensiva yankee

 

El 15 y 16 de junio, fue la mayor ofensiva del las tropas estadounidenses a la zona constitucionalista, es el presidente Caamaño que explica lo sucedido:“De una forma sistemática en horas de la mañana, las tropas americanas intensificaron una ataque abierto por la parte norte, este y sur de la zona del gobierno constitucional, esto ha sido una genocidio sin precedentes para la historia del país, contamos ante el momento 67 muertos entre hombres mujeres y niños y unos 165 heridos y aun falta personas que deben estar muertas en sus casas, por las bombas de mortero”

 

El 28 de junio llego al país el ex presidente Joaquín Balaguer con un permiso de 72 horas otorgado por el gobierno de Antonio Imbert Barreras para ver a su madre enferma, al término de este, el Dr Balaguer desafiando al general Imbert se negó a salir del país y manifestó su intención de presentarse como candidato presidencial, cuando todavía no había fecha para elecciones generales ni se sabia si se realizaría. En los días siguientes la prensa norteamericana comenzó a hacerse eco, de las aspiraciones presidenciales del Dr Balaguer en la Republica Dominicana.

 

El 12 de julio de se cumplían 41 años de la salida en 1924 de las tropas norteamericanas que habían invadido al país en 1916 por tal motivo el gobierno constitucional y el frente de organizaciones democráticas realizaron una manifestación frente al altar de la patria durante el acto se le hizo un homenaje a Gregorio Urbano Gilbert unos de los héroes de la resistencia armada de la invasión militar norteamericana de 1916. Gilbert siempre se mantuvo firme del lado de los constitucionalistas y condenaba la agresión norteamericana.

 

Informe de John Bartlow Martin

 

En el informe enviado al presidente Lyndon B. sobre la crisis Martin afirmó: El gobierno de Imbert no es como se dice que es, nosotros no queremos imponer una solución cualquiera que sea. El gobierno de Imbert presentado a menudo como un gobierno de derecha, no lo es. Primero no es una junta militar, en ese gobierno hay tres civiles conocidos y dos militares que en realidad son liberales. Son gente progresistas que no participarían en una junta militar.

 

Negociaciones de paz

 

A mediados del mes de Agosto las negociaciones avanzaron y se perfilaron de un posible acuerdo entre los sectores en conflicto. El 30 de agosto se firmo un acuerdo con los auspicios de una comisión mediadora de la OEA titulada Acta Institucional, Mediante el cual se escogió al Dr. Héctor García Godoy como presidente provisional y se acordó la celebración de elecciones presidenciales para el año siguiente, con la firma del acta institucional quedo finalizada la guerra y se procedió a retirar las trinchera que limitaba la zona constitucionalista, se inició el desarme de la población por parte de las tropas estadounidenses.

 

El 3 de Septiembre Héctor García Godoy asumía la Presidencia Provisional y el mismo día el presidente constitucional Francisco Alberto Caamaño Deñó presentaba renuncia ante 25,000 dominicanos que acudieron a una manifestación en la plaza de la Fortaleza Ozama.

 

Caamaño entrega la Presidencia

 

El 3 de septiembre en una gigantesca manifestación en la plaza de la constitución, el coronel Caamaño presentó renuncia como presidente constitucional, en una parte de su discurso dijo:

 

“Porque me dio el pueblo el poder, al pueblo vengo a devolver lo que le pertenece. No pudimos vencer, pero tampoco pudimos ser vencidos. Nunca tal vez en la vida de los dominicanos se había luchado con tanta tenacidad contra un enemigo tan superior en número y en armas.

 

“Luchamos, sí, con bravura de leyenda, porque íbamos desbrozando con la razón el camino de la Historia.

 

“Ante el pueblo dominicano, ante sus dignos representantes que aquí encarnan el Honorable Congreso Nacional, renuncio como Presidente Constitucional de la República.

 

“Dios quiera y el pueblo pueda lograrlo, que esta sea la última vez en nuestra historia que un Gobierno legítimo tenga que abandonar el poder bajo la presión de fuerzas nacionales o extranjeras

 

“Y tengo fe en que así será”.

 

Ataque al Hotel Matum

 

El 19 de diciembre los constitucionalistas se trasladaron a la ciudad de Santiago para participar en un homenaje a la memoria del Coronel Rafael Fernández Domínguez y otros constitucionalistas que cayeron en combate. Finalizado el homenaje fueron atacados por las tropas leales al desaparecido gobierno de reconstrucción nacional, este ataque al hotel Matum duro alrededor de 5 horas, perdiendo la vida numerosas personas entre ellos el Coronel Juan Maria Lora Fernández, finalmente la Fuerza Interamericana de Paz intervino para restauran el orden.

 

Remanentes

 

El 22 de enero de 1966 Caamaño sale a Londres como nombrado por el gobierno provisional como agregado militar pero en el país, las manifestaciones crecían exigiendo la salida de los militares estadounidenses, entre las consignas estaban:

 

Go Home Yankee!

 

¡Quisqueya Unida Jamás será vencida!

 

¡Muerte al invasor!

 

¡Si los yankees no se van, en Quisqueya morirán!

 

El 9 de febrero agentes policiales ametrallan una manifestación estudiantil frente al palacio nacional que exigía presupuesto para la universidad, y la salida de las tropas yankees, en la acción pierden la vida, Antonio Santos Méndez, Luís Jiménez Mella, Miguel Tolentino y Amelia Ricart Calventi, resultando con heridas más de 40 estudiantes.

 

Campaña electoral

 

El 1 de junio se celebran las elecciones para elegir un nuevo presidente, los candidatos Joaquín Balaguer y Juan Bosch , ganando Joaquín Balaguer con el partido reformista.

 

Caamaño desde Londres afirmo las tropas de ocupación en santo domingo en el proceso electoral tiene que haber influido obligatoriamente en las elecciones no pueden haber elecciones libres en un país ocupado por tropas extranjeras

 

José Francisco Peña Gómez, confirmo que hubo fraude e impugno las actas en la provincia de Barahona.

 

El pueblo se lanza a las calles diciendo que hubo fraude

 

Esta intervención terminó el 21 de septiembre de 1966, fecha en que se completó la retirada de tropas de la llamada Fuerza Interamericana de Paz, y con el acenso del Dr. Joaquín Balaguer a la presidencia de la República Dominicana el 1 de junio de 1966.

 

Himno de la Revolución

 

 

 

A luchar soldado valiente,

 

 

 

Que empezó la revolución,

 

 

 

A imponer los nobles principios,

 

 

 

Que reclama la constitución.

 

 

 

 

 

Desgarro la noche serena,

 

 

 

La sirena de la libertad

 

 

 

Cual clarín que llama a la guerra,

 

 

 

Defendiendo la Patria inmortal.

 

 

 

Como hermanos de Duarte luchemos,

 

 

 

Que ya Mella en el grito encarno

 

 

 

Si cual Sánchez al martirio iremos.

 

 

 

Venceremos, como Luperón.

 

 

 

No cedamos un paso marchemos,

 

 

 

Por senderos de gloria y honor

 

 

 

y otra vez al traidor venceremos

 

 

 

y otra vez al grosero invasor

 

 

 

Letras: Aníbal de Peña

 

 

"La Sangre derramada por nuestros hermanos, no ha sido, ni será derramada en vano" -Francisco Alberto Caamaño Deñó

Ana Frank, la eterna luchadora por la libertad, de nuevo en el presente

Ana Frank

Ana Frank

El director de una escuela holandesa ha encontrado en Naarden una tarjeta de felicitación de Año Nuevo escrita por Ana Frank, la niña judía que escribió un diario mientras estuvo refugiada entre 1942 y 1944, antes de morir en un campo de concentración.

 

 

 

La Casa Museo de Ana Frank en Amsterdam ha informado que la tarjeta, dirigida a su amiga Sanne Lermann, fue hallada en en interior de un libro, cuando el director de la escuela Paul van den Heuvel buscaba en la tienda de antigüedades de sus padres material para dar una clase.

 

 

 

"Al acercarse el 4 y 5 de mayo (fechas dedicadas en Holanda a la memoria de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial y de la Liberación), estaba buscando material para un proyecto sobre Anna Frank en su escuela", explicó la portavoz, Maatke Mostart.

 

 

 

En la parte delantera de la postal aparece una campana en tonos verdes y violetas sobre un paisaje nevado bajo el que se lee, en alemán, "Mucha suerte para el año nuevo".

 

 

 

La felicitación habría sido escrita por Ana Frank en diciembre de 1937 desde la casa de su abuela en la ciudad alemana de Aken, desde donde se cree que escribió otras tarjetas navideñas para desear un próspero año nuevo.

 

 

 

Mostrando su "alegría" por el hallazgo, el museo ha precisado que en la misma fecha Ana Frank también escribió a una antigua vecina de Fráncfort, Alemania.

 

 

 

La carta se ha escaneado y comparado con la que escribió a esa amiga de Fráncfort para certificar su autenticidad.

 

 

 

La Casa Museo de Ana Frank intenta llegar ahora a un acuerdo con el propietario de la postal, para poder tomarla, en préstamo, en su colección en Amsterdam.

 

 

 

"Debemos reunirnos con el anticuario la semana entrante. Al parecer, el dinero no es importante para él", ha agregado Mostart.

 

Los precios de los alimentos suben en los Estados Unidos

Un cartel informa a los clientes que hay un límite de arroz que pueden comprar en una tienda de Costco en Mountain View, California, el miércoles 23 de abril del 2008. Paul Sakuma / AP Foto

La subida global en los precios de los alimentos ha hecho que EEUU sufra la mayor inflación del sector en casi dos décadas y ha llevado a algunas grandes cadenas a restringir la venta de productos como el arroz.

 

La decisión adoptada esta semana por Wal Mart y Costco es la primera señal palpable del impacto del encarecimiento de los alimentos en EEUU.

 

Wal Mart, que aplicará un "racionamiento" en las 593 tiendas Sam's Club, de las que es necesario ser socio, limitará la venta de bolsas de nueve kilos de arroz blanco a cuatro por cliente y día, como respuesta, dijo, a las tendencias "de la oferta y la demanda".

 

La compañía no ha explicado si el inusual paso es fruto de una escasez de suministros o por la creciente acumulación de arroz por parte de sus clientes, entre ellos restaurantes, anticipándose a una continuada subida de los precios.

 

Costco, otra cadena de venta en grandes cantidades con 534 tiendas en todo el mundo, ha limitado la venta de bolsas de arroz a dos por cliente en algunas de sus tiendas en EEUU. "No creo que sea un problema de escasez, sino un aumento de las compras por parte de consumidores que creen que sí la hay y temen que los precios sigan aumentando", afirma Joseph Glauber, economista jefe del Departamento de Agricultura estadounidense.

 

David Coia, portavoz de la Federación de Arroceros de EEUU, tampoco cree que haya problemas de abastecimiento. El Departamento de Agricultura calcula que la producción de arroz en EEUU alcance los 8,3 millones de toneladas este año, un nivel que se ha mantenido estable durante los últimos siete ejercicios.

 

La producción arrocera estadounidense representa sólo entre el 1,5 y el 2% del total mundial, pero EEUU es el cuarto mayor exportador global, después de Tailandia, Vietnam y la India.

 

La mitad de la producción se ha destinado tradicionalmente a la exportación, dado que el consumo doméstico no es suficientemente alto, pero si la demanda interna comienza a aumentar ese porcentaje podría reducirse y contribuir a agravar la actual crisis.

 

Más demanda de los países emergentes

Los expertos consideran que la raíz del problema del arroz es la creciente demanda en los países en desarrollo, así como las pobres cosechas en algunas naciones productoras, lo que ha encarecido los precios un 70% este año.

 

Los precios del arroz en Tailandia, el principal exportador mundial, alcanzaron un récord de 1.000 dólares (634 euros al cambio de este jueves) por tonelada, un dato que se registra tras las prohibiciones temporales de exportaciones impuestas por países como la India, Vietnam y Brasil.

 

Esos y otros límites a las exportaciones de distintos productos han contribuido a distorsionar el mercado global de los alimentos.

 

La subida en los precios del arroz, que se suma a una escalada del coste de los alimentos básicos, ahora un 48% más caros que a finales de 2006, promete agravar la inflación del sector en EEUU, que es ya la más alta desde 1990 al elevarse a un ritmo anual del 5%.

 

Recuperación a la vista

Pese a que los contratos de futuros del arroz marcaron el miércoles máximos en EEUU, los contratos sobre granos cayeron un 4%, el nivel más bajo de los últimos cinco meses, ante las previsiones de buenas cosechas en 2008.

 

Glauber, economista del Departamento de Agricultura, dice confiar en que las nuevas cosechas mundiales reduzcan la volatilidad y la inseguridad alimentaria que afrontan millones de personas y que han provocado protestas violentas en países como Egipto o Haití.

 

Las plantaciones evolucionan bien en Australia, un importante productor, gracias a las lluvias. Las autoridades de la India, por su parte, han dicho que no tendrán que importar granos este año gracias a las cosechas récord y las abultadas existencias.

 

La agencia oficial china Xinhua informó recientemente de que las provincias productoras de trigo de Henan y Shandong esperan también que 2008 sea un buen año recolector.

 

La salud y la edad de John McCain es un tema de campaña

En esta fotografía de archivo del 21 de enero de 2008, los precandidatos presidenciales demócratas Barack Obama, a la izquierda, Hillary Rodham Clinton, y John Edwards, comparten un momento de humor luego que Obama pronunció un discurso. Obama y Clinton se enfrentan ahora en otra primaria en Carolina del Norte. Edwards no ha expresado aún a quien piensa apoyar para la nominación demócrata. (Con foto de AP/Charles Rex Arbogast, archivo). Charles Rex Arbogast / AP  

La salud de John MacCain será tema de gran debate, al enfrentar a los candidatos demócratas

 

Mientras los medios estadounidenses han abordado hasta la saciedad la cuestión de si el país está preparado para elegir como presidente a un negro o a una mujer, poco se ha hablado del inconveniente que representa para John McCain su avanzada edad.

 

Si vence en las elecciones del próximo noviembre, con 72 años, el senador de Arizona sería el hombre de mayor edad elegido para un primer mandato presidencial. De ahí que tarde o temprano sea de esperar que se discuta si su salud puede convertirse en un problema.

 

Si no fuera por el clima de alta tensión que rodea la contienda demócrata, seguramente habría llamado la atención de la mayoría de medios el hecho de que McCain reciba una pensión de invalidez de 58.358 dólares al año (algo más de 36.000 euros). La noticia se ha conocido al publicar el candidato su declaración de la renta, pues la pensión cuenta como ingresos libres de impuestos.

 

Según han informado desde su equipo de campaña, la pensión le fue concedida por sus "problemas de movilidad como consecuencia de las torturas que sufrió durante sus más de cinco años y medio como prisionero de guerra" en Vietnam.

 

"Torturado por su país, así es como adquirió esa invalidez", ha declarado su estratega Mark Salter. En diversas ocasiones, el propio McCain ha explicado que aún tiene dolores en la rodilla y no puede levantar las manos por encima de la altura de los hombros.

 

Aparte de esto, al iconoclasta político le fueron extirpados dos melanomas, un tipo de cáncer de piel que si no es tratado a tiempo provoca la muerte. El mes pasado se sometió a una revisión médica exhaustiva y, según los doctores, se encuentra en perfecto estado de salud y no hay ni rastro de los melanomas en su piel.

 

¿Influirá en los votantes?

"Es legítimo cuestionarse si está capacitado para servir como comandante en jefe", ha declarado Robert Schriebman, un ex asesor del Pentágono. De hecho, de acuerdo con varias las encuestas, hasta un 25% de los estadounidenses reconoce públicamente que la salud de McCain es un elemento a considerar antes de decidir su voto. Este porcentaje es notablemente más alto que los que dicen que la raza o el género es una cuestión que les influirá en su decisión, si bien muchos expertos consideran que mucha gente no es sincera porque está mal visto ser considerado un racista o un machista.

 

Con la finalidad de disipar los rumores sobre su estado de salud y las opiniones sobre su incapacidad de liderar el país por este motivo, McCain ha dicho a menudo durante la campaña que su salud es de hierro, hasta tal punto que puede "subir caminando el Gran Cañón".

 

No obstante, de ser así, la pregunta que se pueden hacer muchos estadounidenses es si es necesario que McCain reciba una pensión de invalidez sufragada por el erario público. Y sobre todo, si es justo que estos ingresos estén totalmente exentos de impuestos, pues, de acuerdo con la ley, esta posibilidad está sólo restringida a los casos más graves.

 

Surgen nuevos liderazgos en Irak, mientras la intervención militar norteamericana está empantanada

Fadhil Abd al-Husayn al-Marsoumi. (Foto: www.alrabbany.com)

Fadhil Abd al-Husayn al-Marsoumi.

El caótico escenario que se ha establecido en Irak tras la invasión foránea del 2003 parece ser propicio a toda clase de desvaríos, incluidos los arrebatos mesiánicos que han comenzado a proliferar en los últimos años especialmente entre la comunidad chií del país.

El Mundo (20-04) ya publicó un amplio reportaje sobre la aparición de estos "profetas" capaces de aglutinar a milicias tan fanáticas como los Soldados de Dios que dirigía Dhia Abdul Zahra al-Garawi en Nayaf, o la que estableció Ahmed al Hassan, alias el Yemani, en Naseriya y Basora.

 

Pero la violenta represión de los acólitos de Garawi o de Yemani –que dejó cientos de muertos en el 2007 y el 2008- no parece haber acabado con la saga de iluminados que en las últimas fechas han sumado una nueva incorporación a sus filas: un tal Fadhil Abd al-Husayn al-Marsoumi, que se equipara al primer profeta del Islam, dice ser "el Mohamed de nuestros tiempos" y se autodenomina "Imam al-Rabbani", atribuyéndose un título –el de Imam- que los chíes sólo conceden a los 12 primeros dirigentes religiosos de su confesión.

 

El señor Marsoumi ha establecido su secta en la región de Jalis, en la provincia norteña de Diayal, donde también habita una amplia minoría chií, junto a suníes y kurdos. El visionario parece haber estudiado en una pequeña aldea de la zona de la que pasó al proselitismo en el mercado de Jalis, sita a 15 kilómetros de Baquba, la capital de Diyala.

 

Citado por los medios de comunicación iraquíes, Qasim Jabbar, un experto en estos grupos sectarios, explicó que las prédicas insanas de "Rabbani" han conseguido un cierto eco en Jalis hasta el punto de que el movimiento dispone de un periódico oficial, una web (www.alrabbany.com), varias oficinas en otras partes del país y pretende incluso lanzar una canal satélite.

 

La mayor parte de las peroratas del clérigo recogidas en internet son un simple dislate, sin sentido o quizás con un significado tan profundo que excede la comprensión de los mortales.

Otras veces son un alegato a su supuesto origen divino como el que les refiero a continuación: "Yo soy la misericordia del Islam, la misericordia para los pueblos de la tierra, la guía. No quiero decir que soy el señor de los pueblos. Soy un simple hombre, de una villa humilde, pero Dios se asemeja a mí. Dios me eligió y me sacó de un espíritu pacífico y me colocó en otro pacífico espíritu utilizando una cuerda muy larga. Dios es la luz y la luz está relacionada con la luz, no se puede ver y no se puede ver. Pero la luz es brillantez y yo soy la brillantez. A donde voy Dios está conmigo y en torno a mí".

 

Ahora la prensa iraquí ha revelado que las fuerzas de seguridad arrestaron a decenas de acólitos de "Rabbani" el pasado mes de febrero y que la suerte del "profeta" se desconoce.

 

Bagdad parece decidido a erradicar estas cofradías disparatadas que no sólo exhiben un evidente desequilibrio mental sino que muestran una animadversión declarada hacia la cúpula religiosa chií, que habita en Nayaf. De hecho, tanto los Soldados de Dios de Garawi como las huestes de Yemen pretendían asesinar a los dirigentes de esta confesión, encabezados por el gran ayatolá Ali Al Sistani, para acelerar el fin del mundo.

 

Los iraquíes descubrieron el potencial desestabilizador de estas agrupaciones con la sangrienta algarada que propiciaron los Soldados de Dios en enero del 2007, que acabó en una batalla apocalíptica que dejó cientos de muertos.

 

Los vecinos de Zahra, el distrito de Nayaf donde se encontraba ubicado el cuartel general de los Soldados de Dios, afirman que éstos se instalaron allí en 1992, aunque durante la dictadura de Saddam Hussein mantuvieron un bajo perfil.

Cuando se desmoronó el régimen, los seguidores de Garawi se encargaron de pertrecharse con un sofisticado armamento –que incluía cohetes anti tanque y misiles- saqueando una base militar cercana.

 

Tras la brutal refriega el ejército descubrió en el complejo sacos con millones de dólares, una piscina y un salón de belleza con aire acondicionado.

El gobernador de Nayaf, Assad Sultan Abu Kilel, indica que Al Garawi disponía de un barbero privado que siempre cuidó su aspecto.

 

Mentar en Nayaf a Garawi es todavía una suerte de tabú. Hasem Abdelamir Mohamed, un antiguo compañero de prisión de Garawi, recuerda que este pasó dos años en las cárceles de Sadam Hussein "por lanzar una fatua (edicto religioso) contra los wahabíes (radicales suníes)". "Fue estudiante de la Academia de Bellas Artes y una persona de una gran talla moral, pero no puedo seguir hablando", dice antes de cortar la conversación.

 

Son muchos los que rehúsan hablar. Quizás porque la ciudad ha sufrido en los últimos meses una oleada de misteriosos asesinatos de personas vinculadas a la represión de la secta. O tal vez porque en la confrontación las fuerzas armadas locales y los estadounidenses mataron tanto a los milicianos de Garawi como a sus familias y a cuanto civil apareció por la zona. "La mayoría de las víctimas eran inocentes. Mujeres, niños", precisa Ahmed Al Amidi, presidente de la Asociación de Periodistas de Nayaf.

 

"Los americanos lanzaron minas anti personales y acabaron así con mucha gente. No era necesario, aunque es cierto que esa gente disponía de armamento pesado. Murieron más de 400 personas", concluye Ahmed al-Fatlaui, director del Centro de Derechos Humanos de Nayaf.

Fidel sigue siendo el jefe en Cuba

 Alrededor de cien efectivos de la Policía, del Ministerio del Interior y agentes de paisano sacaron a una decena de Damas de Blanco, familiares de 75 disidentes condenados en 2003 a penas de hasta 28 años de cárcel, de un parque anexo a la Biblioteca Nacional, en la Plaza de la Revolución.
protestas de las Damas de Blanco en Cuba

En lo que supone el primer cambio en el Gobierno de Cuba desde que Raúl Castro sustituyó a su hermano Fidel al frente del país, el Consejo de Estado ha destituido al ministro de Educación, Luis Ignacio Gómez, y ha nombrado en su lugar a Ana Elsa Velázquez. Según asegura Fidel Castro en un artículo publicado en la prensa oficial, el régimen ya no tenía "ninguna confianza" en Gómez porque había "perdido energía y conciencia revolucionaria". Además, sostiene que asume la "responsabilidad plena" de la decisión.

 

El cambio de López por Velázquez supone la primera remodelación del Gobierno cubano desde que, el pasado 24 de febrero, Raúl Castro sustituyó a Fidel al frente del Consejo de Estado ante la incapacidad de éste para seguir llevando las riendas del país debido a problemas de salud. En el comunicado emitido por el Consejo, se dice que "a propuesta del Buró Político del Comité Central" del Partido Comunista, López es destituido como ministro de Educación y sustituido por la nueva ministra. La nota no da razones del relevo y se limita a destacar los 30 años de experiencia de Velázquez en instituciones educativas, la última como rectora del Instituto Superior Pedagógico Frank País, de Santiago de Cuba.

 

Las razones el relevo las ha dado el ex presidente y aún líder del Partido Comunista de Cuba, Fidel (Raúl es el número dos del partido), que además sostiene que él ha tenido un papel en la destitución. "Apoyo resueltamente la decisión del Partido y el Consejo de Estado de sustituir al ministro de Educación", dice Fidel en el artículo publicado hoy. Gómez "estaba realmente agotado -explica el líder cubano-. Había perdido energía y conciencia revolucionaria. No debió pronunciar los últimos discursos y hablar de futuros encuentros de educadores del hemisferio y del mundo, exaltando una obra que fue fruto genuino de numerosos cuadros revolucionarios y no personal, como pretendía hacer creer a los invitados".

 

Ninguna confianza

 

"En el transcurso de diez años (Gómez) ha viajado al exterior más de 70 veces -continúa-. Durante los tres últimos lo hizo con la frecuencia de un viaje por mes, utilizando siempre el pretexto de la cooperación internacional de Cuba. Por este y otros elementos de juicio, no se tiene ya confianza en él; más claro todavía: ninguna confianza". "En este especial e importante caso, aparte de mis apreciaciones personales, fui consultado e informado plenamente", asegura el artículo, uno más de la serie Reflexiones.

 

"Espero que mis compatriotas comprendan que el trabajo forzoso que me impuso la naturaleza en esta etapa de mi vida me obliga, ante amigos y adversarios, a expresar lo que pienso sin subterfugios y con pruebas morales a mi alcance que son irrebatibles. Asumo, por tanto, la responsabilidad plena por esta decisión, sean cuáles fueren las reacciones y consecuencias", agrega Castro.

 

David Petraeus es barajado por norteamericanos como su principal jefe militar

General David Petraeus (Abril 2008)Robert Gates 

El jefe militar de Estados Unidos en Irak, David Petraeus, fue propuesto por el gobierno de Washington para dirigir el Mando Conjunto Central.

 

 

El Mando Conjunto Central supervisa todas las operaciones de EE.UU. en Irak y Afganistán.

En ese puesto -de ser confirmado por el Senado- Petraeus será el responsable de toda la región Medio Oriente y del sur de Asia, incluidos Afganistán e Irak.

 

Al general Petraeus se le reconoce el éxito de la escalada militar en Irak, que supuso el envío de miles de soldados adicionales en enero de 2007.

 

Su nombramiento indica -dice el especialista en defensa y seguridad de la BBC Rob Watson- que se mantiene la continuidad de la política militar en Irak y, en particular, la idea de que los soldados estadounidenses no deben ser retirados con demasiada premura.

 

Petraeus, de 55 años, graduado de West Point en 1974, aplicó en Irak una estrategia a la que se le ha atribuido una marcada reducción de la violencia en Bagdad y otras regiones del país.

 

Tal estrategia elevó a 168.000 el número de soldados estadounidenses en Irak a mediados de 2007, e incorporó el pago a milicias sunitas para combatir directamente a al-Qaeda en vez de atacar a las tropas de EE.UU.

 

El enfoque en Irak

 

Su promoción parece inclinar la balanza en el debate que se vive en el Pentágono sobre la mejor política militar a seguir de cara al futuro, comenta el especialista de la BBC.

 

Las dos posiciones centrales han sido: una, que Irak debe ser la prioridad militar número uno y que es un conflicto que debe ser ganado. Tal es la posición de Petraeus.

 

 

 No preveo que el general Petraeus deje Irak hasta fines del verano o a comienzos de otoño... (Esto debería) asegurar que hay todo el tiempo para preparar una buena transición.

 

Secretario de Defensa de EE.UU., Robert Gates

La otra postura es sostenida por muchos en el Pentágono que temen que con el enfoque en Irak se corre el riesgo de resquebrajar a las fuerzas armadas de EE.UU. y, al mismo tiempo, descuidar otros potenciales conflictos.

 

"La promoción del general Petraeus, y su reemplazo en Irak por un hombre de su equipo, el general Ray Odierno, sugiere que el primer campo ha ganado esta ronda del debate", dice Watson.

 

El secretario de Defensa de EE.UU., Robert Gates, señaló que Petraeus asumirá su puesto entre fines de septiembre y comienzos de octubre.

 

El anterior jefe del Mando Conjunto Central, Wiliam Fallon, renunció al puesto el mes pasado, luego de cuestionar en un artículo la estrategia de la administración de George W. Bush en Oriente Medio y el Golfo Pérsico.