Barack Obama entra de lleno a tratar sobre la discriminación racial
Los hispanos son importantes, especialmente en una batalla reñida.

- Antes de cumplir 30 años, el capitán del Ejército de Estados Unidos Jaron Wharton ha servido en dos períodos de un año en la guerra de Irak, ha sentido el severo cansancio en los soldados y ha visto cambiar la manera en que la fuerza pelea.
Las experiencias de Wharton representan en muchas maneras las del Ejército como un todo, en los cinco años desde que las tropas estadounidenses invadieron Irak y marcharon hacia Bagdad para derrocar al Gobierno de Saddam Hussein. "Nuestras patrullas fueron tratadas como carrozas de un desfile de Acción de Gracias de Macys," recordó Wharton sobre las primeras épocas. "La gente estaba realmente agradecida." Pero mientras las escenas de júbilo dieron paso a una insurgencia letal, Irak se convirtió en la mayor prueba que el Ejército de Estados Unidos ha enfrentado sin un reclutamiento desde la lucha por la independencia de Gran Bretaña, en la guerra revolucionaria de 1775 a 1783. Cerca de 4.000 soldados estadounidenses murieron en Irak, más de 3.200 de ellos en acción. En tanto, casi 30.000 han resultado heridos. Cuando regresó a Irak para su segunda etapa, en noviembre del 2005, Wharton halló un ambiente más duro. Un sargento fue impactado por tres ataques con bomba durante una patrulla de 18 horas, evocó. Algunos soldados de Estados Unidos están ahora en sus terceras o cuartas etapas en Irak. Los despliegues se extendieron de un año a 15 meses, con sólo un año en casa entre períodos. Los largos despliegues han tenido serias consecuencias en las relaciones personales, dijo Wharton, cuya esposa es también capitán del Ejército con dos períodos en Irak. "En la mayoría de estos despliegues, la novia no está allí al final," afirmó Wharton, de 29 años, de Hoover, Alabama, y quien también ha servido en Afganistán. "Las prometidas a veces no duran. Y a veces hasta las esposas se van." Más de uno de cada cuatro soldados en sus tercer o cuarto período en Irak sufren problemas de salud mental, reveló un estudio del Ejército. IMPACTO IMPORTANTE Además de las consecuencias personales para los soldados, la guerra ha tenido un impacto importante sobre las Fuerzas Armadas como institución, sobre todo el Ejército, que asumió la mayor parte de la lucha. La guerra expuso un sistema médico mal equipado para proveer cuidado a largo plazo para una gran cantidad de combatientes heridos. El conflicto también ha erosionado la capacidad del Ejército estadounidense de combatir otra guerra importante. Los comandantes dicen que a la Fuerza Aérea y la Marina les gustaría tomar el liderazgo si surge un nuevo conflicto, porque las fuerzas terrestres están sobreexigidas. El cansancio ha llevado a Estados Unidos a comenzar a expandir el Ejército de 65.000 soldados en tareas activas a una fuerza total de 547.000. Los Cuerpos de la Marina también están creciendo.



Una postal firmada por Ernesto Che Guevara.
Sin embargo, resalta algo inesperado: una columna publicada en el diario Granma., órgano oficial del Partido Comunista de Cuba. Junto a la columna hay una foto de Fernando Barral, un sicólogo hispanocubano ahora convertido en dueño del "paladar'', sentado en un café de Hanoi, Vietnam. Barral entrevista a un hombre de pelo rubio y mandíbula cuadrada. Es un prisionero de guerra estadounidense. Se llama John McCain. Que la foto de un prisionero de guerra estadounidense de hace 40 años se haya convertido en decoración de un "paladar'' habanero es un ejemplo de cómo la ciudad parece vivir en el pasado. La Habana puede percibirse como una ciudad en ruinas por donde circulan carros estadounidenses de hace medio siglo, pero también es un lugar donde la Guerra Fría sigue con vida, donde los espías y las conspiraciones son parte de la vida diaria como el ron y la música. El recorte del Granma en el restaurante de Barral tiene fecha del 24 de junio de 1970 y recuerda uno de los momentos decisivos en la vida de McCain, sus cinco años y medio como prisionero de guerra cuando su jet fue derribado sobre Vietnam del Norte. La historia de la foto y de como un oscuro sicólogo cubano llegó a entrevistar a McCain --senador de 71 años y virtual candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos-- despierta la curiosidad y las sospechas de otra era. No hay duda de que el encuentro ocurrió en Hanoi en enero de 1970. Lo que los dos recuerdan de ese día es muy similar.McCain mencionó brevemente a Barral en su autobiografía de 1999, La fe de mis padres, calificándolo de "un propagandista cubano disfrazado de sicólogo español que se hacía pasar por periodista''. McCain escribió que Barral llegó a la conclusión de que él era un sicópata. Barral dijo en una entrevista que nunca había llegado a esa conclusión. Un portavoz de la campaña de McCain no respondió a varias solicitudes de entrevista sobre el tema. Barral, que es español de nacimiento y ahora tiene 79 años, mantiene su acento madrileño, aunque vive en Cuba desde hace casi 50 años. Dijo que McCain se mostró "jatancioso'' durante la entrevista y que no parecía tener "remordimientos'' por la muerte de civiles "cuando bombardeó Hanoi''. McCain tiene un recuerdo similar. En su libro, McCain recuerda que cuando Barral le preguntó si tenía remordimientos, le respondió "No, no tengo''.
Barral guardó las notas de la entrevista en una libreta de notas adornada con flores amarillas en la cubierta.
Dijo que había guardado el artículo sobre la entrevista durante décadas, últimamente en el cuarto que tiene en la parte trasera del "paladar', que abrió hace seis meses en una una ruinosa mansión en la zona residencial del municipio Playa, a 15 minutos del centro de La Habana.
Barral dijo que hace unos seis meses, después de enterarse de postulación de McCain, decidió colgar el recorte en el "paladar'', que tiene mesas en la sala, puertas de madera y piso de mosaicos. Nadie se fijaba en el recorte, dijo, hasta hace unos días cuando un reportero lo identificó entre los recuerdos del Che.
Barral, que entretiene a los comensales con un agudo sentido del humor, dijo que su trayectoria hasta el encuentro con McCain había pasado por la Guerra Civil española, Argentina, Hungría y Cuba.
Su abuelo fue un anarquista español y su padre un socialista que murió en la Guerra Civil. Emigró a Argentina con su madre cuando tenía 11 años. Allí, dijo, se hizo amigo del joven Guevara, que tenía su misma edad.
Posteriormente Barral fue expulsado de Argentina debido a su activismo comunista. Huyó a Hungría, donde estudio Medicina. Poco después de la llegada al poder de Fidel Castro en 1959 fue intérprete para una delegación cubana que visitó Hungría.
Barral le envió saludos a Guevara y rápidamente aceptó su propuesta de ir a trabajar Cuba. En el paladar hay una copia de la invitación. Barral --que dice hablar español, francés, húngaro e italiano, además de entender inglés-- dijo que en esos días "Cuba era una visión fresca en que todo era posible''.
En 1967 ganó un concurso de ensayos con uno titulado La actitud revolucionaria. Guarda el telegrama amarillo en que se anunciaba el premio, un viaje de 40 días por Vietnam del Norte para lo que calificó de "investigación científica'' sobre los norvietnamitas y su capacidad de resistir las fuerzas de Estados Unidos.
"En aquella época Vietnam del Norte tenía una gran importancia en Cuba'', dijo Barral. "Era el mejor ejemplo de un país que se enfrentaba al imperialismo''.
El viaje se demoró hasta 1969, dijo. Una vez en Hanoi hizo trabajo de terreno, llegando a la conclusión de que las fuerzas de Estados Unidos subestimaban a los vietnamitas. Fue allí cuando se le ocurrió la idea de entrevistar a un prisionero de guerra estadounidense para "descubrir'', dijo, "cómo piensa el enemigo''.
Los diplomáticos cubanos en Vietnam del Norte le dijeron que dijera que era un sicólogo español, aunque no había vivido en España desde que tenía 11 años. En aquella época todavía no era ciudadano cubano.
La entrevista duró una hora o 45 minutos, recuerda. Dijo que se reunieron en las oficinas del Comité de Relaciones Culturales con el Extranjero, en Hanoi, mientras que, en su libro, McCain dice que fue en un hotel.
Para la entrevista McCain fue trasladado del infame Hanoi Hilton, una prisión donde los militares estadounidenses capturados eran torturados y vivían en condiciones miserables. Barral dice que no sabe por qué los vietnamitas escogieron el centro para la entrevista. No le molestó porque no estaba interesado en las condiciones de la prisión. Lo que le interesaba era cómo pensaba "el enemigo''.
Barral dijo le practicó a McCain un breve examen médico y notó que tenía dificultades para rotar los brazos. McCain le dijo que no lo habían sometido a "violencia física ni moral'', escribió Barral en sus notas.
El sicólogo también anotó que había caramelos, naranjas y cigarrillos en la mesa. McCain, que había sufrido múltiples fracturas al saltar del avión, caminaba apoyándose en un bastón, dijo Barral.
Los hombres hablaron de la familia de McCain, de sus aspiraciones y del derribo de su avión, según las notas de Barral. En su libro, McCain dice que Barral le hizo "preguntas bastante inocuas sobre mi vida, las escuelas a las que había ido y mi familia''.
"Sólo estaba interesado en hablar de sí mismo'', recuerda Barral. "Tenía un gran ego''.
Según las notas de Barral, McCain, hijo y nieto de almirantes, se lamentó diciendo que "si no me hubieran derribado hubiera podido llegar a almirante más temprano que mi padre''. Según Barral, McCain se jactó de ser el mejor piloto de la Marina y que quería ser astronauta.
"Se sentía superior a los vietnamitas en su avión'', dijo Barral.
McCain no preguntó sobre las noticias del exterior, dijo Barral, pero le pidió que le transmitiera un mensaje a su esposa de entonces, Carol McCain, y le dio su dirección en Orange Park, Florida.
"Dígale que estoy bien'', le dijo McCain. "Que le deseo todo lo mejor y que no se preocupe por mí''.
Aunque McCain dice que no habló de temas militares con Barral, posteriormente un comandante estadounidense en la prisión prohibió que los prisioneros de guerra fueran entrevistados por visitantes, escribió McCain en su libro. La decisión "era correcta aunque me privaba de otras oportunidades de demostrarle ‘mi equilibrio síquico' a los camaradas socialistas, para no hablar de los cigarrillos y del café'', escribió McCain.
La entrevista de Barral se consideró un gran golpe y verdadera noticia, según el artículo de Granma de 1970. El periódico también publicó una foto de McCain en primera plana.
"No estoy seguro si fue por razones de propaganda'', dijo Barral. "Pero acepto haber sido un instrumento de propaganda''.
La vida de Barral tras su breve celebridad ya no es la misma, como la de tantos cubanos. Se retiró con una minúscula pensión a mediados de los años 80 y dijo que apenas tenía dinero para sobrevivir hasta que abrió su paladar a mediados de los años 90.
Su familia, como la de casi todos los cubanos, está dividida. Uno de sus hijos, Ernesto Barral, es un médico de éxito fuera de la isla. Le dice que pasa las vacaciones en la Florida.
Barral dijo que sigue la política en Estados Unidos por los recortes que le mandan sus amigos y familiares en el exterior. Simpatiza con el senador Barack Obama porque "representa cambio''.
"No sé si McCain sería un buen presidente'', dijo Barral. "Y no me importa''.
Según cuenta ella misma, abandonó un "hogar roto" cuando tenía 17 años, un hogar en el que sufría abusos y en el que su hermano mayor ya había "reventado". Llegó a Nueva York para probar suerte en la música, sin demasiada fortuna, y sabe lo que es estar sola, abusar de las drogas, "tener y perderlo todo una y otra vez".
Se llama Ashley Youmans, aunque se hace llamar Ashley Alexandra Dupré. Para el Emperor's Club VIP era Kristen, la prostituta de lujo cuyos servicios contrató el gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer, antes adalid de la moralidad y látigo de la prostitución. Sus contactos con Kristen / Ashley le han costado puesto.
"La música es todo para mí", dice Ashley para arrancar su perfil en MySpace, que ha recibido ya a más de tres millones de curiosos. La visita a su espacio está amenizada precisamente con música, con una de sus canciones, What we want (Lo que queremos).
Su música, influenciada, según cuenta, por Frank Sinatra, Lauryn Hill, Christina Aguilera o Whitney Houston, "fluye de lo que he pasado, de lo que he visto y de lo que siento", pero, pese a que asegure que vive "en lo más alto del mundo", lo cierto es que la música no le ha dado lo que ella esperaba.
De hecho, si ahora sabemos quién es es porque la música no le ha funcionado. Lo que ahora tiene entre manos es un escándalo de prostitución que le ha costado el puesto al otrora luchador por la moralidad que era Spitzer, gobernador demócrata de Nueva York. Spitzer, el "cliente 9", solicitó los servicios de Kristen, 1.000 dólares la hora, a una red de prostitución que operaba bajo el nombre de Emperor's Club VIP.
Concertó una cita con ella el 13 de febrero en el Hotel Mayflower de Washington y cayó víctima de una investigación federal sobre la red. No había sido su única cita: una investigación federal ha destapado que se había visto con chicas del Emperor's Club en al menos ocho ocasiones y se había gastado hasta 50.000 euros.
Resultado: Spitzer ha tenido que dimitir, para centrarse en "recuperar la confianza" de su familia, echando por tierra un prometedor futuro político: Algunos le veían como presidenciable demócrata.
Ella, según cuenta The New York Times, ha pasado los últimos días en su apartamento de Manhattan y compareció el lunes brevemente en el tribunal federal que se ocupa del caso y ante el que será testigo por la investigación de la red del Emperor's Club. El caso la ha sobrepasado, dice el diario neoyorquino y ella no quiere aparecer como "un monstruo" a los ojos del público.
Sobreviví
¿Sobrevivirá otra vez Ashley a una situciación complicada? No sería la primera vaz, según ella. Cuenta que abandonó su "hogar roto" cuando tenía 17 años, una decisión de la que no se arrepiente, dado que sufrió abusos. Inició un periplo por varios estados que la llevó a Nueva York en 2004 y, desde entonces, ha aprendido "lo que es tenerlo todo y perderlo una y otra vez", perder a los seres queridos, estar sola, abusar de las drogas y ser una indigente. Pero sobrevivió, gracias a su música, dice.
Su historia con la música es la típica: Conoce a un músico que, casualmente, la oye cantar -en la ducha- y decide que tiene posibilidades. La embarca en el mundillo y ella, tras unas grabaciones y actuaciones, se va a Manhattan a probar suerte. Dos años viviendo la noche para hacerse un sitio.
Según lo cuenta, se diría que cree que ha triunfado: "La vida es dura a veces, pero lo conseguí. Aquí estoy y me encanta lo que soy"; "si no lo hubiera pasado mal no podría apreciar los buenos tiempos". Todo para presentar su What we want, su "último tema", "inspirado en un chico que me enseñó a no confundir mis sueños con los sonidos de la ciudad".
Seis años después, el mismo Doctor Fadl sostiene que la yihad, tal y como se practica, "viola las leyes del Corán" y es además "improductiva" e incluso perjudicial para la causa. Por eso urge parar la yihad y acabar con los atentados suicidas.
Osama Bin Laden, jefe de Al Qaeda, debería, opina, ser juzgado por un tribunal islámico por haber "traicionado" al mulá Omar, líder de los talibanes, y "perder" Afganistán.
El que escribe esta diatriba contra la cúpula de Al Qaeda tiene un amplio pedigrí islamista. El Doctor Fadl, egipcio y médico de profesión, fundó el grupo Yihad Islámica y su libro El principal pilar para la preparación de la yihad es el catecismo de Al Qaeda. Fue además el mentor de Ayman al Zawahiri, su compatriota y actual número dos de la organización terrorista de Bin Laden.
Huyó a Yemen tras el asesinato, en 1981 en El Cairo, del presidente Anuar el Sadat y allí fue detenido, a finales de 2001, en una operación conjunta de la CIA y de la policía yemení. En 2004 fue extraditado a Egipto.
Desde la celda de la cárcel de Turrah, al sur de El Cairo, donde cumple una condena a cadena perpetua, el Doctor Fadl ha plasmado sus nuevas ideas en un opúsculo de 111 páginas titulado Revisiones: documentos sobre la racionalización del yihad en Egipto y en el mundo. Dos diarios, el kuwaití Al Jerida y el egipcio Masri Al Yaoum, lo han publicado por capítulos.
El ensayo del Doctor Fadl ha hecho mella entre los devotos del radicalismo islámico, que polemizan sobre él, y ha llamado la atención de algunos responsables estadounidenses. "Ha puesto a Al Qaeda en una situación muy delicada", argumenta Mike Doran, secretario de Defensa adjunto.
El golpe ha sido lo suficientemente certero como para que el propio Al Zawahiri, de 56 años, se viera obligado a salir al paso de la embestida del que fue su preceptor pese a su escasa diferencia de edad. Lo hizo nada menos que en un libro recién publicado de 358 páginas, descargable en Internet, y titulado Absolución. El número dos de Al Qaeda replica, por un lado, descalificando al Doctor Fadl. Su opúsculo "no ha sido sólo escrito bajo la tortura y el miedo que imperan en las cárceles, sino bajo la dirección de los cruzados y de los judíos". Refleja "la voluntad de los servicios secretos árabes y también de la CIA".
Zawahiri recurre incluso al humor negro para arremeter contra su mentor al que no llama nunca por su nombre. Le pregunta desde cuándo en las celdas egipcias hay faxes que permiten enviar textos a los periódicos y si éstos funcionan con la misma corriente que los instrumentos de tortura que sirven para administrar descargas a los presos durante los interrogatorios.
Junto al sarcasmo, Zawahiri responde con argumentos de más peso. "Si pretendes decir que esas operaciones [kamikazes del 11-S] no son legales, entonces deberías opinar lo mismo de las operaciones efectuadas en Palestina", le rebate. "Los muyahidin han hecho fracasar la estrategia de EE UU y, sin embargo, ahora se convierten en blanco de estas Revisiones", se lamenta.
Los exégetas de Egipto, el país donde la polémica sobre la yihad ha tenido mayor repercusión, están divididos sobre el impacto a medio plazo de la obra del Doctor Fadl.
"Las revisiones contenidas en este documento constituyen una iniciativa sin precedentes y el mayor desafío a las posiciones adoptadas por Al Qaeda", sostiene Diya Rashwan, un erudito en movimientos islámicos, en el diario egipcio Al Ahram.
"Esta convulsión ideológica hubiese sido más creíble si se hubiera producido fuera de los muros de una cárcel, bajo el cielo de la libertad", opina en cambio Salameh Ahmad Salameh, columnista del oficialista Al Ahram, propiedad del Estado egipcio.