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Manuel Hernández Villeta

Charlton Heston, la muerte de un maestro de la actuación.

Charlton Heston en el papel de Ben-Hur Charlton Heston Charlton Heston en Ben-Hur.

"He interpretado a tres presidentes, a tres santos y a dos genios. Si eso no provoca un problema de ego, nada más lo hará". Incluso, en secreto, puso la voz de Dios como la zarza ardiendo en Los diez mandamientos.

 Es difícil convertirse en leyenda sin la combinación de un talento gigantesco, de un ego poderoso y de una personalidad controvertida. Pero las tres cosas confluyeron en la vida de Charlton Heston, el actor que tras haber hablado con Dios sobre el Monte Sinaí siendo Moisés en Los diez mandamientos, haberse rebelado contra los romanos en la mítica Ben-Hur y haberle plantado cara al Papa interpretando al genial Miguel Ángel en El tormento y el éxtasis, se sirvió de la épica que dominó muchas de sus películas para adornar las apariciones públicas que en sus últimas décadas le convirtieron en la voz más peculiar -y a veces extrema- de la ideología ultraconservadora estadounidense.  Demócrata de joven, murió siendo un conservador extremista 

El alzhéimer le retiró del liderazgo de la Asociación Nacional del Rifle 

Muchos vieron en él al intérprete ideal de héroes de otras épocas 

Consiguió el único Oscar de su carrera por su papel en 'Ben-Hur'

Los títulos de crédito de una vida de 84 años corrieron el sábado sobre su biografía cuando la palabra Fin cerró en Beverly Hills la existencia de un actor aquejado desde 2002 de la enfermedad de alzhéimer.

 Aquel mal le obligó en 2003 a renunciar a su cargo de presidente de la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés), un papel que él asumió casi como un mandato bíblico en 1998 y que, sin embargo, lejos de transformarle en un gran personaje como los que interpretó en el celuloide, le convirtió en una caricatura de sí mismo. 

De hecho, su última aparición popular en el cine no fue como actor, sino como presidente de una organización que en su defensa por el derecho a tener armas no dudó en organizar su reunión anual en Denver, a pocos kilómetros del instituto Columbine, donde, apenas una semana antes, dos estudiantes provocaron una carnicería con armas de fuego en 1999.

 Michael Moore le permitió interpretarse a sí mismo en 2002 en Bowling for Columbine, filmándole a las puertas de su casa durante un intento de entrevista: el director intentó sin éxito que Heston le explicara por qué no suspendió aquella reunión tras la masacre de estudiantes. 

Pese a que, como vocal de aquella organización, Heston hizo declaraciones tan elogiadas por los ultraconservadores como despreciadas por los progresistas, sería incomprensible entender el poder que llegaron a tener sus palabras públicas sin el peso de su vida como histriónico intérprete. 

De niño nadie se hubiera imaginado que Charlton sería amigo de presidentes como Ronald Reagan o que incluso enarbolaría la bandera de los derechos civiles de los negros cuando Martin Luther King removía los cimientos del racismo estadounidense en los años sesenta. Más aún, pagó el final del rodaje de Sed de mal, un thriller antirracista.

 Porque, si hubo algo que marcó su vida, fueron las contradicciones. De joven fue demócrata acérrimo, aunque muriera siendo un conservador extremista convencido del "declive moral" de la sociedad estadounidense y llegara incluso a conseguir la censura de un rapero, Ice T, por sus letras "indecentes".   Nacido un 4 de octubre en Evanston (Illinois) y crecido en St. Helen (Michigan), en el medio oeste americano, Heston pasó su infancia en el campo pescando y cazando, escondiendo en una existencia rural su marcada timidez. Pero tras el divocio de sus padres, se mudó con su madre a un suburbio de Chicago y ahí, en el colegio, descubrió su verdadera vocación, la interpretación.   

Se casó con otra actriz, Lidya Clark, y pasó tres años en el Ejército. Después de actuar en diversos teatros de provincias, consiguió por fin su primer gran triunfo en Broadway en 1947 con Antonio y Cleopatra, de Shakespeare, en el que encarnó a Marco Antonio y que puso el primer acento épico a una carrera en la que los papeles de grandes hombres de la historia serían uno de sus sellos de identidad.

 Hollywood le volvió a vestir de Marco Antonio en 1970 en la película Julio César, de Stuart Burge. Y en 1972 repitió papel por tercera vez en una producción que dirigió él mismo, filmada en Almería, y en la que participaron los actores españoles Juan Luis Galiardo, Fernando Rey, Sancho Gracia y Carmen Sevilla.  

El teatro le abrió las puertas del cine, que fue donde se consolidó el talento de un actor cuyo rostro "pertenece a otro siglo", como solía definirlo él mismo. Quizás por eso fueron múltiples los directores que vieron en él al interprete ideal -eso, o su altura, 1,92 metros- para interpretar a hombres y héroes de otras épocas.

Cecil B. De Mille, que le convirtió en protagonista de El mayor espectáulo del mundo en 1952, fue quizás el responsable de esa perspectiva al transformarle en el Moisés de Los diez mandamientos en 1956 y convertirle así en la personificación de un personaje bíblico que inauguraría toda una serie de papeles clásicos y grandilocuentes que tuvieron su epítome en Ben-Hur en 1959. 

El filme de William Wyler, donde interpretaba a un príncipe de Judea que se rebela contra los romanos y que contiene una de las secuencias más espectaculares de la historia del cine, la carrera de cuadrigas contra el actor Stephen Boyd, le valió el Oscar al mejor actor -el único por el que fue candidato en toda su carrera- y se convirtió en un hito para Hollywood, ya que nunca antes una película había conseguido 11 estatuillas doradas.

 A cambio, Heston nunca se enteró de que Gore Vidal, el guionista, y Boyd, habían urdido un tono homosexual a la relación entre los dos protagonistas. 

Galopando gracias al cine a través de la historia, Charlton Heston también luchó contra los árabes en España en su papel en El Cid, ayudó a sofocar la rebelión de los boxers en 55 días en Pekín, de Nicholas Ray, y pintó la Capilla Sixtina en El tormento y el éxtasis. Fue mosquetero dos veces y duro vaquero americano en diversos westerns e incluso llegó a ser apóstol en La historia más grande jamás contada, de George Stevens.  Su mandíbula prominente y su complexión atlética también le convirtieron en un héroe galáctico. En El planeta de los simios, Heston exhibió músculo como astronauta extraviado tratando de escapar de las garras de una raza de simios que esclavizaba humanos. Más de tres décadas después no dudó en participar en un cameo en la descafeinada versión que Tim Burton hizo de aquel clásico. 

Hacia el final de los setenta tuvo que dejar paso a otra generación de actores-héroes, pero en su paso a la vida pública nunca abandonó su predilección por la épica, que marcaría su vida al frente de la Asociación Nacional del Rifle. Como buen pistolero, murió con las botas puestas. 
Charlton Heston
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Charlton Heston-

 

 

Los superdelegados decidirán la convención demócrata

 AP/El ex presidente y Nobel de la Paz Jimmy Carter es uno de los súperdelegados. - AP - Bill Clinton molesto con Richardson

Algunos de los "superdelegados" demócratas que se disputan Barack Obama y Hillary Rodham Clinton son mas "súper" que otros.   A ellos no se les aplica la norma de un voto por delegado. Son prominentes figuras que pueden designar más superdelegados, lo que les da control sobre varios votos. Estos dirigentes pueden tener en sus manos la selección del candidato a la presidencia por el Partido Demócrata.    La elección del candidato demócrata está en manos de los superdelegados, ya que ni Obama ni Clinton pueden alcanzar el mínimo indispensable de votos con los delegados que consiguieron en las consultas estatales. Y su suerte podría depender en última instancia de un puñado de superdelegados que pueden nombrar 76 electores adicionales, un factor que ha pasado casi inadvertido hasta ahora. 

Obama aventaja a Clinton por 140 delegados y ambos se disputan arduamente el apoyo de estas figuras partidarias. 

Ambos apelan a familiares, amigos y allegados para cortejar a los gobernadores, abogados y demás políticos con el rango de superdelegado. Pero algunos de estos superdelegados son más importantes que otros. 

El más poderoso de todos podría ser Art Torres, presidente del partido Demócrata de California y quien todavía no ha dicho por quien votará en la convención partidaria que elegirá al candidato a la presidencia. Torres puede nombrar otros cinco superdelegados, lo que quiere decir que controlará seis votos. 

"Soy el más súper de los súper", comentó entre risas el dirigente californiano. 

El y otros líderes estatales del partido designarán la mayoría de los 76 superdelegados adicionales a nombrarse a último momento, como parte de un arcaico proceso en el que dos tercios de los delegados que votarán en la convención surgen de las consultas estatales, un tercio son figuras prominentes con derecho a voto designadas de antemano y 76 son nombradas por algunos superdelegados con derechos especiales. 

"Son básicamente regalos que se hacen a los presidentes de las ramas estatales del partido", expresó Harold Ickes, el principal estratega de Clinton. 

Los delegados a ser nombrados a último momento constituyen un codiciado botín en una elección tan reñida. Hasta ahora solo 20 de los 56 presidentes de ramas estatales o territoriales se han pronunciado por un candidato, según un estudio del proceso realizado por la AP. Doce apoyan a Obama y ocho a Clinton.

Las temperaturas globales este año serán más bajas que en 2007 debido a los efectos de enfriamiento del fenómeno La Niña

Imagen satelital del fenómeno La Niña. Una turista con un paraguas en el desierto de Wadi Rum en Jordania
El principal meteorólogo del mundo anunció que las temperaturas globales este año serán más bajas que en 2007 debido a los efectos de enfriamiento del fenómeno La Niña en el Pacífico.    La Niña es una corriente natural que enfría el Pacífico.

Michel Jarraud, secretario general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), dijo a la BBC que era muy probable que la actividad de La Niña continuaría entrado el verano.  

Esto significa que la temperatura del planeta no se habría elevado desde 1998, generando entre algunos dudas sobre la teoría del cambio climático. Sin embargo, algunos expertos sostienen que las temperaturas empezarán a aumentar muy pronto.   

 

La Niña y El Niño son dos corrientes naturales en el océano Pacífico cuyos efectos son tan enormes que tienen impacto alrededor del mundo.  

Cuando el fenómeno El Niño ocurre, se calienta el planeta; cuando sucede La Niña, se enfría.  

Este año, el Pacífico está en las garras de una poderosa Niña. Ha sido responsable de lluvias torrenciales en Australia, inundaciones en Bolivia y de algunas de las temperaturas más bajas regitradas en regiones nevadas de China.   La Niña agravó la temporada de lluvias en el norte de Bolivia.

Jarraud manifestó a la BBC que muy probablemente el efecto continuaría durante el verano, bajando las temperaturas en todo el mundo una fracción de grado.  

Esto quiere decir que las temperaturas no se habrán elevado globalmente desde 1998, cuando El Niño calentó el planeta.  

Un grupo minoritario de científicos se pregunta si el calentamiento global ya llegó a su tope y la tierra ha probado ser más resistente a los gases del efecto invernadero de lo que se había pronosticado.   

Jarraud dice que ese no es el caso - las temperaturas en 1998 estarían bien por encima del promedio para este siglo.  

Además, expertos del Centro de Pronósticos Hadley en Exeter, Inglaterra, dicen que podríamos esperar un registro récord de temperaturas altas dentro de los próximos cinco años, asociado probablemente con otro episodio de El Niño.    

En marzo, se perdieron 80.000 empleos en Estados Unidos

Obrero de la construcción Compradores en EE.UU.

En marzo, se perdieron 80.000 empleos en Estados Unidos, de acuerdo a nuevos datos del departamento de Trabajo de ese país.

  Se trata del tercer mes consecutivo en que hubo una importante reducción de la fuerza laboral, lo que podría representar un nuevo indicio de que la economía estadounidense está entrando en recesión.   Además, se trata de la peor caída mensual de los últimos cinco años.   La mayoría de los analistas esperaban una cifra menor, de 60.000 puestos de trabajo.  

Mientras tanto, el índice de desempleo subió a 5,1% en marzo, el mayor nivel desde septiembre de 2005, y superior al de febrero de 2008, cuando alcanzó el 4,8%.  

Sin embargo, el nivel de desempleo todavía está por debajo del promedio de los últimos 60 años.  

Tras la publicación de los datos, el dólar estadounidense cayó ante el yen y el euro.   El departamento de Trabajo dijo que las pérdidas en marzo se extendieron a lo largo de toda la economía, pero que los dos sectores más afectados fueron el manufacturero y el de la construcción.      Las nuevas cifras han reafirmado la opinión de un número creciente de economistas de que EE.UU. ya está en recesión    "Las nuevas cifras han reafirmado la opinión de un número creciente de economistas de que EE.UU. ya está en recesión", dijo el especialista en temas económicos de la BBC Andrew Walker.  

"Sin embargo, muchos creen que si hay recesión, será relativamente breve y suave", añadió.  

Walker señaló que, como la población de EE.UU. es cada vez mayor, el país necesita incrementar mensualmente el número de empleos para mantener el ritmo.  

"Menos personas trabajando significa que los estadounidenses tienen menos dinero para pagar por bienes y servicios producidos en su propio país", dijo nuestro especialista.  

"También tendrán menos para gastar en el sector de la vivienda, lo que podría agravar la debilidad de ese mercado, en el que los precios ya están cayendo en muchas partes del país".  

Walker destacó que los nuevos datos también podrían traducirse en un nuevo recorte de las tasas de interés en EE.UU. cuando el comité que determina la política de la Reserva Federal -el banco central estadounidense- se reúna a finales de este mes.

Muere el periodista Sir Geoffrey Cox, que cubrió la Guerra Civil española, a la que dedicó el libro 'La defensa de Madrid'

El periodista Sir Geoffrey Cox. (Foto: University of Otago Magazine)

El periodista Sir Geoffrey Cox.

El periodista Sir Geoffrey Cox, que cubrió la Guerra Civil española, a la que dedicó el libro 'La defensa de Madrid', murió este miércoles 2 de abril a los 97 años, según informa el diario 'The Guardian'.

  De origen neozelandés, Cox fue uno de los pioneros de los telediarios y como director de Independent Television News lanzó en 1967 el telediario 'News at Ten', el primer noticiero de media hora de duración dirigido a una audiencia masiva a las 22 horas.  El programa se convirtió pronto en una institución nacional gracias a la calidad de su periodismo, siempre objetivo, a la de sus presentadores y a las famosas campanadas del Big Ben, el reloj del Parlamento, que constituían el fondo sonoro de los titulares de apertura. 

Antes de dedicarse a la televisión, Cox, que estudió Historia en la universidad neozelandesa de Otago antes de graduarse en el Oriel College de Oxford (Reino Unido), trabajó en el periódico liberal británico 'News Chronicle', que se distinguía por sus páginas de información internacional. 

El corresponsal en España de ese diario, el famoso escritor Arthur Koestler, había sido encarcelado y condenado a muerte en España por las tropas de Franco -posteriormente sería liberado gracias a los esfuerzos del Foreign Office-, y el 'News Chronicle' decidió destacar allí a Cox, que tenía la ventaja de estar en posesión de un pasaporte neozelandés. 

Gracias a los despachos enviados desde el país ibérico, Cox se hizo rápidamente famoso e incluso escribió un libro, titulado 'La Defensa de Madrid', que llamó inmediatamente la atención del director del diario 'Daily Express', Arthur Christiansen. 

Éste envió al joven periodista a Viena, desde donde cubrió la anexión de Austria a la Alemania nazi y la crisis de Múnich. Posteriormente sería enviado a París como jefe de la delegación del 'Daily Express' en esa capital, donde asistió al estallido de la Segunda Guerra Mundial. 

Cox cubriría posteriormente la invasión alemana de Polonia, la guerra fino-soviética del invierno de 1939/40 y la invasión por el Ejército nazi de los Países Bajos. 

Tras escapar por Burdeos tras la caída de Francia en 1940, Cox se alistaría en una brigada neozelandesa enviada al Reino Unido, con la que combatió en Grecia, Creta y en la campaña del desierto en 1941, y lucharía luego en Italia. Durante la guerra mundial, Cox fue despachado por su país del Ejército y enviado a la nueva legación neozelandesa en Washington, donde representó provisionalmente a su país como diplomático. 

Tras la desmovilización en 1945, Cox volvió al 'News Chronicle' y logró gran prestigio como comentarista de asuntos nacionales e internacionales además de trabajar para distintos servicios de la BBC. 

Cuando estaba a punto de aceptar la subdirección del 'News Chronicle', decidió cambiar de medio para comenzar una brillante carrera en la televisión con la emisora ITN, que, a diferencia de la BBC de entonces, prefería las imágenes a las palabras en sus informaciones internacionales.  Su particular contribución a la televisión, según recuerda 'The Guardian', fue promover las virtudes de la televisión en directo en un servicio de noticias, influido por el modo en que en Estados Unidos se había difundido en directo la investigación en torno a los métodos utilizados en su caza de brujas por el senador McCarthy. 

Convencido de las oportunidades que ofrecía el nuevo medio, Cox se ocupó de enviar siempre a sus reporteros a informar directamente y con imágenes desde el lugar de los acontecimientos.

Hillary Clinton, y su marido, el ex presidente de EEUU Bill Clinton, declararon unos ingresos de 109 millones de dólares entre 2000 y 2007

Hillary Clinton, en un reciente acto electoral en California. (Foto: AP)

La candidata a la nominación presidencial demócrata, Hillary Clinton, y su marido, el ex presidente de EEUU Bill Clinton, declararon unos ingresos de 109 millones de dólares entre 2000 y 2007. El matrimonio ha hecho públicos sus datos fiscales después de que Barack Obama, rival de Clinton en la carrera demócrata, presionase para lograrlo.  Casi la mitad de los ingresos, 51 millones de dólares, los lograron gracias a las conferencias del ex presidente. Y los impuestos se llevaron alrededor de 33 millones de dólares, mientras las donaciones a proyectos de caridad alcanzaron los 10 millones, según los datos revelados en la campaña de Hillary.  "Los Clinton ya han hecho públicos 30 años de datos fiscales, una cifra que muy poca gente en el servicio público ha alcanzado. Ninguno de los oponentes de Hillary Clinton ha revelado nada similar a esta cantidad de información financiera personal", ha asegurado el portavoz de la ex primera dama, Jay Carson. 

Barack Obama, el rival de Hillary en la carrera demócrata, presionó a la ex primera dama para que publicase estos datos, en un intento de marcar la diferencia en la disputada contienda que mantienen por enfrentarse al candidato republicano, John McCain. 

También Obama reveló sus datos entre los años 2000 y 2006 el año pasado, en un intento de ganar la batalla por la transparencia, ya que acusa a los Clinton de fomentar el secretismo y esconder documentos a los votantes, si bien fue la propia Hillary la que motivó estas acusacines al negarse a revelar con más celeridad sus datos fiscales, lo que en ningún caso es una obligación para los candidatos a presidir Estados Unidos. 

Ser ex presidente es más rentable

Alrededor de 40 millones del total de los ingresos de la pareja son por los divesos libros que han publicado --------------------------------------------------------------------------------

Aunque fue entre 2004 y 2007 cuando la pareja hizo más caja, con 20 millones de dólares cada año, la mayor parte de ellos de las charlas de Bill, el gran salto llegó en 2001. El año anterior, el último que pasaron en la Casa Blanca, sus ingresos fueron de 350.000 dólares; durante los 365 días siguienes, aumentaron hasta los 16 millones. 

Para el verbo del ex presidente no es la única fuente de ingresos de la familia. Alrededor de 40 millones del total son por los libros que han publicado. Hillary ganó 10 millones por 'Living History' y 190.000 dólares por 'It Takes a Village', de 1996, mientras la autobiografía de Bill, 'My Life', le ha supuesto ya 23 millones. 

Y, como los impuestos no perdonan, el 31% de sus ingresos brutos, 33,7 millones de dólares, fueron a parar a las arcas del estado. Como muestra de caridad, 10 millones se los quedaron diversas asociaciones benéficas, un 9,5% del total. Una cifra muy superior a las estadísticas, que dicen que quienes ganan más de 10 millones de dólares al año sólo donan el 3,1%. Los Clinton son generosos.

 

Su voz se convirtió en el ejemplo de la dignidad y el valor en la lucha por los derechos civiles. Pero un 4 de abril de hace 40 años, el líder de esa causa en Estados Unidos, Martin Luther King, fue asesinado por James Earl Ray en un hotel de Memphis. Ésta es su historia

<b>Homenaje al legado de Luther King</b>

 Era un hombre profundamente religioso que, según le gustaba recordar, creció en una iglesia. Su padre era un predicador, como su bisabuelo, su abuelo, su hermano o el hermano de su padre. Descubrió muy pronto que él, su familia y quienes tenían la piel como ellos, negra como el asfalto, pertenecían a una casta inferior en el orden blanco que les rodeaba.

Aprendió a luchar por sus derechos con el arma de la no violencia, y en pocos años se convirtió en la figura simbólica, nacional e internacional, de una revolución protagonizada por los negros del sur de Estados Unidos.

. Cuando la bala de un rifle le destrozó el cuello en la tarde del 4 de abril de 1968, hace ahora 40 años, Martin Luther King Jr. y su movimiento habían conseguido importantes cambios en las estructuras de poder de la sociedad norteamericana.  Fue su madre quien le enseñó que ese sistema de segregación no era el resultado de un orden natural 

 

La batalla contra el racismo dejó cientos de muertos y miles de heridos en Estados Unidos 

La voz de Luther King traspasó el sur y los barrios negros para sonar con fuerza entre los blancos pobres

Todo ocurrió de forma muy rápida, en la década de protestas masivas y de desobediencia civil que precedió a su asesinato. Estados Unidos era entonces la primera potencia militar y económica del mundo, en la que, sin embargo, prevalecía todavía el racismo, una herencia de la esclavitud que esa sociedad tan rica y democrática no había sabido eliminar. Millones de norteamericanos de otras razas diferentes a la blanca se topaban en la vida cotidiana con una aguda discriminación en el trabajo, en la educación, en la política y en la concesión de los derechos legales.

 Martin Luther King vivió de cerca ese sistema segregacionista en su ciudad natal, Atlanta, en Georgia, donde se dividía a negros y blancos en las escuelas, restaurantes, teatros, autobuses y hasta en las fuentes públicas para beber agua. Fue su madre, Alberta Williams, hija también de un pastor de la Iglesia baptista, quien le enseñó que ese sistema de segregación no era el resultado de un orden natural, sino una condición social querida e impuesta por los hombres blancos. 

Martin Luther King decidió pronto seguir el camino de su padre. Estudió teología en Boston y en octubre de 1954 se trasladó con su mujer, Coretta Scott, a Montgomery (Alabama), para ocupar su primer trabajo como pastor y predicador de la Iglesia baptista. Montgomery, la antigua capital de la Confederación durante la guerra civil de los años sesenta del siglo XIX, constituía un excelente ejemplo de cómo la vida de los negros estaba gobernada por los arbitrarios caprichos y voluntades del poder blanco. La mayoría de sus 50.000 habitantes negros trabajaban como criados al servicio de la comunidad blanca, compuesta por 70.000 habitantes, y apenas 2.000 de ellos podían ejercer el derecho al voto en las elecciones. Allí, en Montgomery, en esa pequeña ciudad del sur profundo, donde nada parecía moverse, comenzaron a cambiar las cosas el 1 de diciembre de 1955.  

Ese día por la tarde, Rosa Parks, una costurera de 42 años, cogió el autobús desde el trabajo a casa, se sentó en los asientos reservados por la ley a los blancos y, cuando el conductor le ordenó levantarse para cedérselo a un hombre blanco que estaba de pie, se negó. Dijo no porque, tal y como lo recordaba después Martin Luther King, no aguantaba más humillaciones, y eso es lo que le pedía "su sentido de dignidad y autoestima". Rosa Parks fue detenida y comenzó un boicoteo espontáneo a ese sistema segregacionista que regía en los autobuses de la ciudad. Uno de sus promotores, E. D. Nixon, pidió al joven pastor baptista, casi nuevo en la ciudad, que se uniera a la protesta.

 Y ése fue el bautismo de Martin Luther King como líder del movimiento de los derechos civiles. Unos días después, en una iglesia abarrotada de gente, King avanzó hacia el púlpito y comenzó "el discurso más decisivo" de su vida. Y les dijo que estaban allí porque eran ciudadanos norteamericanos y amaban la democracia, que la raza negra estaba ya harta "de ser pisoteada por el pie de hierro de la opresión", que estaban dispuestos a luchar y combatir "hasta que la justicia corra como el agua". 

Los 13 meses que duró el boicoteo alumbraron un nuevo movimiento social. Aunque sus dirigentes fueron predicadores negros y después estudiantes universitarios, su auténtica fuerza surgió de la capacidad de movilizar a decenas de miles de trabajadores negros. Una minoría racial, dominada y casi invisible, lideró un amplio repertorio de protestas -boicoteos, marchas a las cárceles, ocupaciones pacíficas de edificios...- que puso al descubierto la hipocresía del segregacionismo y abrió el camino a una cultura cívica más democrática. La conquista del voto por los negros sería, según percibió desde el principio Martin Luther King, "la llave para la solución completa del problema del sur". 

Pero la libertad y la dignidad para millones de negros no podían ganarse sin un desafío fundamental a la distribución existente del poder. La estrategia de desobediencia civil no violenta, predicada y puesta en práctica por Martin Luther King hasta su muerte, encontró muchos obstáculos. A John Fitzgerald Kennedy, ganador de las elecciones presidenciales de noviembre de 1960, el reconocimiento de los derechos civiles le creó numerosos problemas con los congresistas blancos del sur y trató por todos los medios de evitar que se convirtiera en el tema dominante de la política nacional. No lo consiguió, porque antes de que fuera asesinado en Dallas (Tejas) el 22 de noviembre de 1963, el movimiento se había extendido a las ciudades más importantes del norte del país y había protagonizado una multitudinaria marcha a Washington en agosto de ese año, la manifestación política más importante de la historia de Estados Unidos. 

El movimiento por los derechos civiles cosechó en los años siguientes frutos extraordinarios. Bajo el Gobierno del demócrata Lyndon Johnson, sucesor de Kennedy, la Civil Rights Act de julio de 1964, a cuya firma asistió Martin Luther King, prohibió la discriminación en el trabajo por motivos de raza o género, y los trabajadores negros y las mujeres comenzaron a rechazar el tratamiento de segunda clase que se les daba en muchas industrias y servicios. Un año después, una radical modificación del sistema electoral garantizó el derecho al voto de los negros. King se lo había pedido de forma urgente a Johnson, en una reunión que mantuvieron en la Casa Blanca tras obtener el premio Nobel de la Paz de 1964. A finales de esa década, miles de negros habían sido elegidos en el sur como alcaldes, sheriffs o legisladores de los diferentes Estados. 

No fue todo un camino de rosas. La batalla contra el racismo se llenó de rencores y odios, dejando cientos de muertos y miles de heridos. La violencia racial no era un fenómeno nuevo en la sociedad norteamericana. Pero hasta el final de la II Guerra Mundial, esa violencia había sido protagonizada por grupos de blancos armados que atacaban a los negros y por el Ku Klux Klan, la organización terrorista establecida en el sur precisamente para impedir la concesión de derechos legales a los ciudadanos negros. En los disturbios de los años sesenta, por el contrario, muchos negros respondieron a la discriminación y a la represión policial con asaltos a las propiedades de los blancos, incendios y saqueos. Las versiones oficiales y muchos periódicos culparon de la violencia y de los derramamientos de sangre a pequeños grupos de agitadores radicales, aunque posteriores investigaciones revelaron que la mayoría de las víctimas fueron negros que murieron por los disparos de las fuerzas gubernamentales. 

Con tanta violencia, la estrategia pacífica de Martin Luther King parecía tambalearse. Y frente a ella surgieron nuevos dirigentes negros con visiones alternativas. El más carismático fue un hombre llamado Malcolm X, que había visto de niño cómo el Ku Klux Klan incendiaba su casa y mataba a su padre, un predicador baptista, y que se había convertido al islamismo después de una larga estancia en prisión. Criticó el movimiento a favor de los derechos civiles, despreció la estrategia de la no violencia y sostuvo una agria disputa con Martin Luther King, al que llamó "traidor al pueblo negro". King deploró su "oratoria demagógica" y dijo estar convencido de que era ese racismo tan enfermo y profundo el que alimentaba figuras como Malcolm X. Y cuando éste fue asesinado en Harlem, en Nueva York, el 21 de febrero de 1965, por uno de sus antiguos seguidores, en un momento en el que estaba rompiendo con los dirigentes más radicales de su movimiento, King recordó de nuevo que "la violencia y el odio sólo engendran violencia y odio".  Algo no funcionaba, sin embargo, en aquel capitalismo que generaba profundas desigualdades económicas y el discurso de Martin Luther King se endureció, incorporó explícitas apelaciones a la lucha de clases y pidió una radical redistribución del poder, una "justicia compensatoria" para rectificar las consecuencias sobre la población negra de generaciones de exclusión y desposeimiento. El eco de su voz traspasó las fronteras del sur y los barrios negros, para sonar con fuerza entre los hispanos, los blancos pobres, todos los marginados y olvidados de la sociedad norteamericana. Desde la primavera de 1967, ese compromiso a favor de la causa de los pobres coincidió, además, con un enérgico rechazo a la guerra de Vietnam, a la brutalidad de una contienda que llamaba a los negros a sacrificarse por una democracia que ellos "nunca habían experimentado". 

Para muchos de sus antiguos aliados liberales, Martin Luther King ya no era sólo el defensor de los derechos civiles, sino un peligroso subversivo. King lo percibió, admitió ante los periodistas que en "una revolución social no siempre se puede retener el apoyo de los moderados", que "las clases privilegiadas nunca abandonan sus privilegios sin una fuerte resistencia". Y comenzó a mostrarse triste, abandonado, a temer una reacción derechista, a sentir miedo a la muerte, él que había sufrido la cárcel, varios atentados fallidos, incontables humillaciones. 

El miércoles 3 de abril de 1968 llegó a Memphis (Tennessee) para apoyar una huelga de basureros negros. Esa misma noche, en el que sería su último discurso, les dijo que conseguirían "la Tierra Prometida". Al día siguiente, por la tarde, en el balcón de su habitación del hotel Loraine, un solo disparo acabó con su vida. Tenía 39 años. El asesino, un hombre blanco que se había escapado de la prisión, se llamaba James Earl Ray. Cuando se conoció su muerte, la rabia y la violencia se propagaron en forma de disturbios por más de un centenar de ciudades, el final amargo de una era de sueños y esperanzas. Lo dijo su padre, el predicador baptista que le había inculcado los valores de la dignidad y de la justicia: "Fue el odio en esta tierra el que me quitó a mi hijo". - 

"Yo tengo un sueño"...conmemoran el cuadragésimo aniversario del asesinato del activista de derechos civiles estadounidense Martin Luther King Jr

Un grupo de personas marcha hacia el motel de Memphis donde fue asesinado Martin Luther King
Los estadounidenses han conmemorado  el cuadragésimo aniversario del asesinato del activista de derechos civiles estadounidense Martin Luther King Jr, el carismático luchador por la igualdad racial, galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1964, autor del célebre discurso Yo tengo un sueño (I have a dream) y cuyo rostro se ha convertido en uno de los iconos de los movimientos antisegregacionistas de todo el mundo.

Todo comenzó con un simple incidente aparentemente inocuo. El 1 de diciembre de 1955, en la ciudad de Montgomery (Alabama), una costurera afroamericana de 42 años, Rosa Lee Parks, se negó a ceder su asiento en el autobús a un blanco que le había exigido que se levantara. Por entonces, los reglamentos existentes desde la Guerra Civil estadounidense obligaban a la separación de razas en los autobuses, restaurantes e instalaciones públicas en el sur, mientras que la discriminación racial mantenía a muchos afroamricanos sin acceso a barrios y empleos en el norte del país. 

Su negativa a humillarse le costó a Park la prisión. "La verdadera razón por la que no me levanté fue que sentí que tenía derecho a ser tratada como cualquier otro pasajero. Habíamos sufrido este tipo de trato demasiado tiempo", declaró ella misma en 1992. "Se mantuvo sentada para que nosotros pudiéramos levantarnos", declaró el veterano activista por los derechos civiles Jesse Jackson tras su fallecimiento, en octubre de 2005. 

Parecía un simple incidente, pero su acto de desobediencia civil había abierto la espita. Como consecuencia de la condena a Park, la población negra declaró el boicot a los transportes públicos. El líder del movimiento era el por entonces desconocido pastor baptista Martin Luther King, elegido con sólo 26 años de edad presidente de la Asociación por la Reforma de Montgomery. 

Había comenzado el movimiento por los derechos civiles y contra la segregación racial. El boicot duró 386 días, durante los cuales la población negra se mantuvo firme en sus protestas no violentas y organizó su propio sistema alternativo de transportes. Al final, una sentencia del Tribunal Supremo estableció que la separación en los transportes públicos de Montgomery era ilegal e impuso la integración. 

"Yo tengo un sueño" 

En la senda de esta movilización surgió la figura de Luther King. Nacido en enero de 1929 en Atlanta (Georgia), en 1957 creó la Conferencia Sureña del Liderazgo Cristiano (SCLC) para luchar por los derechos civiles de la población negra. Con esta plataforma de acción y mediante su estrategia de no violencia activa, inspirada en el pacifismo de Mahatma Gandhi y en la teoría de la desobediencia civil de Henry David Thoreau, King se implicó desde principios de los años sesenta en sucesivos movimientos de protesta que le hicieron víctima de una campaña de espionaje ordenada por el director de la Policía Federal (FBI), Edgar Hoover. 

Pese a todo, King siguió implicándose en sucesivas movilizaciones en Albany (Georgia, entre 1961 y 1962), Birmingham (Alabama, en 1963, tras la cual fue encarcelado) y en Saint Augustine (Florida, 1964). En marzo de 1965 organizó una serie de manifestaciones en Selma, en Montgomery, la primera de las cuales concluyó con el llamado 'Domingo sangriento' debido a la brutalidad de la Policía. 

Su figura adquirió notoriedad histórica el 28 de agosto de 1963 con su famoso discurso. "Yo tengo un sueño. Sueño que mis cuatro pequeños hijos vivirán un día en un país donde no se los juzgará por el color de su piel, sino por la naturaleza de su carácter", afirmaba ese día ante 250.000 personas reunidas en Washington. Esa masiva manifestación para reclamar derechos civiles concluyó con una recepción en la Casa Blanca ante el presidente John Fitzgerald Kennedy. En octubre de 1964, Luther King se convirtió, con 35 años, en el premio Nobel más joven de la historia. En 1965, un año después del galardón, los Estados sureños abolieron algunas de las leyes discriminatorias contra la población de color. 

El 4 de abril de 1968, mientras preparaba una manifestación en apoyo del sindicato de los basureros negros de Memphis, Martin Luther King fue asesinado. El autor confeso del crimen, James Earl Ray, un preso blanco recién escapado de la prisión, fue condenado a 99 años de cárcel. No obstante, se retractó de su confesión muy pocos días después y hasta su muerte en 1998 insistió en todo momento en su inocencia, una lucha en la cual contó con el apoyo de la propia familia de Luther King. 

A su funeral asistieron Aretha Franklin, Sammy Davis Junior, Harry Belafonte, Bill Cosby, Diana Ross, The Supremes y Stevie Wonder, entre otros artistas negros. No obstante, los medios de comunicación estadounidenses sólo informaron de la presencia de la familia Kennedy, de Paul Newman, de Marlon Brando o del entonces precandidato presidencial Richard Nixon, todos ellos de raza blanca. En 1986, el Gobierno estableció el Día Nacional por Martin uther King, que se habría de celebrar el tercer lunes de enero de cada año. Coretta Scott King, la viuda de Martin Luther King, falleció en enero de 2006 a los 78 años. Se había casado con el activista en 1953 y siempre había estado a su lado durante los días más tumultuosos del movimiento por los derechos civiles.