Richard Widmark detestaba la violencia y lamentaba la evolución del cine estadounidense, del que afirmó en una ocasión que estaba dirigido por "ejecutivos sin dignidad alguna".



Abby Mann, el guionista de la galardonada película estadounidense 'Juicio en Nuremberg' murió en Los Angeles (California) de un paro cardíaco a los 80 años, anunció un portavoz del Sindicato de Guionistas de EEUU.
El deceso el martes pasado de Mann, un guionista para películas del cine y la televisión, se conoció 24 horas después del fallecimiento de Richard Widmark, uno de los principales actores de esa película rodada en 1961 y ganadora de un Oscar.
Además de 'Juicio en Nuremberg', en una carrera que se extendió más de 50 años, Mann escribió los guiones para éxitos de la televisión como 'The Marcus-Nelson Murders', en 1973 y 'Murderers Among Us: The Simon Wiesenthal Story', en 1989.
En 'The Marcus-Nelson Murders', Mann presentó al detective Kojac, un personaje interpretado por el fallecido Telly Savalas que se hizo tan popular que llevó a la creación de una exitosa serie de televisión.
Hijo de inmigrantes judíos rusos, Mann nació en Filadelfia (Pensilvania) el 1 de diciembre de 1927 y también fue escritor, productor y director de varias películas.Según el diario 'Los Ángeles Times', durante su carrera Mann se mostró especialmente crítico del sistema de justicia de Estados Unidos.
Le sobreviven su viuda y un hijo.
Tom Cruise es hoy una superestrella, Matt Dillon y Diane Lane optaron en el siglo XXI por primera vez al Óscar, Rob Lowe se recupera en la televisión, Emilio Estévez gana puntos como director de cine y Patrick Swayze lucha contra el cáncer.
Son "The Outsiders" veinticinco años después. Esta película, estrenada el 25 de marzo de 1983, era la respuesta radical de Francis Ford Coppola a su batacazo comercial de "One From The Heart", gran y carísimo capricho personal que le obligó a reclutar un reparto joven y anónimo que, sin embargo, se convertiría en una nueva generación de estrellas y en el germen del "brat pack". Ni Brando, ni De Niro, ni Pacino. Coppola creó una suerte de incubadora en la que se formaban los talentos de Tom Cruise, Matt Dillon, Diane Lane, Rob Lowe y Emilio Estévez, entre los más afortunados, y Ralph Macchio y C.Thomas Howell que, partiendo de la misma base, no cumplieron las expectativas.
El término, traducible como "hatajo de mocosos", lo acuñó en 1985 un periodista del New Yorker, haciendo clara referencia al "rat pack" que en los cincuenta lideraba Frank Sinatra.
Pero los ochenta eran distintos. Se había perdido la batalla de los ideales, el amor libre entraba en las rejas del sida y los yuppies engominados tomaban el relevo de los hippies sin peinar. La juventud buscaba nuevas referencias y Coppola, tomando el libro de Susan Eloise Hinton, las sirvió en bandeja.
Él pertenecía a otra generación y había encadenado en los setenta éxitos como las dos entregas de "The Godfather" y "Apocalypse Now", pero tras perder la confianza de los grandes estudios, se erigió como cazatalentos y exploró la marginalidad más refrescante.
"The Outsiders" tuvo su reverso ese mismo año en "Rumble Fish" y mientras la primera se convertía en un éxito sorpresa en las taquillas, la segunda lo hacía en los círculos de culto, con su melancólico blanco y negro interrumpido por unos peces de colores y con su legendario "chico de la moto", encarnado por el efímero Mickey Rourke.
Y es que los ochenta, la década caduca por excelencia, dejaron sabores agridulces para el "brat pack".
Cruise y Lowe se disputaron a las adolescentes de la época y fue el actor de "Top Gun" el que salió victorioso, no sólo porque su extraordinario tirón en taquilla y sus tres candidaturas al Óscar le han convertido en un astro de Hollywood, sino porque Lowe vio su carrera truncada inesperadamente.
El actor, que participó en otras cintas clave del fenómeno "brat pack" como "St. Elmo's Fire" (1985), fue un "pionero" en los escándalos de las "sex tape" y en 1988 se difundió una grabación de sus relaciones sexuales con una mujer que resultó ser menor de edad.
Él tenía veinticuatro años y a la polémica sexual siguieron las drogas y el alcohol. Poco a poco, sin embargo, ha ido reconstruyendo su trayectoria en la televisión con prestigiosas series como "The West Wing".
Matt Dillon volvió a Coppola en "Rumble Fish", y, aunque nunca estuvo en la primera línea, ha mantenido el tintineo de su estrellato gracias a dosis de prestigio o éxito comercial: "Durgstore Cowboy" (1989), "There's Something About Mary" (1998) y "Crash" (2005), por la que optó al Óscar.
Con tres proyectos en cartera, se unirá a Kate Beckinshale en "Nothing but the Truth", a Robin Williams y John Travolta en "Old Dogs" y a Laurence Fishburne -su compañero en "Rumble Fish"- en "Armored".
Diane Lane también prolongó su vínculo con Coppola en "Rumble Fish" y "Cotton Club" (1984), pero se perdió en cintas mediocres hasta que vivió recientemente una segunda juventud gracias a su inesperada candidatura al Óscar por "Infiel" (2002), que le mantiene ahora activa en estrenos comerciales como "Jumper" y "Untraceable".
Emilio Estévez, en cambio, aunque siguió como su padre -Martin Sheen- y su hermano -Charlie Sheen- su carrera de actor, destaca ahora por su labor tras las cámaras, especialmente tras "Bobby" (2006), un galardonado relato coral hilado por el asesinato de Robert Kennedy.
Patrick Swayze, que encadenó los enormes éxitos comerciales de "Dirty Dancing" (1987) y "Ghost" (1990), cayó en el olvido hasta que, tristemente, ha vuelto a ser noticia debido al cáncer de páncreas que le han diagnosticado este mismo mes.
Ralph Macchio, que se haría popular en la serie B como "Karate Kid", trasladó su éxito a las tablas con "Cómo triunfar en los negocios sin dar golpe", un título que no se ha correspondido con su posterior trayectoria: ha realizado muchos papeles y con escaso reconocimiento, al igual que su compañero C. Thomas Howell.
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Richard Widmark (derecha) y Maximilian Schell, en una escena de '¿Vencedores o vencidos?
El actor estadounidense Richard Widmark, famoso por su actuación en El beso de la muerte (1947), donde encarnaba a un psicópata, ha muerto a los 93 años tras una larga enfermedad, según informan medios americanos. El actor ha participado en muchos de los clásicos de Hollywood, como El álamo, Asesinato en el Orient Express, ¿Vencedores o vencidos? o Noche en la ciudad. Widmark, que debutó en el cine en 1947 con El beso de la muerte, cinta por la que logró el Globo de Oro y su única candidatura al Oscar -como mejor actor secundario-, actuó en más de 70 películas a lo largo de más de cuatro décadas. Ese papel, el del asesino Tommy Udo, que además fue su debut, lo convirtió en todo un icono del cine. "El sadismo de ese personaje, la risa inquietante (...) convirteron a Widmark en la persona má terrorífica de la gran pantalla", escribió el crítico David Thompson en The Biographical Dictionary of Film. "¡Esa maldita risa mía!", dijo el actor en 1961. "Durante los dos años siguientes a la película, no me permitieron ni sonreír. El personaje era una bestia ridícula". En el filme, el personaje de Widmark ataba a una anciana en su silla de ruedas con el cable de una lámpara y la empujaba a la muerte tras tirarla por unas escaleras. Durante la década de 1950 se caracterizó por sus papeles en westerns, cintas bélicas y de suspense, aunque fue a partir de los 60 cuando su popularidad creció gracias a papeles en El Alamo, de John Wayne, y ¿Vencedores o vencidos?, de Stanley Kramer. Más tarde apareció en Asesinato en el Orient Express), de Sidney Lumet, y volvería a trabajar con Kramer en Del presidio a primera página. Su último trabajo en la gran pantalla fue True colors, en 1991, junto a John Cusack.Scofield deja a su esposa y sus hijos.

En la fotografía se ve a una Jennifer López radiante, con el pelo recogido, y con sus dos hijos en brazos: Max, el varón, vestido en color azul celeste y Emme, la niña, en blanco.
En la entrevista, según explica People, la artista habla sobre lo que se siente al ser madre, el peso que ganó y los rumores acerca de su hipotética infertilidad. En un vídeo que publicó la publicación al respecto, se asegura que López "luce estupenda" a pesar de que engordó 22 kilos durante el embarazo. "Ahora mismo ha perdido la mayor parte de ese peso pero no tiene ninguna prisa por hacerlo por completo", dijo Peter Castro, quien entrevistó a la pareja. "Ha tardado tanto y le ha costado tanto quedarse embarazada que al principio no se lo creía", aseguró Castro, que indicó que la artista ordenó a una asistente que le comprara hasta tres tests de embarazo más cuando ya sabía la noticia. El periodista relató que en el hogar del matrimonio hay dos enfermeras y un par de asistentes para el cuidado de la madre y de sus hijos."A pesar de ello, hacen gran parte del trabajo y se quedan hasta las seis de la mañana para dar de comer a sus bebés", sostuvo Castro en alusión a la pareja. Por último, afirmó que la cantante vive ahora mismo "el momento más mágico de su vida".
"Tras haber cumplido 90 órbitas alrededor del Sol no me quedan demasiados reproches ni ambiciones", afirmaba Arthur C. Clarke el pasado 9 de diciembre en un mensaje en vídeo grabado para su legión de seguidores en su residencia de Colombo (Sri Lanka). El autor de Cita con Rama parecía estar preparándose para la inevitable despedida que se ha consumado esta misma madrugada: con su fallecimiento desaparece el último de los que, en los años setenta, fueron bautizados como Los Tres Grandes -los otros dos fueron Isaac Asimov y Robert Heinlen- de la ciencia-ficción moderna.
En su mensaje, Clarke dejaba en el aire tres deseos: "Que la humanidad reciba alguna evidencia de la vida extraterrestre; que abandone su adicción al petróleo a favor de otras energías más limpias; y que el conflicto que divide Sri Lanka llegue a su fin y se imponga la paz".
Nacido en 1917 en la localidad inglesa de Minehead (Somerset) y residente en Sri Lanka desde 1956, Arthur C. Clarke escribió perdurables páginas en la historia de la ciencia-ficción armonizando un firme optimismo por las potencialidades redentoras de la tecnología y un sentido místico capaz de trascender la base científica de sus historias.
La creencia en que los avances científicos podían mejorar a la humanidad recorrió su obra. En ese postrer mensaje en vídeo del pasado diciembre, Clarke transmitía su entusiasmo por las posibilidades del vuelo espacial comercial y por la capacidad de la telefonía móvil de convertirnos en una gran familia global.
En 1945, el escritor fue una voz pionera al presagiar que el futuro de las telecomunicaciones pasaba por el desarrollo de los satélites geoestacionarios. En uno de sus relatos breves también intuyó lo que más tarde se hizo realidad bajo el nombre de Internet. 2001, una odisea del espacio (1968), el clásico de Stanley Kubrick que redefinió la ciencia-ficción cinematográfica, partió de un relato escrito por Clarke en 1951 -El centinela- que, más tarde, crecería hasta convertirse en novela.
Con todo, no es ese trabajo literario el que los expertos consideran su mayor logro: El fin de la infancia (1953), La ciudad y las estrellas (1956) o Cita con Rama (1973) fueron quizás sus trabajos más influyentes. Especialmente apreciada por C. S. Lewis, El fin de la infancia narraba la trascendencia de la raza humana hacia un nivel superior de existencia bajo la mirada de unos poderosos extraterrestres -los Superseñores- con inquietante forma de demonios.
"Es un mito religioso universal para una época científica, el relato de un benigno Juicio Final en el cual las puertas de la Ciudad de Dios están abiertas a todos", escribió el erudito David Pringle a propósito de la novela en su fundamental Las 100 Mejores Novelas de Ciencia-Ficción (Minotauro). El descubrimiento de la realidad y sus misterios más allá de los límites de la última ciudad sobre la Tierra articulaba la trama de La ciudad y las estrellas. El cineasta David Fincher (Zodiac, Seven) tiene entre sus proyectos futuros una ambiciosa adaptación de Cita con Rama.