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Manuel Hernández Villeta

cine

Richard Widmark detestaba la violencia y lamentaba la evolución del cine estadounidense, del que afirmó en una ocasión que estaba dirigido por "ejecutivos sin dignidad alguna".

El actor Richard Widmark, en Nueva York, en 1967. (Foto: AP/Universal Pictures)

La primera aparición en un filme de Richard Widmark fue todo un tributo al cine negro, género a cuyo prestigio contribuyó en multitud de ocasiones a lo largo de su prolífica carrera. Su encarnación de Tommy Udo será recordada por las terrórificas palabras con las que empujaba a una anciana paralítica desde lo alto de una escalera en El beso de la muerte El beso de la muerte (Kiss of Death, 1947) de Henry Hathaway.   Hathaway no estaba convencido de que el perfil físico de Widmark pudiera transmitir con fidelidad las características del personaje, pero el director acabó por darle una oportunidad tras la insistencia del patrón de la 20th Century Fox, Darryl Zanuck. 

De una forma simbólica, ese empujón, cuya sordidez amplificó el actor con una malévola risa, serviría para precipitar el lanzamiento al estrellato del actor estadounidense, fallecido el lunes a la edad de 93 años. A partir de su papel en 'El beso de la muerte', por el que recibió su primera nominación al Oscar como mejor actor secundario, Widmark firmó un contrato con los estudios de Zanuck por siete años. 

Los inicios de su carrera dramática están ligados al teatro, por el que sentía una auténtica pasión, que le llevaría a dar clases de dicción a los 24 años en la universidad de Lake Forrest. Su primera aparición en un escenario se produjo en plena Segunda Guerra Mundial. En 1943, el actor, que se había librado del servicio militar obligatorio al tener un tímpano perforado, participó en el montaje de 'Kiss and Tell, estrenado en Broadway en 1943. 

Cuatro años después vendría su aparición estelar en el filme de Hathaway, al que siguieron más de 70 películas y series de televisión que lo convirtieron en una leyenda de Hollywood. Entre otros realizadores, Widmark trabajó con Joseph L. Mankiewicz, John Ford, Otto Preminger, Sidney Lumet, Elia Kazan, Vincente Minelli... 

En su trabajo, el actor de Minnesota supo aportar a sus personajes la profundidad y la maleabilidad que requería la diversidad de roles, ya fuera el malvado arquetípico, el detective, el héroe militar o el vaquero rudo. 

De talante independiente, fue uno de los primeros actores que decidió participar en la producción de algunas de sus películas para controlar los diferentes aspectos de su carrera profesional, y también una de las grandes estrellas de Hollywood en dar el salto a la pequeña pantalla en la serie policiaca 'Madigan' (1971). 

Su única incursión en la dirección fue con la película The Secret Ways (1961), donde compartió la realización —que no los créditos— con Phil Karlson. 

Crítico con el 'star-system'

Demócrata convencido, Widmark se licenció en Derecho y Ciencias Políticas y desarrollaría sus ideas políticas durante un viaje en bicicleta por Europa, al atravesar la Alemania nazi. 

Detestaba la violencia y lamentaba la evolución del cine estadounidense, del que afirmó en una ocasión que estaba dirigido por "ejecutivos sin dignidad alguna". Renunció a comerciar con su vida privada y se mantuvo alejado de los focos de la prensa y el star-system. 

A la edad de 76 años, decidió poner punto y final a una exitosa carrera profesional por la que ha sido comparado con John Wayne y Robert Mitchum. 

La revista 'Hollywood Reporter' dio noticia del fallecimiento de Richard Widmark el pasado día 24 en su hogar de Roxbury (Connecticut, EEUU), donde vivía retirado desde hace 1990 con su segunda esposa, Susan Blanchard.

Muere Abby Mann el guionista de Koyac y Juicio en Nuremberg

Abby Mann. (Foto: AP)

Abby Mann, el guionista de la galardonada película estadounidense 'Juicio en Nuremberg' murió en Los Angeles (California) de un paro cardíaco a los 80 años, anunció un portavoz del Sindicato de Guionistas de EEUU. 

 El deceso el martes pasado de Mann, un guionista para películas del cine y la televisión, se conoció 24 horas después del fallecimiento de Richard Widmark, uno de los principales actores de esa película rodada en 1961 y ganadora de un Oscar.

  Además de 'Juicio en Nuremberg', en una carrera que se extendió más de 50 años, Mann escribió los guiones para éxitos de la televisión como 'The Marcus-Nelson Murders', en 1973 y 'Murderers Among Us: The Simon Wiesenthal Story', en 1989.

  En 'The Marcus-Nelson Murders', Mann presentó al detective Kojac, un personaje interpretado por el fallecido Telly Savalas que se hizo tan popular que llevó a la creación de una exitosa serie de televisión. 

Hijo de inmigrantes judíos rusos, Mann nació en Filadelfia (Pensilvania) el 1 de diciembre de 1927 y también fue escritor, productor y director de varias películas. 

Según el diario 'Los Ángeles Times', durante su carrera Mann se mostró especialmente crítico del sistema de justicia de Estados Unidos. 

 Le sobreviven su viuda y un hijo.

"The Outsiders" veinticinco años después..Una nueva guerra, y la juventud sumergida en la violencia de los arrabales

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Tom Cruise es hoy una superestrella, Matt Dillon y Diane Lane optaron en el siglo XXI por primera vez al Óscar, Rob Lowe se recupera en la televisión, Emilio Estévez gana puntos como director de cine y Patrick Swayze lucha contra el cáncer.

  Son "The Outsiders" veinticinco años después.  Esta película, estrenada el 25 de marzo de 1983, era la respuesta radical de Francis Ford Coppola a su batacazo comercial de "One From The Heart", gran y carísimo capricho personal que le obligó a reclutar un reparto joven y anónimo que, sin embargo, se convertiría en una nueva generación de estrellas y en el germen del "brat pack".  Ni Brando, ni De Niro, ni Pacino. Coppola creó una suerte de incubadora en la que se formaban los talentos de Tom Cruise, Matt Dillon, Diane Lane, Rob Lowe y Emilio Estévez, entre los más afortunados, y Ralph Macchio y C.Thomas Howell que, partiendo de la misma base, no cumplieron las expectativas. 

El término, traducible como "hatajo de mocosos", lo acuñó en 1985 un periodista del New Yorker, haciendo clara referencia al "rat pack" que en los cincuenta lideraba Frank Sinatra. 

Pero los ochenta eran distintos. Se había perdido la batalla de los ideales, el amor libre entraba en las rejas del sida y los yuppies engominados tomaban el relevo de los hippies sin peinar. La juventud buscaba nuevas referencias y Coppola, tomando el libro de Susan Eloise Hinton, las sirvió en bandeja. 

Él pertenecía a otra generación y había encadenado en los setenta éxitos como las dos entregas de "The Godfather" y "Apocalypse Now", pero tras perder la confianza de los grandes estudios, se erigió como cazatalentos y exploró la marginalidad más refrescante. 

"The Outsiders" tuvo su reverso ese mismo año en "Rumble Fish" y mientras la primera se convertía en un éxito sorpresa en las taquillas, la segunda lo hacía en los círculos de culto, con su melancólico blanco y negro interrumpido por unos peces de colores y con su legendario "chico de la moto", encarnado por el efímero Mickey Rourke. 

Y es que los ochenta, la década caduca por excelencia, dejaron sabores agridulces para el "brat pack". 

Cruise y Lowe se disputaron a las adolescentes de la época y fue el actor de "Top Gun" el que salió victorioso, no sólo porque su extraordinario tirón en taquilla y sus tres candidaturas al Óscar le han convertido en un astro de Hollywood, sino porque Lowe vio su carrera truncada inesperadamente. 

El actor, que participó en otras cintas clave del fenómeno "brat pack" como "St. Elmo's Fire" (1985), fue un "pionero" en los escándalos de las "sex tape" y en 1988 se difundió una grabación de sus relaciones sexuales con una mujer que resultó ser menor de edad. 

Él tenía veinticuatro años y a la polémica sexual siguieron las drogas y el alcohol. Poco a poco, sin embargo, ha ido reconstruyendo su trayectoria en la televisión con prestigiosas series como "The West Wing". 

Matt Dillon volvió a Coppola en "Rumble Fish", y, aunque nunca estuvo en la primera línea, ha mantenido el tintineo de su estrellato gracias a dosis de prestigio o éxito comercial: "Durgstore Cowboy" (1989), "There's Something About Mary" (1998) y "Crash" (2005), por la que optó al Óscar. 

Con tres proyectos en cartera, se unirá a Kate Beckinshale en "Nothing but the Truth", a Robin Williams y John Travolta en "Old Dogs" y a Laurence Fishburne -su compañero en "Rumble Fish"- en "Armored". 

Diane Lane también prolongó su vínculo con Coppola en "Rumble Fish" y "Cotton Club" (1984), pero se perdió en cintas mediocres hasta que vivió recientemente una segunda juventud gracias a su inesperada candidatura al Óscar por "Infiel" (2002), que le mantiene ahora activa en estrenos comerciales como "Jumper" y "Untraceable". 

Emilio Estévez, en cambio, aunque siguió como su padre -Martin Sheen- y su hermano -Charlie Sheen- su carrera de actor, destaca ahora por su labor tras las cámaras, especialmente tras "Bobby" (2006), un galardonado relato coral hilado por el asesinato de Robert Kennedy. 

Patrick Swayze, que encadenó los enormes éxitos comerciales de "Dirty Dancing" (1987) y "Ghost" (1990), cayó en el olvido hasta que, tristemente, ha vuelto a ser noticia debido al cáncer de páncreas que le han diagnosticado este mismo mes. 

Ralph Macchio, que se haría popular en la serie B como "Karate Kid", trasladó su éxito a las tablas con "Cómo triunfar en los negocios sin dar golpe", un título que no se ha correspondido con su posterior trayectoria: ha realizado muchos papeles y con escaso reconocimiento, al igual que su compañero C. Thomas Howell.

 

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Diversos directores continuarán filmando trabajos dejó inconclusos Anthony Minghella

Anthony Minghella, junto a su esposa, en los Globos de Oro de 1996. (Foto: AFP)

El mundo del cine no ha escatimado en homenajes y reconocimientos al director Anthony Minghella, fallecido la semana pasada. Ahora, el cineasta indio Shekhar Kapur presenta su admiración a su amigo y terminará de grabar el corto que no pudo grabar pero que dejó escrito.  Otros grandes de la cámara, como Woody Allen, o noveles, como la actriz Scarlett Johansson, rodarán distintos cortos de la serie episódica 'New York, I Love You' truncada por la muerte.  Kapur, realizador de 'Elizabeth' y su secuela 'Elizabeth: La edad de oro', dirigirá un segmento de la película episódica 'New York, I Love You', que Minghella ya había escrito. "Dirigiré la película con Anthony en mi corazón y en presencia de su espíritu", ha escrito Kapur en su página web. 

Kapur dijo que Minghella le pidió personalmente que dirigiera la película, días antes de ingresar en el hospital para ser operado de un cáncer de amígdalas y cuello. 

Minghella, ganador de varios Oscar por 'El paciente inglés' y director de películas como Cold Mountain, escribió el corto y tenía previsto rodarlo el mes que viene en Manhattan. "Me dijo que su película trataba acerca del valor de la vida, y de cómo las personas a veces malgastan sus vidas incapaces de mirar más allá y de ver su belleza", escribió Kapur en su blog. 

"Anthony estaba totalmente alerta y consciente de su propia mortalidad en ese momento, y, tal como lo conocía, valoraba la vida de una forma creativa y compasiva", añadió. El director y guionista de 54 años murió como consecuencia de una "hemorragia fatal" en Londres el 18 de marzo después de la operación. 

Otros directores que participarán en este filme episódico son Mira Nair, Brett Ratner, Woody Allen y Zach Braff. 

La actriz Scarlett Johansson debutará en la dirección en este proyecto y será uno de los 12 directores que realizarán un corto de cinco minutos cada uno sobre "el tema universal de encontrar el amor".

Muere Richard Widmark, una leyenda como actor secundario

Richard Widmark (derecha) y Maximilian Schell, en una escena de '¿Vencedores o vencidos?'. 

Richard Widmark (derecha) y Maximilian Schell, en una escena de '¿Vencedores o vencidos?

El actor estadounidense Richard Widmark, famoso por su actuación en El beso de la muerte (1947), donde encarnaba a un psicópata, ha muerto a los 93 años tras una larga enfermedad, según informan medios americanos. El actor ha participado en muchos de los clásicos de Hollywood, como El álamo, Asesinato en el Orient Express, ¿Vencedores o vencidos? o Noche en la ciudad.  Widmark, que debutó en el cine en 1947 con El beso de la muerte, cinta por la que logró el Globo de Oro y su única candidatura al Oscar -como mejor actor secundario-, actuó en más de 70 películas a lo largo de más de cuatro décadas. Ese papel, el del asesino Tommy Udo, que además fue su debut, lo convirtió en todo un icono del cine. 

"El sadismo de ese personaje, la risa inquietante (...) convirteron a Widmark en la persona má terrorífica de la gran pantalla", escribió el crítico David Thompson en The Biographical Dictionary of Film. "¡Esa maldita risa mía!", dijo el actor en 1961. "Durante los dos años siguientes a la película, no me permitieron ni sonreír. El personaje era una bestia ridícula". En el filme, el personaje de Widmark ataba a una anciana en su silla de ruedas con el cable de una lámpara y la empujaba a la muerte tras tirarla por unas escaleras. 

Durante la década de 1950 se caracterizó por sus papeles en westerns, cintas bélicas y de suspense, aunque fue a partir de los 60 cuando su popularidad creció gracias a papeles en El Alamo, de John Wayne, y ¿Vencedores o vencidos?, de Stanley Kramer. Más tarde apareció en Asesinato en el Orient Express), de Sidney Lumet, y volvería a trabajar con Kramer en Del presidio a primera página. 

Su último trabajo en la gran pantalla fue True colors, en 1991, junto a John Cusack. 

Muere actor de teatro y cine Paul Scofield

 El actor británico Paul Scofield posa en su rol protagónico como Tomás Moro en una obra de teatro
Paul Scofield, destacado actor británico de teatro que alcanzó fama internacional y obtuvo un premio de la Academia con el filme "A Man for All Seasons", falleció. Tenía 86 años. Scofield murió el miércoles en un hospital cerca de su casa en el sur de Inglaterra, dijo su agente Rosalind Chatto. Padeció de leucemia.   Hizo pocas películas aun después de ganar un Oscar por su interpretación del estadista de la Casa de Tudor Sir Thomas More en 1966. Fue actor de teatro por inclinación y por dotes, que incluyeron un rostro dramático de facciones muy marcadas y una voz inolvidable comparada con el encendido de un Rolls Royce o el ruido sordo de un cañón de órgano. 

Aun su gran papel cinematográfico siguió a una obra teatral: la producción londinense de "A Man for All Seasons", que protagonizó durante nueve meses. En 1961 también trabajó en una puesta de la producción en Nueva York, donde obtuvo reseñas extraordinarias así como un premio Tony. 

"Con magnificencia, Scofield se sumerge en su papel, lo minimiza y de algún modo muestra los pensamientos íntimos de un hombre destinado a la santidad", escribió la revista Time. 

El actor Richard Burton, una vez considerado el heredero natural de Laurence Olivier y John Gielgud en las tablas británicas, dijo que fue Scofield quien merecía el sitial. "De los 10 grandes momentos del teatro, ocho son de Scofield", afirmó. 

Scofield fue un astro inusual: un hombre de familia que pasó la mayor parte de su vida a pocas millas de su ciudad natal en el sur de Inglaterra y que corría a casa al salir del trabajo para reunirse con su esposa y sus hijos. No buscó la atención pública, dio pocas entrevistas y a veces parecía necesitar ser persuadido para atreverse a salir, incluso al teatro que tanto quería. 

Sin embargo, en 1992 insistió en una entrevista con The Sunday Times que "mi soledad es un mito.... Sí, he rechazado muchos trabajos. A mi edad uno debe ser selectivo, pero la idea de que ya no me pueden molestar para actuar es absurda. Actuar es lo único que sé hacer. Un actor: eso es todo lo que soy". 

Según reportes, a Scofield se le ofreció el título de caballero, pero lo rechazó. "Simplemente no es un aspecto de la vida que quisiera", dijo una vez. "Si uno quiere un título, ¿qué tiene de malo el de Sr.?" 

En el 2001, empero, fue nombrado Compañero de Honor, uno de los principales honores del país, limitado a 65 personas en vida. Su temperamento, de igual modo, era inesperado para un actor que permaneció en la cima de su profesión. 

"Es un hombre tan bueno, tan humano y decente, y curiosamente desprovisto de ego", dijo el director Richard Eyre, ex director artístico del Teatro Nacional de Gran Bretaña. "Todo el orgullo que tiene se canaliza a través de lo que hace brillantemente". 

David Paul Scofield nació el 21 de enero de 1922 en el pueblo en Hurstpierpoint, a 12 kilómetros de la costa sur de Inglaterra. Cuando se casó con la actriz Joy Parker en 1943, la pareja se estableció apenas a 16 kilómetros al norte, en el pueblo de Balcombe, donde tuvieron un hijo y una hija y donde Scofield estaba a una distancia cómoda del circuito teatral londinense West End. 

Scofield estudió en la Escuela de Teatro Croydon Repertory y en la Mask Theater School de Londres previo a la Segunda Guerra Mundial. Excluido del servicio militar por razones médicas, salió de gira en obras teatrales, entreteniendo a las tropas y actuando alrededor del país. 

Durante los años 40 trabajó en Londres y Stratford, en obras de Shakespeare, Shaw, Steinbeck y Chekhov. Como veinteañero, trabajó con el director Peter Brook, con quien salió de gira como Hamlet en 1955. La colaboración incluyó la adaptación teatral de "The Power and the Glory" de Graham Greene en 1956, y Gielgud dijo que la de Scofield fue la mejor actuación. 

Al gran éxito de "A Man for All Seasons" siguió otro en 1979: el papel de Salieri en "Amadeus". Sus últimas apariciones en las tablas incluyeron "Heartbreak House" en 1992 y la producción del Teatro Nacional de "John Gabriel Borkman" de Ibsen en 1996. 

Su filmografía incluye "A Delicate Balance" de Edward Albee en 1974, la producción de Kenneth Branagh de "Henry V" en 1989, en la que interpretó al rey de Francia; "Quiz Show", la cinta de Robert Redford sobre un escándalo televisivo en los años 50, en el que hizo el papel del poeta Mark Van Doren; y la adaptación de 1996 de la obra de Arthur Miller "The Crucible". 

Scofield deja a su esposa y sus hijos.

Jennifer López junto a sus dos mellizos, Max y Emme

Jennifer López, Max & Emme

La revista People muestra en la portada de su próximo número a Jennifer López junto a sus dos mellizos, Max y Emme, nacidos el 22 de febrero de su matrimonio con el cantante y actor puertorriqueño Marc Anthony.  La publicación, que dedica 12 páginas a la pareja con sus bebés, nacidos en Long Island (Nueva York, EE.UU.), adelantó  en su edición digital una fotografía del reportaje en la residencia del matrimonio.

En la fotografía se ve a una Jennifer López radiante, con el pelo recogido, y con sus dos hijos en brazos: Max, el varón, vestido en color azul celeste y Emme, la niña, en blanco.

   En la entrevista, según explica People, la artista habla sobre lo que se siente al ser madre, el peso que ganó y los rumores acerca de su hipotética infertilidad.  

En un vídeo que publicó la publicación al respecto, se asegura que López "luce estupenda" a pesar de que engordó 22 kilos durante el embarazo. "Ahora mismo ha perdido la mayor parte de ese peso pero no tiene ninguna prisa por hacerlo por completo", dijo Peter Castro, quien entrevistó a la pareja.  

"Ha tardado tanto y le ha costado tanto quedarse embarazada que al principio no se lo creía", aseguró Castro, que indicó que la artista ordenó a una asistente que le comprara hasta tres tests de embarazo más cuando ya sabía la noticia.  

El periodista relató que en el hogar del matrimonio hay dos enfermeras y un par de asistentes para el cuidado de la madre y de sus hijos.  

"A pesar de ello, hacen gran parte del trabajo y se quedan hasta las seis de la mañana para dar de comer a sus bebés", sostuvo Castro en alusión a la pareja. Por último, afirmó que la cantante vive ahora mismo "el momento más mágico de su vida".

principal Evolution de Jennifer Lopez

Jennifer Lopez es Selena 

Jennifer Lopez y Sean 'Puffy' Combs 

Jennifer Lopez y Ojana Non

Muere el autor de 2001 Odísea del Espacio, una película de ciencia ficción convertida hoy en realidad

Arthur C. Clarke

"Tras haber cumplido 90 órbitas alrededor del Sol no me quedan demasiados reproches ni ambiciones", afirmaba Arthur C. Clarke el pasado 9 de diciembre en un mensaje en vídeo grabado para su legión de seguidores en su residencia de Colombo (Sri Lanka). El autor de Cita con Rama parecía estar preparándose para la inevitable despedida que se ha consumado esta misma madrugada: con su fallecimiento desaparece el último de los que, en los años setenta, fueron bautizados como Los Tres Grandes -los otros dos fueron Isaac Asimov y Robert Heinlen- de la ciencia-ficción moderna.

   En su mensaje, Clarke dejaba en el aire tres deseos: "Que la humanidad reciba alguna evidencia de la vida extraterrestre; que abandone su adicción al petróleo a favor de otras energías más limpias; y que el conflicto que divide Sri Lanka llegue a su fin y se imponga la paz".   

Nacido en 1917 en la localidad inglesa de Minehead (Somerset) y residente en Sri Lanka desde 1956, Arthur C. Clarke escribió perdurables páginas en la historia de la ciencia-ficción armonizando un firme optimismo por las potencialidades redentoras de la tecnología y un sentido místico capaz de trascender la base científica de sus historias.

 La creencia en que los avances científicos podían mejorar a la humanidad recorrió su obra. En ese postrer mensaje en vídeo del pasado diciembre, Clarke transmitía su entusiasmo por las posibilidades del vuelo espacial comercial y por la capacidad de la telefonía móvil de convertirnos en una gran familia global.   

En 1945, el escritor fue una voz pionera al presagiar que el futuro de las telecomunicaciones pasaba por el desarrollo de los satélites geoestacionarios. En uno de sus relatos breves también intuyó lo que más tarde se hizo realidad bajo el nombre de Internet. 2001, una odisea del espacio (1968), el clásico de Stanley Kubrick que redefinió la ciencia-ficción cinematográfica, partió de un relato escrito por Clarke en 1951 -El centinela- que, más tarde, crecería hasta convertirse en novela.

 Con todo, no es ese trabajo literario el que los expertos consideran su mayor logro: El fin de la infancia (1953), La ciudad y las estrellas (1956) o Cita con Rama (1973) fueron quizás sus trabajos más influyentes. Especialmente apreciada por C. S. Lewis, El fin de la infancia narraba la trascendencia de la raza humana hacia un nivel superior de existencia bajo la mirada de unos poderosos extraterrestres -los Superseñores- con inquietante forma de demonios.

 "Es un mito religioso universal para una época científica, el relato de un benigno Juicio Final en el cual las puertas de la Ciudad de Dios están abiertas a todos", escribió el erudito David Pringle a propósito de la novela en su fundamental Las 100 Mejores Novelas de Ciencia-Ficción (Minotauro). El descubrimiento de la realidad y sus misterios más allá de los límites de la última ciudad sobre la Tierra articulaba la trama de La ciudad y las estrellas. El cineasta David Fincher (Zodiac, Seven) tiene entre sus proyectos futuros una ambiciosa adaptación de Cita con Rama.