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Manuel Hernández Villeta

cine

Una leyenda del cine dice que cuando un gran actor fallece, otro le sigue el camino en tiempo breve.....Luego de Charlton Heston, de acuerdo con la leyenda, cual será el próximo en las siguientes 72 horas...esperemos a ver si es leyenda o realidad...

 **Esta fotografía de archivo sin fecha, proporcionada originalmente por American Movie Classics, muestra a Yvonne de Carlo (3ra de izquierda a derecha), arrodillada junto a Charlton Heston, quien interpreta a Moisés en

Los diez mandamientos

La voz profunda y el rostro sobrio de Charlton Heston, fallecido en los Ángeles, permitió al Hollywood de los años 50 revivir personajes históricos como Moises o El Cid. "Tengo una cara de otro siglo", llegó a decir el actor.  El legendario intérprete, ganador de un Oscar por "Ben-Hur", murió en su residencia de Beverly Hills, tras haber sufrido durante seis años un lento e imparable deterioro debido al Alzheimer.  Con una entereza propia de sus personajes, el propio actor hizo público que padecía una enfermedad que le iría mermando poco a poco la memoria y sus funciones vitales, al igual que le ocurrió a su buen amigo, el que fuera presidente de Estados Unidos Ronald Reagan. 

Heston será recordado como el Moisés de "Los diez mandamientos" y el héroe de la reconquista española, Don Rodrígo Díaz de Vivar, en "El Cid". Pero sus reencarnaciones de personajes históricos no acabaron ahí, pues resucitó a San Juan Bautista, Miguel Ángel, a Marco Antonio, al Cardenal Richelieu y a Enrique VIII. 

John Charlton Carter, como era su verdadero nombre, nació en Evanston, Illinois, el 4 de octubre de 1924, y ya desde pequeño amó el teatro, lo que le llevó a inscribirse en cursos de teatro en la Universidad, donde conoció a su esposa Lydia Marie Clarke, con la que tuvo dos hijos.  Con ella interpretó varias obras de teatro, y más tarde protagonizó en 1948 la obra de Shakespeare "Antonio y Cleopatra", que le proporcionó gran éxito durante dos años. 

Heston fue contratado para interpretar el papel de Marco Antonio en la película "Julio Cesar" (1949), dirigida por David Bradley, que le abrió el camino al estrellato. Con este mismo director había trabajado ya en "Peer Gynt" (1942). 

A partir de ahí su carrera despegó, y realizó decenas de películas, entre ellas "El mayor espectáculo del mundo" (1951), de Cecil B. DeMille; "Cuando ruge la marabunta" (1954), de Byron Haskin; "El secreto de los incas" (1954), de J. Hopper; "Horizontes azules" (1955), "Los diez mandamientos" (1956), de C. B. DeMille, y "Sed de mal" (1957), de Orson Welles. 

Consiguió el Oscar al mejor actor protagonista por su trabajo en "Ber-Hur" en 1959, aunque él siempre dio mas valor a la calificación de "Mejor marido de Hollywood". 

Dos años después, 1961, protagonizó la película "El Cid", de Anthony Mann, junto con Sofía Loren, y rodada en Peñíscola (Castellón, España). 

Su filmografía durante los años sesenta se completa con películas como "55 días en Pekín" (1963) -con Ava Gardner, y rodada en España-, "El tormento y el éxtasis" (1965) -basada en la novela de Irving Stone y en la que encarnó el papel de Miguel Ángel-, "El señor de la guerra" (1965) - ambientada en la Normandía del siglo XI-, "Kartum" (1966) -junto a sir Laurence Olivier-, y "El planeta de los simios"(1968). 

A éstos, siguieron otros papeles históricos, con "Los indomables" -sobre un magnate de plantaciones en Hawai-, y "Marco Antonio y Cleopatra", rodada en Almería y en la que intervinieron los actores españoles Fernando Rey, Juan Luis Galiardo y Carmen Sevilla. 

También trabajó en "Los tres mosqueteros" (1974) -en la que hizo de cardenal Richelieu, y rodada en España-, "Aeropuerto 1975" (1974), "Terremoto" (1974) -con Ava Gardner-, entre otras películas. 

Junto con su figura artística, que completan otras 70 obras de teatro y seis libros, también tuvo una fuerte faceta política en el hombre conocido como el último bastión de los conservadores en Hollywood. 

Además de ser un republicano acérrimo, fue un firme defensor del uso de las armas, como lo demostró desde la Asociación Nacional del Rifle, que presidió durante años. 

Charlton Heston, la muerte de un maestro de la actuación.

Charlton Heston en el papel de Ben-Hur Charlton Heston Charlton Heston en Ben-Hur.

"He interpretado a tres presidentes, a tres santos y a dos genios. Si eso no provoca un problema de ego, nada más lo hará". Incluso, en secreto, puso la voz de Dios como la zarza ardiendo en Los diez mandamientos.

 Es difícil convertirse en leyenda sin la combinación de un talento gigantesco, de un ego poderoso y de una personalidad controvertida. Pero las tres cosas confluyeron en la vida de Charlton Heston, el actor que tras haber hablado con Dios sobre el Monte Sinaí siendo Moisés en Los diez mandamientos, haberse rebelado contra los romanos en la mítica Ben-Hur y haberle plantado cara al Papa interpretando al genial Miguel Ángel en El tormento y el éxtasis, se sirvió de la épica que dominó muchas de sus películas para adornar las apariciones públicas que en sus últimas décadas le convirtieron en la voz más peculiar -y a veces extrema- de la ideología ultraconservadora estadounidense.  Demócrata de joven, murió siendo un conservador extremista 

El alzhéimer le retiró del liderazgo de la Asociación Nacional del Rifle 

Muchos vieron en él al intérprete ideal de héroes de otras épocas 

Consiguió el único Oscar de su carrera por su papel en 'Ben-Hur'

Los títulos de crédito de una vida de 84 años corrieron el sábado sobre su biografía cuando la palabra Fin cerró en Beverly Hills la existencia de un actor aquejado desde 2002 de la enfermedad de alzhéimer.

 Aquel mal le obligó en 2003 a renunciar a su cargo de presidente de la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés), un papel que él asumió casi como un mandato bíblico en 1998 y que, sin embargo, lejos de transformarle en un gran personaje como los que interpretó en el celuloide, le convirtió en una caricatura de sí mismo. 

De hecho, su última aparición popular en el cine no fue como actor, sino como presidente de una organización que en su defensa por el derecho a tener armas no dudó en organizar su reunión anual en Denver, a pocos kilómetros del instituto Columbine, donde, apenas una semana antes, dos estudiantes provocaron una carnicería con armas de fuego en 1999.

 Michael Moore le permitió interpretarse a sí mismo en 2002 en Bowling for Columbine, filmándole a las puertas de su casa durante un intento de entrevista: el director intentó sin éxito que Heston le explicara por qué no suspendió aquella reunión tras la masacre de estudiantes. 

Pese a que, como vocal de aquella organización, Heston hizo declaraciones tan elogiadas por los ultraconservadores como despreciadas por los progresistas, sería incomprensible entender el poder que llegaron a tener sus palabras públicas sin el peso de su vida como histriónico intérprete. 

De niño nadie se hubiera imaginado que Charlton sería amigo de presidentes como Ronald Reagan o que incluso enarbolaría la bandera de los derechos civiles de los negros cuando Martin Luther King removía los cimientos del racismo estadounidense en los años sesenta. Más aún, pagó el final del rodaje de Sed de mal, un thriller antirracista.

 Porque, si hubo algo que marcó su vida, fueron las contradicciones. De joven fue demócrata acérrimo, aunque muriera siendo un conservador extremista convencido del "declive moral" de la sociedad estadounidense y llegara incluso a conseguir la censura de un rapero, Ice T, por sus letras "indecentes".   Nacido un 4 de octubre en Evanston (Illinois) y crecido en St. Helen (Michigan), en el medio oeste americano, Heston pasó su infancia en el campo pescando y cazando, escondiendo en una existencia rural su marcada timidez. Pero tras el divocio de sus padres, se mudó con su madre a un suburbio de Chicago y ahí, en el colegio, descubrió su verdadera vocación, la interpretación.   

Se casó con otra actriz, Lidya Clark, y pasó tres años en el Ejército. Después de actuar en diversos teatros de provincias, consiguió por fin su primer gran triunfo en Broadway en 1947 con Antonio y Cleopatra, de Shakespeare, en el que encarnó a Marco Antonio y que puso el primer acento épico a una carrera en la que los papeles de grandes hombres de la historia serían uno de sus sellos de identidad.

 Hollywood le volvió a vestir de Marco Antonio en 1970 en la película Julio César, de Stuart Burge. Y en 1972 repitió papel por tercera vez en una producción que dirigió él mismo, filmada en Almería, y en la que participaron los actores españoles Juan Luis Galiardo, Fernando Rey, Sancho Gracia y Carmen Sevilla.  

El teatro le abrió las puertas del cine, que fue donde se consolidó el talento de un actor cuyo rostro "pertenece a otro siglo", como solía definirlo él mismo. Quizás por eso fueron múltiples los directores que vieron en él al interprete ideal -eso, o su altura, 1,92 metros- para interpretar a hombres y héroes de otras épocas.

Cecil B. De Mille, que le convirtió en protagonista de El mayor espectáulo del mundo en 1952, fue quizás el responsable de esa perspectiva al transformarle en el Moisés de Los diez mandamientos en 1956 y convertirle así en la personificación de un personaje bíblico que inauguraría toda una serie de papeles clásicos y grandilocuentes que tuvieron su epítome en Ben-Hur en 1959. 

El filme de William Wyler, donde interpretaba a un príncipe de Judea que se rebela contra los romanos y que contiene una de las secuencias más espectaculares de la historia del cine, la carrera de cuadrigas contra el actor Stephen Boyd, le valió el Oscar al mejor actor -el único por el que fue candidato en toda su carrera- y se convirtió en un hito para Hollywood, ya que nunca antes una película había conseguido 11 estatuillas doradas.

 A cambio, Heston nunca se enteró de que Gore Vidal, el guionista, y Boyd, habían urdido un tono homosexual a la relación entre los dos protagonistas. 

Galopando gracias al cine a través de la historia, Charlton Heston también luchó contra los árabes en España en su papel en El Cid, ayudó a sofocar la rebelión de los boxers en 55 días en Pekín, de Nicholas Ray, y pintó la Capilla Sixtina en El tormento y el éxtasis. Fue mosquetero dos veces y duro vaquero americano en diversos westerns e incluso llegó a ser apóstol en La historia más grande jamás contada, de George Stevens.  Su mandíbula prominente y su complexión atlética también le convirtieron en un héroe galáctico. En El planeta de los simios, Heston exhibió músculo como astronauta extraviado tratando de escapar de las garras de una raza de simios que esclavizaba humanos. Más de tres décadas después no dudó en participar en un cameo en la descafeinada versión que Tim Burton hizo de aquel clásico. 

Hacia el final de los setenta tuvo que dejar paso a otra generación de actores-héroes, pero en su paso a la vida pública nunca abandonó su predilección por la épica, que marcaría su vida al frente de la Asociación Nacional del Rifle. Como buen pistolero, murió con las botas puestas. 
Charlton Heston
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Charlton Heston-

 

 

Notas del siquiatra de marilin Monroe....«Hoy tendría ochenta y dos y a mí se me hace horrible, ni puedo ni quiero imaginármela como una anciana».

Michel Schneider: «Marilyn es un secreto a todos los niveles»

No, Ralph Greenson no era argentino. Pero sí era psicoanalista, y también el doctor que sentó en su diván a algunos de los nombres más propios del Hollywood de los cincuenta, como Vicente Minnelli, Vivien Leigh, Jack Lemmon, Tony Curtis, Dean Martin y Frank Sinatra. Y también fue el psiquiatra de cabecera de la rubia entre las rubias, Marilyn Monroe. Tirando del hilo de las charlas entre la actriz y el doctor, el escritor francés Michel Schneider, él mismo psicoanalista, ha ideado su propia terapia para la protagonista de «Con faldas y a lo loco», bajo el título de «Últimas sesiones con Marilyn» (Alfaguara).

Casi medio siglo después de su muerte, la actriz sigue en boca de muchos, y en el recuerdo de casi todos. «Eso es así -explica Schneider- porque tanto ella como las condiciones de su muerte fueron tremendamente misteriosas. Era una mujer muy conocida pero, simultánemente, en su verdad íntima, una persona mal conocida. Se piensa que era muy bella, pero tonta y superficial. Y sí, es cierto que era una mujer bellísima, pero ni era rubia, ni mucho menos tonta. Era alguien sensible, muy inteligente, una autodidacta que amaba las palabras y los libros. Su mito continúa porque fue una estrella que reunió en su persona casito todas las mitologías del siglo XX».

Tendida, pues, en el diván de Michel Schneider, dejemos que el doctor dé su diagnóstico. «Sufría muchísima angustia y creía que no estaba verdaderamente viva. Creía que sólo existía ante las cámaras o en la mirada de los hombres que la deseaban, pero siempre tuvo la sensación de estar como muerta dentro de sí misma».

El «caso Marilyn» aún tiene toda la pinta de ser un «Expediente X». Y sin desclasificar. «Hay documentación disponible en ensayos y biografías, pero los documentos personales de su picoanalista que están en la Universidad de California no se pueden ver, porque Marilyn sigue siendo un secreto de Estado, un secreto cinematográfico y un secreto político. He tenido que reinventarla como un personaje de novela».

Sabido ya que ni rubia y sin un pelo de tonta, la Monroe viajaba con docenas de libros (sí los leía, a pesar de la bromas muy pesadas de Mankiewicz), a la hora de elegir marido tampoco se anduvo con chiquitas, casándose con extremos que se tocaban. «Di Maggio era un deportista, un hombre muy fisico, nada intelectual, pero sí noble y honesto, mientras que Miller era un judío y un escritor atormentado. Joe era otra de las grandes imágenes de América, como lo fue ella, y por otro lado, Miller representaba sus ansias de cultura y de vida espiritual. Los dos mundos interiores de Marilyn estaban representados por sus dos maridos».

Tampoco aquel Hollywood podía venirle medianamente bien a alguien con una personalidad desbaratada como la de Monroe. «Hollywood fue muy duro con ella. Marilyn decía que hacía falta que el cine fuera como una madre que nos ayudase a crecer y a expresarnos. Pero Hollywood no es una madre, es un mundo de gente dura, bruta, salvaje, un mundo de enfermedad, droga y poder. Ella se enfrentó con él, y ella fue la que se hizo añicos».

Y no, Michel Schneider no ha caído en la morbosa tentación de hacer cumplir años a Marilyn Monroe para convertirla en la protagonista de un crepúsculo de los dioses literario. «Hoy tendría ochenta y dos y a mí se me hace horrible, ni puedo ni quiero imaginármela como una anciana».

El cine independiente apuesta a una película sobre la guerra de Irak

Kimberly Peirce dirige durante el rodaje de <i>Stop loss </i>a Ryan Phillippe 
Kimberly Peirce dirige durante el rodaje de Stop loss a Ryan Phillippe-

Su ropa -chaqueta negra, camiseta blanca y vaqueros- habla de rebeldía, pero su entorno habla de poder. Unas 10 personas, entre agentes, publicistas y representantes de estudio, acompañan a la reina del cine independiente, Kimberly Peirce, la autora de Boys don't cry, quien pese al éxito de su ópera prima desapareció en el combate de Hollywood durante casi una década.   "Me influyeron los filmes caseros que se ruedan al tiempo que se dispara"Hasta ahora, cuando esta realizadora de 40 años regresa a las pantallas a tiempo de recordar el quinto aniversario de la invasión estadounidense de Irak con Stop loss, que se estrenó en Estados Unidos el pasado viernes y que llegará en verano a nuestras pantallas. Da igual que los filmes de guerra estrenados los últimos meses fueran puro veneno para la taquilla (en este caso, se ha vuelto a cumplir la norma: ha logrado un triste octavo lugar en recaudación el pasado fin de semana). O que la entrevista haya coincidido en Los Ángeles con una manifestación contra la guerra, de la que Peirce no sabía nada, encerrada en el lujo de Beverly Hills para la promoción de la cinta. Así es esta autora, una mujer llena de conflictos de los que se alimenta para dejarse el alma en la pantalla plasmando sus confusiones sexuales o, en este caso, sus dudas patrióticas.  "Boys don't cry fue un regalo", dice Kimberly Peirce cuando se le pregunta por qué ha esperado tanto para volver a coger la cámara. "Me enamoré del personaje y de la historia de Teena Brandon. Pero luego mi país vivió el 11-S, llevamos muchos años de guerra y eso ha cambiado las cosas. Necesito escribir de lo que me preocupa, ya sea del género y la sexualidad o sobre mi familia, mi país y lo que he vivido desde que mi hermano menor se alistó y perdió la inocencia". 

En la nueva película de la realizadora parece haber numerosos guiños autobiográficos. "Somos una familia de militares", comenta, "y fue mi hermano el que me descubrió el término stop loss. Es una medida que permite al Ejército llamar al frente a quienes ya han completado su servicio. Pero me influyeron más las películas caseras que me trajo de sus compañeros, un material que van rodando a la vez que disparan, con las cámaras enganchadas en sus metralletas o en los cascos". Luego, añade de manera rotunda: "El hecho es que hay más de 12.000 desertores en esta guerra, y eso es algo que yo no sabía y que mucha gente desconoce". 

Para Peirce, es la apatía de los estadounidenses la que ha conducido a semejante falta de información. "Es verdad que no se cuentan muchas cosas, aunque la gente tampoco se involucra", explica. "Es diametralmente opuesto a lo que ocurrió en Vietnam, cuando toda la cultura giraba alrededor del conflicto. Pero entonces el reclutamiento era forzoso. Eso significa que hermanos, padres, todos estaban conectados con el conflicto. Ahora, el Ejército es voluntario y la gente no se involucra". 

A juzgar por el escaso éxito de los filmes sobre Irak que han precedido al que ahora estrenará la directora de Boys don't cry, puede que el público esté también muy poco interesado en revivir el conflicto en la pantalla. Kimberly Peirce no está de acuerdo. "He presentado la película en 22 ciudades por todo el país en pequeñas proyecciones que incluían al terminar la posibilidad de dialogar con el público. Y en estos encuentros me han dado las gracias por hacer un largometraje que se fija en los soldados, en la hermandad y la camaradería que les permite seguir viviendo incluso cuando tienen más dudas, justo en esos momentos cuando se encuentran en la tesitura de ser buenos soldados o ser buenos seres humanos que se sienten traicionados". 

¿Cambió algo su trabajo la opinión que tenía sobre esta guerra? Kimberly Peirce responde: "Es el conflicto donde ha habido mayor volumen de suicidios y en el que se puede contar el mayor número de afectados por la guerra. Más de 81.000 soldados han sufrido este reenganche forzoso, una forma de reclutamiento obligatorio encubierto, y más de 650.000 han participado en ambos conflictos, Irak y Afganistán. Eso por no hablar del coste de vidas humanas. Mi duda es si todo esto ha hecho de Estados Unidos un país más seguro". 

La cuestión ahora es saber si habrá que esperar otra década para poder ver una nueva película suya. O si volverá a la tele. "La estoy escribiendo ya", contesta, "y creo que sorprenderá a muchos porque es una comedia romántica con un giro sexual, con un toque Almodóvar". 

Marilyn Monroe un rostro bello y un alma atormentada

Una foto de Marilyn, tomada por Philippe Halsman, en una exposición en Chicago. (Foto: AP)

El francés Michel Schneider intenta "rehabilitar el verdadero rostro" de Marilyn Monroe reconstruyendo al mito en sus momentos más inermes, durante sus encuentros con el que fuera su último psicoanalista, en la novela 'Últimas sesiones con Marilyn'.

  Norma Jean Baker, la niña que sufría de constante abandono, se inventó una máscara, la de Marilyn Monroe, para lograr ser amada, un disfraz que se volvió en su contra al convertirla en un ilusorio objeto de deseo de fragilidad extrema y virtudes ignoradas que no pudo huir de un trágico final. 

A medio camino entre la novela y el ensayo, 'Últimas sesiones con Marilyn' (Alfaguara) retrata la compleja relación entre la actriz y su psicoanalista Ralph Greenson, historia "que sobrepasó todos los códigos deontológicos hasta convertirse para ella en una dependencia psicológica y emocional", explica el también psicoanalista y escritor Michel Schneider, autor de esta novela. 

Schneider ha imaginado lo que se dijo en aquellas sesiones a partir de la anotaciones que Greenson obligaba a tomar a Marilyn, como hacía con todos sus pacientes, de las declaraciones más íntimas que la estrella dio a la prensa o de los artículos que el psicoanalista publicó tras la extraña muerte de la actriz. 

De esta forma, el escritor ha accedido a la persona que se escondía tras la rubia sexual y encantadora que gustaba de encandilar a los hombres, al público y a los cineastas: "La irreparable sensación de abandono que le procuró la ausencia de su madre desde los primeros momentos de su vida obligaron a Marilyn a querer existir a través de la mirada de los otros, su máxima ilusión era la de existir para alguien", argumenta el francés. 

'Para hablar con Marilyn, se llamaba a su psiquiatra'

Y es que la razón por la que la figura de Marilyn sigue fascinando a jóvenes y mujeres, más allá de ser objeto de deseo masculino, es para el escritor el hecho de que "en ella confluye una encrucijada de varios mitos: La mujer de tremenda belleza pero mal querida, la de la celebridad con muerte trágica o la de la persona que logra el éxito a pesar de lastrar una infancia tortuosa". 

Monroe llegó a Greenson a través de la recomendación de quien era su psicoanalista en Nueva York, que preguntó a su colega de Los Ángeles si se haría cargo de un caso especialmente difícil y, sin dar nombres, describió a "una mujer en crisis total, con peligro de autodestrucción por el abuso de drogas y medicamentos. Bajo una ansiedad paroxística y que revela una personalidad frágil". 

Y Greenson aceptó. 

"Para hablar con Marilyn no era necesario llamar a su secretaria, ni a su agente, ni a su abogado. Se llamaba a su psiquiatra", llegó a afirmar George Cukor. 

Él se convirtió en una especie de agente para ella. Pagado por los estudios, se encargaba de mantener a la estrella preparada para los rodajes. Ella en algunos momentos fue su única cliente, con la que hablaba varias veces día, aunque fuera de noche, y a la que llegó a integrar en su vida familiar, relata el autor de esta novela. 

La relación entre paciente y médico era tan estrecha, "él cometió el error de querer ser su protector, su Pigmalión", comenta Michel Schneider, que se llegó a insinuar la posible implicación de Greenson en la muerte de Marilyn, en agosto de 1962, y demuestra que la fascinación que Norma Jean podía ejercer sobre un hombre era igual o superior a la que suscitaba Monroe en el resto del planeta.

Muere Jules Dasssin..... Colocado en la lista negra de Hollywood luego de la Segunda Guerra Mundial tras definírsele como comunista

 Jules Dassin  Muere Jules Dassin, maestro del cine negro y marido de Melina Mercuri

El cineasta estadounidense Jules Dassin falleció a los 96 años de edad en un hospital de la capital griega en el que fue internado hace dos semanas.   De origen judío, Dassin nació en 1911 en el estado de Connecticut.    Colocado en la lista negra de Hollywood luego de la Segunda Guerra Mundial tras definírsele como comunista, Dassin se trasladó a Europa, donde se casó con la actriz y luego ministra griega de Cultura, Melina Mercouri.    Ella protagonizó el filme más famoso de Dassin, "Nunca en domingo", rodado en 1960.  

Ambos se conocieron en el Festival de Cannes en 1955 donde él ganó el premio al mejor director por la película "Rififi".  

Tras la muerte de Mercouri, Dassin se dedicó a trabajar en el proyecto por el que había luchado su esposa: lograr el retorno a Grecia de los Mármoles de Elgin, las esculturas y frisos del Partenón que se encuentran en el Museo Británico de Londres.  

El creador fue padre del cantante Joe Dassin, quien murió en 1980 y muy conocido en el mundo francófono.  

El primer ministro griego, Costas Karamanlis, calificó a Jules Dassin como "un importante creador y un verdadero amigo".  

Otras película de Dassin son "Fuerza Bruta", de 1947; "Fedra", de 1962; "Topkapi", de 1964; "Promesas al amanecer", de 1970 y "Gritos de pasión", de 1978.

'Chapter 27', un filme que retrata psicológicamente al asesino de John Lennon

Cartel de la película

Rodada a principios de 2006 y estrenada un año después —entre protestas— en el Festival de Cine de Sundance, 'Chapter 27', el filme que retrata psicológicamente al asesino de John Lennon, ha aterrizado por fin en las pantallas de EEUU. Lo ha hecho este fin de semana, después de haber sido estrenada en Japón, editada en DVD, emitida en Rusia...  Supuestas presiones de la viuda de Lennon, Yoko Ono (quien ha anunciado se niega a ver la película), de fans del músico e incluso de los propios Beatles podrían ser las responsables de la errática trayectoria del filme. 

Y es que han sido muchas las voces que han condenado la película antes incluso de su estreno, al considerar que el filme podría mitificar la figura de Mark David Chapman, el desequilibrado que el 8 de diciembre de 1980 acabó con la vida del músico a las puertas del edificio Dakota de Nueva York. Hoy sigue entre rejas. 

Escrita y dirigida por J.P. Schaefer —en el que supone su debut tras la cámara—, 'Chapter 27' retrata la vida de David Chapman en los días previos al asesinato de Lennon, ahondando en el proceso psicológico que convirtió a este acérrimo admirador del artista en su verdugo, y en el que juega un papel fundamental la obra de J.D. Salinger 'El guardián entre el centeno'. Es el libro que Chapman portaba cuando fue detenido tras el asesinato de Lennon. 

Chapman dijo tener en Holden Caulfield, el protagonista del libro, su fuente de inspiración. Y el asesinato de Lennon se convertiría en el capítulo 27 (de ahí el título del filme) de la vida de este conflictivo adolescente que Salinger narró a través de 26 episodios en la década de los 50.  Cartel de la película.

El inquietante actor estadounidense Jared Leto es el encargado de dar vida a Chapman. Conocido por su enorme implicación con los papeles que interpreta, la transformación física del intérprete resulta epatante. 

Ya lo fue en 'Réquiem por un sueño' —la obra maestra de Darren Aronofsky—, para la que Leto adelgazó 15 kilos con el fin de dar mayor credibilidad al 'yonki' Harry Goldfarb. Proceso inverso al seguido para 'Chapter 27': el actor abandonó su vegetarianismo y engordó 30 kilos. Un comportamiento "muy peligroso y cuestionable", según él mismo ha reconocido, y que le llevó a enfermar de gota y a amenazar la gira con su grupo de música, 30 seconds to Mars. 

La polémica Lindsay Lohan es la otra protagonista del filme. La joven actriz da vida a Jude, una admiradora de Lennon que comparte con Chapman los días previos a los trágicos hechos. No deja de resultar paradójico que sea Mark Lindsay Chapman —cuyo nombre guarda enorme similitud con el del asesino— se ocupe de interpretar al 'beatle'. 

'Chapter 27' aún no tiene fecha de estreno en España y Europa, y no se descarta que el filme siga el mismo camino que 'Control', el biopic de la banda Joy Division que no podrá verse en las pantallas nacionales.

En 'Amarga victoria', Ed Sikov, autor también de las biografías de Billy Wilder y Peter Sellers, habla de Bette Davis como de una de las "figuras más singulares y dominantes que ha producido la historia del cine".

La actriz Bette Davis en su juventud. (Foto: EL MUNDO)

Un equipo de arqueólogos viajará a las profundidades de Stonehenge, el círculo de piedra más famoso del Neolítico, para averiguar cuándo y por qué fue construido y determinar si fue el santuario de Lourdes de la época, un lugar al que se peregrinaba en busca de curación.

 La excavación, que ha comenzado hoy y es la primera desde 1964, tratará de resolver el misterio que ha rodeado a este milenario monumento y que ha cautivado a todo tipo de investigadores desde la Edad Media.   Durante dos semanas, dos de los mayores expertos en la materia, el profesor de la Universidad de Bournemouth, Tim Darvill, y el profesor de la Sociedad de Anticuarios, Geoff Wainwright, culminarán una investigación que ya dura más de seis años. Ambos están convencidos de que la estructura de la llanura de Salisbury, en Wiltshire (Inglaterra), era un lugar de peregrinación al que acudían enfermos desde lugares remotos.  Para seguir adelante con esta hipótesis, los arqueólogos esperan encontrar respuestas en la muerte, ya que algunos de los restos humanos hallados en la zona presentan roturas de huesos y otras dolencias. Además, nuevas técnicas de análisis han confirmado que muchas de estas personas recorrieron grandes distancias para llegar al suroeste de Inglaterra, lo que puede significar que viajaban en busca de una ayuda sobrenatural.  Algunas inscripciones neolíticas del entorno de Stonehenge relatan que existía la creencia de que las piedras eran mágicas y que las aguas locales tenían propiedades curativas. En una zanja de 3,5 por 2,5 metros en el cuadrado sureste, los investigadores tratarán de recuperar fragmentos de los pilares originales del círculo de piedra originario, del que no hay restos visibles. 

Las piedras que se aprecian en la actualidad fueron repuestas años más tarde de la construcción del original y las muestras tomadas en anteriores excavaciones fueron destruidas o mal datadas, por lo que no arrojan una información determinante para solucionar los misterios de Stonehenge. 

Para ello, el análisis de unas pequeñas piedras del centro del círculo será crucial, ya que los arqueólogos creen que han guardado el secreto durante más de 4.500 años. Estos minerales, traídos desde las colinas de Preseli (North Pembrokeshire, en el oeste de Gales), que se encuentran a más de 250 kilómetros del emplazamiento del monumento, podrían pertenecer a los pilares originales y ser claves para aportar luz sobre una sociedad que encaró el ingente reto de elevar este círculo de piedra. 

Con las muestras que se obtengan en la excavación se realizarán pruebas con la última tecnología de datación, la del radiocarbono, algo que puede explicar durante cuánto tiempo se utilizó el círculo de piedra, cuándo fue desmantelado y vuelto a construir. La investigación en el terreno, financiada por la cadena pública británica BBC y apoyada por English Heritage, la entidad que gestiona el monumento, terminará el próximo 11 de abril. 

Si sus resultados revelan el enigma que ha rodeado a Stonehenge durante siglos, se habrá dado un paso en la comprensión de un periodo histórico oscuro, el Neolítico, pero se acabará con el cautivador misterio que lleva a cientos de viajeros a sumergirse mundo de la magia.

Si siguiera viva, la actriz Bette Davis cumpliría 100 años el próximo 5 de abril. Coincidiendo con su centenario, se publica en España la biografía 'Amarga victoria', en la que el historiador de cine Ed Sikov desgrana, mediante entrevistas y un estudio de sus películas, la vida de esa "mujer fuerte, inteligente y original" convertida en "estrella". 

'Amarga victoria' (T&B) es también el título de una de sus películas de mayor éxito, dirigida por Edmund Goulding y en la que Bette Davis, que compartía cartel con Humphrey Bogart, daba vida a una mujer que descubre que tiene un tumor cerebral y que le queda muy poco tiempo de vida, papel por el que fue candidata al Oscar en 1939. 

Fue Humphrey Bogart el que dijo de ella que era "capaz de noquear a cualquiera que no fuera muy grande", y es que Ruth Elisabeth Davis, nacida el 5 de abril de 1908 en Lowell, Massachusetts, dejó huella de su marcado carácter entre todos los que la conocieron y en los millones de espectadores que descubrieron a la estrella en cintas como 'Eva al desnudo', 'La loba', 'Jezabel', 'Qué fue de Baby Jane' o 'La extraña pasajera'. 

Fallecida el 6 de octubre de 1989 en París, como consecuencia de un cáncer de mama, fue en España en donde realizó su última aparición pública cuando recogió el Premio Donostia en la edición de ese año del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, ya que se mantuvo "orgullosamente" activa hasta el día de su muerte. 

En 'Amarga victoria', Ed Sikov, autor también de las biografías de Billy Wilder y Peter Sellers, habla de Bette Davis como de una de las "figuras más singulares y dominantes que ha producido la historia del cine". Sus ojos tan enigmáticos y peculiares, aquellos a los que cantó Kim Carnes en 'Bette Davis Eyes' en 1974, escondían, según Sikov, a una mujer "magnífica y exasperante, luminosa y belicosa a partes iguales"; "una fuerza de la naturaleza, un talento explosivo, que definió y preservó el significado de la palabra estrella durante más de medio siglo", período durante el que "trabajó como una burra".   

El productor Jack Warner, su jefe durante muchos años, la describe como "una tía explosiva con una izquierda potente", y su amiga, la también actriz Ellen Hanley, dice que "fue uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX". 

Dos Oscar en 10 nominaciones

Con dos Oscar a la mejor actriz, de un total de 10 nominaciones, por 'Peligrosa' (1935), de Alfred E. Green, y 'Jezabel', de William Wyler (1938), fue una "veinteañera glamurosa" en cintas como 'El altar de la moda', 'Cautivo del deseo' o 'Una mujer marcada', pero su imagen siempre será la de esa "madurez huesuda, curtida, de rasgos duros adornados por una mancha de carmín rojo" y cigarrillo en mano de cintas como 'La carta' o 'Eva al desnudo'. 

La actriz fue candidata a la preciada estatuilla en otras ocho ocasiones, y rodó más de 80 películas entre 'Bad Sister' (1931) y 'La bruja de mi madre' (1988). 

El Hollywood de los años 30 es "inconcebible" sin su personaje de la "bruja" de Mildred Rogers en 'Cautivo del deseo'; sin Julie Mardsen, la "arpía sureña" de 'Jezabel', o sin Judith Traherne, la mujer "lúcida y segura" de 'Amarga victoria'. 

El cine de los 40 es "inimaginable" sin la asesina sin remordimientos de 'La carta', sin la superviviente de 'La extraña pasajera', sin la Margot Channing de 'Eva al desnudo', cuya interpretación "puso el listón tan alto en 1950 que el resto de la década decepcionó sin remedio", o sin el de la desequilibrada Baby Jane Hudson, que le llevó a representar el enfrentamiento que tenía en la vida real con otra de las grandes, Joan Crawford, en 'Qué fue de Baby Jane'. 

Se casó cuatro veces y tuvo tres hijos, dos de ellos adoptados, pero, según el autor, todos sus maridos la consideraron "problemática, cascarrabias, agresiva y maleducada. Siempre presta a discutir y amiga de la botella". 

Lo cierto es que la Davis llevaba "la beligerancia en las venas", pero también es cierto que sin ella "no hubiera existido otras grandes como Meryl Streep". La diferencia es que esta última "quiere que en el fondo queramos un poco a todos sus personajes", mientras que en el caso de Davis "le importaba un comino" y "si el papel requería que el espectador la odiara, ella hacía que la odiara, por eso la queremos", escribe Sikov.

Bette Davis en su paso por San Sebastián en 1989. (Foto: EFE)

 

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